La crisis económica que atraviesa Cuba ha alcanzado niveles críticos que se manifiestan no solo en las estadísticas, sino en la supervivencia diaria de sus ciudadanos. En el centro de La Habana, la realidad se resume en la figura de Manuel Sánchez Angeira, un hombre de 50 años que ha tenido que recurrir a la recolección de desperdicios para poder alimentarse. Sánchez Angeira, en una entrevista concedida a la Agencia France Press (AFP), relató cómo se detiene en las aceras para recoger granos de maíz provenientes de paquetes reventados, confesando que esa es su principal fuente de sustento.
"De esto vivimos, hermano: del piso, del piso", expresó Sánchez Angeira, quien puso de relieve la abismal brecha entre los ingresos ciudadanos y el costo de la canasta básica. El testimonio del hombre evidencia una situación desesperada: mientras que un pensionado puede percibir una mensualidad de 1.500 pesos, un simple cartón de huevos puede alcanzar un precio de 5.000 pesos. Ante este escenario, el ciudadano se cuestiona si el gobierno es consciente de la situación o si ha decidido abandonar al pueblo a su suerte.
Esta precariedad individual se refleja en una disputa de cifras económicas. Según estimaciones del economista Steve Hanke, la inflación interanual en Cuba habría alcanzado aproximadamente el 72 % en julio de 2026. Esta cifra contrasta drásticamente con los datos reportados oficialmente por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), que para el mismo período situó la inflación en un 20,70 %, una cifra casi tres veces y media inferior a la estimación de Hanke.
Mientras que los datos gubernamentales indican un incremento mensual del 2,56 % y un acumulado del 15,12 % desde enero —impulsado principalmente por el costo de los alimentos—, Hanke sostiene que las estadísticas oficiales subestiman la realidad del mercado. Según el economista, el impacto es mucho más agresivo en el sector informal, donde la escasez de productos básicos y la crisis energética han disparado los precios de manera descontrolada.
Esta percepción es compartida por otros observadores. El periodista independiente y abogado Hildebrando Chaviano, en entrevista con el programa "Las noticias como son", afirmó que la inflación es un fenómeno perceptible diariamente y a cada instante. En la misma línea, el periodista y exprofesor universitario José Luis Tan Estrada, a través de Radio Martí, detalló el imparable aumento en los precios de medicamentos y alimentos esenciales en la isla.
Tan Estrada señaló casos específicos de productos básicos cuyo costo se ha triplicado. Mencionó que un paquete de pollo de 4 o 5 libras, que anteriormente se cotizaba en 2.000 pesos, ha subido hasta alcanzar los 6.000 pesos. Asimismo, indicó que el precio del arroz y otros recursos básicos experimentan incrementos constantes. Incluso productos sencillos, como un jugo o un batido, han visto sus precios subir diariamente, independientemente de que el valor del dólar fluctúe o que las remesas disminuyan. Para Tan Estrada, estos incrementos demuestran que la inflación interna ha superado cualquier indicador externo.
Otro punto crítico analizado por Tan Estrada es la gestión del Estado frente al sector privado. El experto señaló que el régimen cubano ha centrado su fiscalización en los negocios privados, ignorando las tiendas estatales que operan en dólares (USD). En estos establecimientos públicos, los precios son sumamente elevados —citando como ejemplo un portaminas que cuesta un dólar— y se han encontrado productos vencidos o en mal estado.
El periodista advirtió que, al ejercer presión regulatoria únicamente sobre el sector privado mientras las tiendas estatales mantienen precios altos, el resultado es que el sector privado termina trasladando esa presión a la población, elevando aún más los precios al consumidor final.
Finalmente, la crudeza de estas cifras y análisis técnicos se resume nuevamente en la experiencia de Manuel Sánchez Angeira en las calles de La Habana. Para él, los pronósticos de economistas y expertos quedan opacados por la necesidad inmediata de comer. El ciudadano concluyó que prefiere rebuscar entre la basura para poder sobrevivir, evitando así molestar a terceros o verse obligado a cometer delitos para subsistir.





