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Trump compra bonos de SpaceX y acciones tecnológicas antes de impulsar desregulación

Apenas dos días antes de impulsar una iniciativa para reducir las trabas regulatorias al transporte espacial comercial, el presidente Donald Trump compró en agosto hasta US$ 5 millones en bonos emitidos por SpaceX, un importante contratista del Gobierno federal dirigido por Elon Musk, según declaraciones financieras divulgadas este jueves.

Trump compra bonos de SpaceX y acciones tecnológicas antes de impulsar desregulación

La divulgación de declaraciones financieras este jueves ha puesto nuevamente en el centro del debate público las actividades económicas del presidente Donald Trump. Según los documentos publicados, el mandatario realizó una inversión de hasta 5 millones de dólares en bonos emitidos por SpaceX, la compañía de transporte espacial dirigida por Elon Musk y uno de los contratistas más relevantes del Gobierno federal. Este movimiento financiero ocurrió apenas dos días antes de que el presidente impulsara una iniciativa gubernamental diseñada para reducir las trabas regulatorias que afectan al transporte espacial comercial.

La adquisición de los bonos de SpaceX no fue un hecho aislado, sino que formó parte de un volumen considerable de actividad financiera. Durante el mes de agosto, Donald Trump llevó a cabo un total de 517 transacciones. Este flujo de inversiones ha reactivado las preocupaciones sobre posibles conflictos de intereses que han acompañado su gestión presidencial, especialmente dada la relación entre sus activos personales y las empresas que se benefician de las políticas estatales.

Además de su apuesta por SpaceX, los documentos revelan que el presidente realizó compras significativas en otras gigantes tecnológicas. Trump adquirió acciones de Meta por un valor de hasta 25 millones de dólares, así como acciones de Microsoft por hasta 6 millones de dólares. Asimismo, los registros indican la compra de una cantidad menor de acciones de la empresa Oracle.

El momento de estas transacciones ha sido objeto de análisis, ya que se produjeron semanas antes de que Trump convocara a una cumbre en la Casa Blanca. En dicho encuentro participaron Elon Musk, el CEO de Meta, Mark Zuckerberg, y diversos líderes del sector de la inteligencia artificial. Durante este proceso, el presidente se manifestó firmemente en contra de las propuestas que sugerían endurecer las regulaciones para mitigar riesgos de seguridad, optando en su lugar por un enfoque regulatorio menos estricto.

Ante estos hechos, Richard Painter, quien se desempeñó como principal abogado de ética durante la administración de George W. Bush y es actualmente profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Minnesota, señaló que existe un conflicto de intereses. Painter afirmó que, aunque no sostiene que se esté cometiendo un acto ilegal, la situación proyecta una apariencia de corrupción. El experto subrayó un vacío legal crítico: el presidente, el vicepresidente y los miembros del Congreso no están sujetos a las leyes federales que regulan los conflictos de intereses.

Por su parte, la Casa Blanca ha salido en defensa del mandatario, sosteniendo que Trump no tuvo una participación personal en estas transacciones. Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, explicó mediante un comunicado a CNN que la cartera de bonos y acciones del presidente es administrada de forma independiente por instituciones financieras externas. Según Ingle, todos los activos se encuentran en cuentas discrecionales e inversiones basadas en carteras modelo computarizadas que replican índices reconocidos, citando específicamente el Schwab 1000.

El portavoz añadió que ni el presidente ni ningún miembro de su familia posee la capacidad de influir, dirigir o realizar aportes sobre la gestión de la cartera, ni sobre el momento exacto de compra o venta de las inversiones. Bajo esta premisa, la administración afirma que todas las decisiones recaen exclusivamente en administradores independientes, descartando así la existencia de conflictos de intereses.

A pesar de estas declaraciones, la cronología de las operaciones resulta llamativa. Los documentos detallan que el 18 de agosto, Trump compró bonos senior sin garantía de SpaceX, con un valor situado entre 1.000.001 y 5 millones de dólares. Dichos bonos tienen un vencimiento programado para julio de 2031 y una tasa de interés del 5,35%.

Apenas dos días después de esta compra, el 20 de agosto, la Casa Blanca anunció la firma de un memorando presidencial de seguridad nacional. El objetivo de este documento es acelerar lo que el presidente denomina la “edad de oro” del transporte espacial en Estados Unidos. SpaceX es una de las entidades que podría beneficiarse directamente de esta nueva política, la cual busca facilitar más de 1.000 lanzamientos y reingresos anuales en territorio estadounidense para el año 2030, agilizando los permisos y las revisiones ambientales.

La controversia ha generado reacciones contundentes en el ámbito legislativo. La senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, calificó la situación como corrupción lisa y llanamente, afirmando que el presidente está utilizando su cargo para enriquecerse en lugar de enfocarse en reducir los costos de alimentos y gasolina para la población. Warren aprovechó la ocasión para insistir en que el Congreso debería haber prohibido hace tiempo que el presidente y los miembros del legislativo posean y negocien acciones.

Finalmente, al ser consultado sobre cómo habría asesorado a George W. Bush en una situación similar involving la compra de títulos de un contratista federal, Richard Painter fue tajante al responder que le habría aconsejado no comprar los bonos bajo ninguna circunstancia.

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