El escenario económico argentino, marcado por la volatilidad y la búsqueda constante de refugio en las divisas, ha sido objeto de un exhaustivo análisis por parte de los economistas Salvador Di Stefano y Juan Carlos De Pablo. Ambos especialistas trazaron un mapa detallado sobre el funcionamiento del mercado cambiario, la rentabilidad real de la moneda estadounidense y los desafíos estructurales que el país deberá enfrentar en el horizonte temporal que se extiende hasta el año 2027.
En primera instancia, Salvador Di Stefano presentó una visión contundente sobre la conveniencia de adquirir moneda extranjera en el contexto actual. Según el analista, comprar dólares se ha transformado en un "pésimo negocio" debido al nuevo marco fiscal implementado. Para respaldar esta afirmación, Di Stefano recurrió a datos concretos sobre el dólar MEP, señalando que mientras hace un año la cotización se situaba en los $1.488, en la actualidad se encuentra en $1.531. Este incremento representa una suba de apenas el 3%, cifra que palidece frente a una inflación del 36% registrada en el mismo periodo.
Desde la perspectiva de Di Stefano, este cambio de tendencia, que sugiere pasar de una postura de compra a una de venta de dólares, es el resultado directo del viraje en el régimen macroeconómico iniciado por la gestión de Javier Milei. El economista sostiene que la eliminación del déficit fiscal ha logrado cortar la inercia devaluatoria que caracterizó a administraciones anteriores, las cuales recurrían habitualmente a la emisión monetaria o al endeudamiento para financiar el gasto público. Al sostener el superávit fiscal, el Estado remueve la necesidad de financiamiento, alterando la lógica de inversión tradicional.
Mirando hacia el futuro, Di Stefano proyectó que Argentina se encamina a alcanzar un récord histórico en sus exportaciones de recursos naturales y productos agrícolas, superando la barrera de los 100.000 millones de dólares para finales de 2026. Esta entrada masiva de divisas, según el especialista, garantizaría un flujo sólido hacia el mercado local, permitiendo financiar holgadamente las necesidades del país, incluyendo la acumulación de reservas y la cancelación de deuda. Ante la posibilidad de que este fenómeno genere desequilibrios, Di Stefano rechazó la idea de que Argentina enfrente un riesgo real de "enfermedad holandesa", argumentando que la liquidez será absorbida por las obligaciones pendientes sin alterar el equilibrio del mercado. Asimismo, reconoció que la preferencia de la población por el dólar sobre el peso seguirá vigente, prediciendo que habrá más depósitos en moneda extranjera en el futuro.
Por otro lado, Juan Carlos De Pablo aportó una mirada más cautelosa y advirtió que la actual calma en el mercado cambiario debe ser interpretada con recaudo. Para De Pablo, se trata de un fenómeno nuevo cuya permanencia es incierta, sugiriendo que sería imprudente tomar decisiones basadas únicamente en la estabilidad presente. El economista puso especial énfasis en el riesgo de la denominada "enfermedad holandesa", tanto en su dimensión comercial como financiera.
Para explicar este concepto, De Pablo recordó el caso de los Países Bajos en la década de 1960, cuando el descubrimiento de gas en el Mar del Norte impulsó las exportaciones y provocó una caída en el tipo de cambio, lo que derivó en un proceso de desindustrialización y el cierre de diversas industrias locales. En este sentido, alertó que la situación argentina requiere soluciones que trasciendan la política cambiaria, haciendo hincapié en la necesidad de revisar la estructura de costos internos, el sistema impositivo, las regulaciones y el marco de los juicios legales.
Finalmente, De Pablo analizó el panorama político y electoral. El economista fue tajante al señalar que las campañas electorales suelen carecer de racionalidad y basarse en eslóganes. Aunque considera improbable que un candidato futuro promueva el regreso al déficit fiscal explícitamente, advirtió sobre la dificultad que enfrentará cualquier mandatario al asumir la responsabilidad real del gobierno. Según De Pablo, llegará un momento en que el presidente, tras los actos protocolares, se encontrará con el "cementerio" dejado por la gestión anterior y deberá resolver, en la práctica, los complejos problemas de la política económica.


