Brasil se encamina a una jornada electoral decisiva este domingo, con una segunda vuelta que enfrenta dos proyectos de país diametralmente opuestos. El actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador de la oposición, Flávio Bolsonaro, cerraron sus campañas este sábado mediante movilizaciones masivas en los distritos más importantes del territorio, buscando captar los últimos votos en una elección que se perfila como una de las más reñidas en la historia del país.
Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores (PT), concentró sus esfuerzos en los grandes centros urbanos. Durante la mañana, el mandatario encabezó una "marea roja" que ocupó la playa de Copacabana en Río de Janeiro, donde expresó su seguridad sobre el resultado, afirmando a la prensa que puede anotarse que será elegido presidente una vez más. Posteriormente, se trasladó a San Pablo para finalizar su recorrido con un acto multitudinario en la Avenida Paulista. En sus intervenciones finales, el líder progresista arremetió contra su rival, calificando a Flávio Bolsonaro como "mentiroso", "miliciano" y "no calificado", asegurando que carece de las condiciones morales y éticas para ocupar la Presidencia de la República.
Por su parte, el senador Flávio Bolsonaro, representante del Partido Liberal (PL), optó por una estrategia que emuló los recorridos de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. El candidato de derecha inició su jornada con un paseo en moto por Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, un estado considerado bisagra y fundamental para el resultado final. Flávio recordó la tradición política que sugiere que quien domina San Pablo y Minas Gerais suele ganar la elección nacional, aludiendo a sus resultados en la primera vuelta. Posteriormente, marchó por Río de Janeiro, culminando el acto en la residencia donde vivía su padre, quien actualmente se encuentra en prisión domiciliaria en Brasilia tras ser condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado. Flávio ha prometido indultar a su progenitor en caso de resultar victorioso.
La polarización que divide a Brasil lleva más de una década, enfrentando al progresismo de Lula y la ultraderecha de la familia Bolsonaro. El PT ha sido la fuerza mayoritaria de la izquierda desde el fin de la dictadura militar, aunque sufrió un fuerte desgaste debido a casos de corrupción en la petrolera estatal Petrobras durante la administración de Dilma Rousseff, lo que, sumado a una grave recesión económica, permitió el ascenso de Jair Bolsonaro en 2018.
Las encuestas reflejan un escenario de extrema incertidumbre. Sondeos de Datafolha y Quaest sitúan a ambos candidatos dentro del margen de error, con una ligera ventaja para Flávio Bolsonaro, quien registra un 51% frente al 49% de Lula. Cabe recordar que en la primera vuelta el senador obtuvo el 47% de los votos, mientras que el presidente alcanzó el 45%.
Para garantizar la transparencia y seguridad del proceso, se han movilizado 25.000 efectivos de las Fuerzas Armadas, incluyendo la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea. Esta operación tiene como fin asegurar el voto, el conteo y brindar apoyo logístico, especialmente en zonas rurales, ribereñas y territorios indígenas, utilizando aviones, helicópteros y embarcaciones para el traslado de las urnas electrónicas.
El proceso electoral brasileño cuenta con regulaciones específicas: aunque no existe una veda total, está prohibida la propaganda en televisión 48 horas antes de los comicios y, por primera vez, se ha vetado la difusión de imágenes generadas con inteligencia artificial en los tres días previos a la votación. El domingo, los centros de votación estarán abiertos de 08:00 a 17:00 horas para recibir a casi 159 millones de electores.
A nivel internacional, la elección genera gran expectativa. El expresidente chileno, Gabriel Boric, manifestó su apoyo a Lula, destacando su capacidad para generar riqueza y distribuirla justamente. En contraste, el presidente argentino Javier Milei redobló sus críticas hacia el mandatario brasileño, calificándolo de "ladrón y mentiroso". La importancia de este resultado radica en que Brasil es la cuarta democracia más grande del mundo y la mayor economía de Sudamérica; una victoria de Bolsonaro podría fortalecer la influencia de Estados Unidos en la región, mientras que un triunfo de Lula mantendría la cercanía con China y una distancia marcada con Washington.






