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18 años del colapso de Lehman Brothers: del crédito fácil a la era de la hiperregulación bancaria

A 18 años de la quiebra de Lehman Brothers se han endurecido los requisitos de acceso al crédito para los clientes y los bancos se quejan de la hiperregulación.

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18 años del colapso de Lehman Brothers: del crédito fácil a la era de la hiperregulación bancaria
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A dieciocho años de la caída de Lehman Brothers, el sistema financiero ha pasado de la era del crédito fácil y las hipotecas subprime a un modelo de prudencia extrema. Aquella crisis, que devastó la economía global y golpeó con dureza a España, obligó a una transformación radical en la supervisión bancaria para evitar que se repitieran los rescates con dinero público. Hoy, normativas como Basilea III y la supervisión del Banco Central Europeo han creado entidades mucho más solventes y resistentes. Sin embargo, esta seguridad tiene un coste directo para el ciudadano: solicitar una hipoteca ahora exige ahorros previos elevados y perfiles financieros impecables, convirtiendo el acceso a la vivienda en un proceso mucho más selectivo y burocrático. Aunque la prioridad absoluta es garantizar la estabilidad para evitar un nuevo colapso, expertos advierten que la hiperregulación podría frenar la competitividad y el crecimiento económico. El resultado es un sistema blindado donde la seguridad financiera prima sobre la facilidad de financiación para el consumidor común.

Hace 18 años, las imágenes de los empleados del gigante financiero estadounidense Lehman Brothers abandonando sus oficinas con sus pertenencias en cajas dieron la vuelta al mundo. Lo que en aquel momento se percibió como la quiebra de una multinacional de prestigio, terminó desencadenando un efecto dominó que sacudió el sistema bancario global y devastó la economía familiar de millones de personas.

El origen de la crisis radicó en la inversión masiva de Lehman Brothers en activos respaldados por hipotecas subprime, otorgadas a perfiles con alta probabilidad de impago, en medio de una burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Cuando los precios de la vivienda comenzaron a caer a partir de 2007, el valor de estos activos se desplomó. La decisión del Gobierno estadounidense y la Reserva Federal de no otorgar ayudas públicas para salvar la entidad precipitó su caída, congelando el crédito internacional y provocando una profunda recesión global marcada por la pérdida masiva de empleos y hogares.

En España, el impacto fue especialmente severo. Laura Martínez, portavoz de IAhorro, explica que el crédito se concedía con excesiva facilidad y que la gran mayoría de los hipotecados tenían tipos variables. Al dispararse las cuotas, una parte considerable de la población enfrentó graves dificultades para pagar, perdiendo casas y coches. En aquel entonces, era habitual que los bancos otorgaran hipotecas al 100% sin criterios estrictos, financiando no solo la vivienda, sino también la reforma y el vehículo, facilitando el acceso a bienes de lujo para la clase media.

Hoy, el escenario es radicalmente opuesto. Para 2026, solicitar un préstamo o una hipoteca exige demostrar ingresos estables, ahorros previos y un nivel de endeudamiento muy bajo. El caso de Gabriel, un funcionario de 37 años residente en Madrid, ejemplifica esta nueva realidad. A pesar de tener un sueldo cercano a los 3.000 euros y solicitar un préstamo de 110.000 euros para una vivienda de 295.000 euros, se ha encontrado con trabas significativas. El banco le ha exigido que su padre actúe como hipotecante no deudor, una figura similar al avalista, reflejando una tendencia de las entidades a preferir perfiles de pareja frente a compradores individuales.

Ante esta situación, desde IAhorro sugieren buscar opciones en entidades más pequeñas o cajas, ya que los grandes bancos suelen imponer los requisitos más estrictos debido a las normativas vigentes. Tras la crisis de 2008, Europa transformó el control bancario mediante Basilea III y la creación de la Unión Bancaria. El Banco Central Europeo (BCE) supervisa ahora a más de 110 grandes bancos a través de test de estrés para asegurar su solvencia. Asimismo, la Junta Única de Resolución (JUR) permite reorganizar o cerrar entidades en riesgo utilizando fondos pagados por los propios bancos, evitando el uso de dinero público.

Por otro lado, se ha trabajado en el Sistema Europeo de Garantía de Depósitos (EDIS) para garantizar ahorros hasta 100.000 euros en cualquier banco de la eurozona, aunque esta fórmula sigue sin completarse, manteniendo la protección bajo sistemas nacionales. Basilea III, específicamente, obliga a los bancos a mantener mayores reservas de capital propio y activos líquidos para resistir periodos de pánico financiero de hasta 30 días.

La Asociación Española de Banca (AEB) sostiene que estos cambios han creado entidades más resistentes y monitoreadas. Sin embargo, advierten sobre un "tsunami" de hiperregulación con normas que a veces se solapan, lo que podría frenar la competitividad europea. Esta visión es compartida por Álvaro Benzo, de PwC, quien señala que el enfoque exclusivo en evitar crisis puede limitar el crecimiento económico y la financiación de la economía real.

En el ámbito del consumidor, la Ley Hipotecaria de 2019 ha introducido la acta de transparencia, obligando a los notarios a garantizar que el cliente comprende el producto que firma y prohibiendo las cláusulas suelo. No obstante, Manuel Pardo, presidente de ADICAE, critica que estas normas a veces se utilicen para mejorar el negocio bancario, citando la proliferación de productos vinculados y tipos fijos elevados.

El resultado final es un sistema donde la estabilidad financiera es la prioridad absoluta para evitar que se repita la tragedia de 2008, aunque ello implique un proceso de concesión de crédito mucho más selectivo, burocrático y complejo para el ciudadano común.

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