El Gobierno nacional envió este martes al Congreso el proyecto de presupuesto para el año 2027, un documento que traza la hoja de ruta económica para el cierre de la actual gestión. La pieza presupuestaria plantea metas ambiciosas, destacando un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del 4% anual, un tipo de cambio mayorista proyectado en $1847,6 para diciembre y una inflación interanual del 18% para el mismo período.
Tras el análisis de diversas voces del sector económico, el consenso general define el escenario como “muy optimista”. No obstante, los especialistas coinciden en resaltar un punto fundamental y valorado positivamente: el compromiso explícito del Ejecutivo con el mantenimiento del equilibrio fiscal.
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es la proyección de superávit. Milagros Gismondi, economista jefe de la consultora Invecq, señaló que, de cumplirse lo previsto, Argentina alcanzaría un cuarto año consecutivo de superávit primario y financiero en 2027, una situación que calificó como casi inédita en la historia del país. Gismondi precisó que, aunque el superávit primario para 2026 fue ajustado a la baja —pasando del 1,5% del PBI previsto en el Presupuesto 2026 al 1,3% en este nuevo documento—, el superávit financiero se mantendría estable en un 0,2% del PBI.
Sin embargo, la economista de Invecq advirtió que las metas de actividad económica son exigentes. Para 2026, el Gobierno prevé un crecimiento del 3%, con un 1,9% en el primer semestre, mientras que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) estima un 2,1%. Respecto a 2027, Gismondi analizó que un crecimiento del 4% junto a una inflación del 18% y un tipo de cambio que aumentaría un 15,5% punta a punta implicaría que el peso continúe apreciándose en términos reales. A pesar de esto, aclaró que este optimismo es más moderado que el presentado en el presupuesto anterior.
En sintonía con esta mirada, Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier, consideró que las proyecciones siguen la línea de optimismo de años previos. Caamaño puso especial énfasis en el calendario político, advirtiendo que 2027 será un año electoral, lo que hace que proyectar un crecimiento del 4% y una reducción de la inflación en 10 puntos porcentuales, mientras se acelera la actividad, resulte una meta optimista.
Por su parte, Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, subrayó que lo más relevante es la voluntad de mantener las cuentas en orden, aunque puso en duda la sostenibilidad del equilibrio debido al fuerte aumento estimado de los recursos tributarios. Tiscornia consideró que el crecimiento del 3% para este año es difícil de alcanzar según los datos actuales y que, aunque haya una recuperación, llegar al 4% en 2027 es una estimación fuerte. Sobre la inflación, estimó que podría ubicarse más cerca del 20% que del 18%, advirtiendo que cualquier disparo del tipo de cambio por cuestiones electorales complicaría el escenario.
Desde la consultora Empiria, Lucas Tettamanti también destacó el compromiso con el superávit fiscal, observando que el Gobierno planea terminar el año actual con un 1,5% de superávit primario para luego proyectar un 1,3% en 2027. Tettamanti notó una moderación en las expectativas comparando con el año pasado, cuando se esperaba un crecimiento del 5% para 2026 y 2027. En cuanto al gasto, señaló que el documento oficial indica una concentración en asistencia social, específicamente en jubilaciones y AUH indexadas por inflación, sin prever ajustes en subsidios (estimados en 0,8% del PBI para 2027) ni aumentos en la obra pública.
Diego Piccardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, mostró una postura más favorable respecto a la inflación y el dólar. Para Piccardo, alcanzar un 18% anual —que implica una suba mensual promedio del 1,4%— no es un escenario descabellado, citando que en agosto la inflación fue del 1,7%. Aunque su propia proyección se sitúa en el 21% anual, considera que el nivel del tipo de cambio previsto es alcanzable, ya que el Gobierno ha fortalecido su capacidad de respuesta ante la volatilidad electoral.
Finalmente, Sebastián Menescaldi, de la consultora EcoGo, presentó proyecciones más conservadoras, estimando un crecimiento cercano al 2,2%, una inflación promedio del 25% (con picos del 28%) y un tipo de cambio en torno a los $1894. Si bien no considera que las previsiones oficiales estén mal, Menescaldi manifestó su preocupación por el rubro de intereses, sugiriendo que el Estado deberá pagar más en concepto de intereses de lo que arroja la estimación oficial.


