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La Fed define el rumbo de las tasas: Alerta por posible suba y su impacto en la deuda argentina

Este miércoles termina la reunión de la Fed y hay expectativa en los mercados globales por el anuncio sobre el rumbo de los rendimientos. El efecto sobre las variables financieras locales.

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La Fed define el rumbo de las tasas: Alerta por posible suba y su impacto en la deuda argentina
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La Reserva Federal de Estados Unidos se prepara para subir las tasas de interés en 0,25 puntos, lo que marcaría el primer incremento desde julio de 2023. Esta decisión, impulsada por la subida de los precios del petróleo y la inflación, cuenta con el respaldo del nuevo titular Kevin Warsh, quien parece priorizar la estabilidad monetaria sobre los deseos de reducción del presidente Donald Trump. El mercado ya ha reaccionado con un aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro, que superaron el 5 por ciento. Esta tendencia hacia el alza genera un clima global de aversión al riesgo que impacta directamente en los activos de países emergentes, elevando la incertidumbre sobre futuras subas en diciembre y los años siguientes. Para Argentina, este escenario es crítico ya que dispara el riesgo país y encarece la deuda soberana. La volatilidad externa dificulta que el Gobierno acceda a los mercados internacionales, obligando al equipo económico a postergar la refinanciación de sus compromisos financieros programados para 2027.

La Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos llega al cierre de su reunión de dos días, un encuentro clave que definirá la hoja de ruta de la política monetaria no solo para la economía estadounidense, sino para el sistema financiero global. El organismo se encuentra en un momento de alta complejidad, operando en un marco de creciente incertidumbre geopolítica y bajo la influencia de la transformación estructural impulsada por la revolución de la inteligencia artificial.

De acuerdo con las encuestas realizadas entre los participantes del mercado, la expectativa predominante es que la Fed implemente un incremento de 0,25 puntos porcentuales en la tasa de interés. De concretarse esta medida, el rango de tasas pasaría del actual 3,5%-3,75% a un nuevo intervalo situado entre el 3,75% y el 4%. Esta decisión representaría un giro significativo, ya que marcaría la primera suba de tasas desde julio de 2023.

En el centro de esta decisión se encuentra Kevin Warsh, el nuevo titular de la Fed nominado por Donald Trump. A pesar de que el mandatario estadounidense había manifestado su deseo de que se redujeran los intereses, Warsh parece inclinarse hacia una dirección opuesta. El nuevo presidente tiene mayores probabilidades de convalidar este aumento, alejándose de las pretensiones de baja del Ejecutivo.

El detonante de este escenario ha sido, en gran medida, la situación energética. Según el análisis de la consultora Outlier, el ascenso en los precios del petróleo ha intensificado las preocupaciones sobre la inflación en los días previos a la reunión. Este factor ha sido determinante para incrementar las probabilidades de que la Fed opte por el alza de las tasas como mecanismo para contener la escalada de precios.

La confianza del mercado en este resultado es elevada. Los futuros de tasa ya reflejan una probabilidad implícita superior al 90% de que este miércoles se produzca un incremento de al menos 25 puntos porcentuales. Pero la tendencia no parece detenerse allí; el mercado asigna una probabilidad de casi el 80% a que se produzca otra suba de similar magnitud en el mes de diciembre. Asimismo, las proyecciones a largo plazo sugieren que para el año 2027 se podrían esperar dos incrementos adicionales.

Desde la perspectiva de la consultora Outlier, la presión sobre Warsh es considerable. En caso de que decida no subir la tasa al finalizar la reunión, el titular de la Fed se vería obligado a brindar una guía detallada o una explicación exhaustiva que justifique tal decisión, con el objetivo de minimizar el ruido reputacional que esto podría generar. Este punto es crítico, ya que Warsh ha expresado desde su primera conferencia presidencial su intención de cambiar la dinámica de comunicación del organismo. Su objetivo es que la Fed hable menos sobre sus planes y sus justificaciones, y que, en cambio, se enfoque más en la ejecución de sus acciones.

El mercado ya ha comenzado a reaccionar incluso antes de la confirmación oficial. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos han empezado a operar con rendimientos más elevados. Específicamente, los títulos a 10 años superaron el umbral del 5% por primera vez desde 2023, anticipándose a la decisión final del organismo monetario.

Este movimiento en los Treasuries tiene consecuencias directas y sensibles sobre las variables financieras de Argentina. El incremento en los rendimientos de los bonos estadounidenses provoca automáticamente una suba del riesgo país y fomenta un desarme de posiciones en los títulos de países emergentes. El indicador elaborado por JP Morgan, que mide precisamente la brecha entre los rendimientos de Estados Unidos y los del resto de las naciones, ya ha mostrado señales de deterioro. En los primeros dos días de la semana, este índice subió unos 20 escalones, volviendo a superar la barrera de los 500 puntos.

Al respecto, la casa de Bolsa PPI explicó que el escenario de tasas al alza, combinado con un petróleo más costoso, profundiza un clima global de "risk-off". Este sentimiento de aversión al riesgo surge del temor a una inflación más elevada y persistente, lo que golpea con especial dureza a los activos de mayor riesgo, como son los bonos soberanos de alto beta, categoría en la cual se encuentra la deuda argentina.

No obstante, PPI reconoció que no todo depende del exterior, ya que los factores internos también influyen en la valuación de los activos locales. Para las próximas jornadas, la decisión de la Fed será el evento central. Con los Treasuries cerca de sus máximos y una alta probabilidad de suba de tasas, la incertidumbre radica en cuánto de este deterioro global se trasladará efectivamente a los créditos emergentes y, puntualmente, a los bonos Globales argentinos.

En este contexto de mayor volatilidad y con el riesgo país en ascenso, el panorama para el Gobierno argentino se vuelve más complejo. Bajo estas condiciones, resulta difícil que el país pueda salir al mercado de deuda internacional para refinanciar sus vencimientos. En consecuencia, el equipo económico deberá continuar aguardando la aparición de una ventana de oportunidad favorable que permita dar una solución de mercado a los compromisos financieros programados para el año 2027.

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