El presidente Donald Trump ha concluido su temporada de elecciones intermedias con una intensa gira por los estados más republicanos de Estados Unidos, marcando un giro inesperado en su comunicación. En lugar de priorizar el rumbo del país o el costo de vida, el mensaje del mandatario se ha centrado predominantemente en su propia figura, solicitando a los votantes que actúen como si él mismo estuviera en la boleta electoral, a pesar de su actual nivel de impopularidad.
Esta serie de eventos, que algunos han interpretado como una suerte de gira de despedida, ha llevado a Trump a estados que recientemente no se consideraban competitivos. En privado, el presidente ha sugerido que estos mítines podrían ser los últimos en los que él actúe como el principal abanderado del Partido Republicano. A través de un recorrido realizado por CNN, reporteros en el terreno han documentado la dinámica de estos actos en múltiples estados.
En Kansas, la periodista Betsy Klein observó un cambio significativo en la composición del público. A diferencia de 2015, donde los asistentes eran más bipartidistas y curiosos, el público actual está compuesto mayoritariamente por partidarios fervientes del movimiento MAGA. No obstante, persistieron voces disidentes; en Park City, algunos votantes manifestaron que la economía es su principal preocupación, llegando incluso a decidir su voto por el candidato demócrata Adam Hamilton tras asistir al mitin.
Por otro lado, en Carolina del Sur, la reportera Alayna Treene registró un ambiente más tenso en la Universidad de Clemson. El evento estuvo marcado por constantes interrupciones de manifestantes que calificaron al presidente de "criminal" y "traidor". Trump respondió a estas situaciones con humor, bromeando sobre la sincronización de los abucheos con los remates de sus chistes y calificando a los manifestantes como "perdedores".
En Florida, Adam Cancryn destacó que el presidente dedicó gran parte de su tiempo a instar a la multitud a votar por otros candidatos republicanos, sugiriendo que algunas contiendas estaban más reñidas de lo que parecía. Trump presentó el acto electoral como una prueba de lealtad personal, minimizando temas como la guerra con Irán o el aumento de los precios de la gasolina.
En Georgia, Rafael Romo reportó una desconexión evidente entre el discurso presidencial y la realidad económica. Trump afirmó que Estados Unidos gana billones de dólares con el petróleo, admitiendo que sus asesores le habían pedido no mencionar este tema debido a los altos precios en las gasolineras. Pese a la advertencia, el presidente insistió en resaltar las ganancias económicas, provocando incredulidad en algunos sectores del público.
La gira también estuvo marcada por contrastes personales y comentarios fuera de lugar. En Míchigan, Arlette Saenz señaló que Trump comparó su asistencia con la de un evento previo de Barack Obama, asegurando que el expresidente tuvo poca concurrencia. Durante este acto, el mandatario lanzó ataques contra el candidato demócrata Abdul El-Sayed y realizó comentarios inapropiados sobre el físico de diversas personas, incluyendo al senador republicano Jon Husted y a la rapera Nicki Minaj.
En Mississippi, Kevin Liptak documentó la irritación de Trump ante las críticas de Obama sobre su gusto por el diseño arquitectónico, comparándolo con el de Saddam Hussein. El presidente se extendió en detalles sobre las renovaciones de la Casa Blanca, como el yeso del Pórtico Norte y el helipuerto, temas que no fueron recibidos con entusiasmo por la audiencia y que provocaron insultos por parte de algunos manifestantes.
En Texas, Arlette Saenz y Ed Lavendera informaron que Trump prometió cheques de 5.000 dólares para los ciudadanos si los republicanos recuperan el control del Congreso. Además, bromeó sugiriendo que los votantes gastaran ese dinero en Mar-a-Lago, aunque añadió que probablemente solo podrían costear una hamburguesa y un postre debido a los precios del lugar.
La tensión interna del Partido Republicano quedó en evidencia en Ohio e Iowa. Trump defendió un polémico anuncio de la campaña de Vivek Ramaswamy que utiliza la imagen de la madre de la candidata demócrata Amy Acton. A pesar de que la congresista republicana Ashley Hinson calificó el anuncio de "ridículo" y pidió su retiro, Trump respaldó la pieza publicitaria, poniendo a candidatos vulnerables en una posición incómoda.
Finalmente, en una última parada en Carolina del Sur, Trump mostró una obsesión con las encuestas, calificándolas de "falsas" y "mentiras", especialmente aquellas que sitúan su aprobación en el 34%. El presidente cerró su actividad electoral manifestando un agotamiento físico considerable, afirmando que su voz funcionaba solo al "49,2%" tras veintiocho días consecutivos de campaña, aunque terminó reafirmando su compromiso de visitar Iowa y Kansas antes del cierre definitivo.






