Francia atravesó este sábado una jornada de intensas protestas motivadas por el encarecimiento del costo de vida, las cuales derivaron en una ola de violencia marcada por incendios, saqueos y ataques coordinados contra diversas sedes públicas. El escenario más crítico se registró en la ciudad de Limoges, donde el ayuntamiento sufrió daños estructurales severos, mientras que a nivel nacional el primer ministro, Sébastien Lecornu, informó sobre un saldo de 1.200 detenidos.
En Limoges, la situación alcanzó niveles alarmantes cuando un grupo de manifestantes encapuchados incendió un vehículo policial justo frente a la sede municipal. Tras romper las ventanas, los atacantes ingresaron al edificio y provocaron incendios en su interior. Las llamas se propagaron rápidamente, afectando un ala y el techo de la construcción, la cual cuenta con 143 años de antigüedad. A pesar de los esfuerzos de los bomberos por contener el fuego, imágenes difundidas en redes sociales capturaron el colapso de una parte de la cúpula del histórico edificio.
Maurice Barate, el prefecto local, describió la situación como una "catástrofe para el patrimonio", asegurando que el ayuntamiento quedó "prácticamente destruido". Según el funcionario, el tejado se derrumbó sobre las plantas inferiores, dejando intacta únicamente el ala oeste, mientras que dos tercios de la fachada desaparecieron. Barate condenó enérgicamente lo sucedido, calificándolo como un "acto deliberado de vándalos".
La magnitud de la movilización superó drásticamente las estimaciones previas. Mientras que los servicios oficiales calculaban un máximo de 150.000 asistentes hasta el viernes, Laurent Núñez estimó que la participación real fue de 550.000 personas en todo el país. Por su parte, los organizadores de las protestas elevaron la cifra a 800.000 manifestantes.
Ante la gravedad de los hechos, el primer ministro Sébastien Lecornu encabezó durante la noche una célula de crisis junto a diversos ministerios. El objetivo de la reunión fue coordinar la respuesta gubernamental tras los ataques a comercios y edificios públicos, lo que obligó al despliegue de refuerzos policiales en múltiples puntos urbanos.
Durante una conferencia de prensa realizada a las 20:00, Laurent Núñez aclaró que los incidentes violentos no coincidían con el perfil de las movilizaciones estudiantiles recientes, señalando que la "inmensa mayoría" de los detenidos son adultos. Núñez afirmó que la jornada estuvo marcada por la acción de varios miles de alborotadores, identificándolos como grupos de ultraizquierda y delincuentes oportunistas con una "voluntad manifiesta" de atacar instituciones. Entre los objetivos citados se encuentran las prefecturas, los ayuntamientos de Marsella y Limoges, y la oficina de turismo de Lyon, que también fue alcanzada por el fuego.
El ministro vinculó la violencia con organizaciones convocantes y acusó a formaciones de extrema izquierda de realizar "claramente un llamamiento a la revuelta" e "incitaciones a la violencia". En este contexto, Núñez cuestionó directamente al líder de La Francia Insumisa y candidato presidencial, Jean-Luc Mélenchon, quien había tildado de "aberrante" la actuación de las fuerzas de seguridad y acusado al Gobierno de facilitar el caos. Núñez rechazó estas afirmaciones, sosteniendo que, sin la presencia de las fuerzas de seguridad interior, las manifestaciones no habrían sido posibles.
El presidente Emmanuel Macron, a través de sus redes sociales, aseguró que los responsables de los destrozos, saqueos y ataques a prefecturas y ayuntamientos serán "perseguidos y castigados". El mandatario solicitó un "frente unido" contra quienes buscan derribar las instituciones sembrando el caos, y expresó su respaldo a las fuerzas del orden, que habían sido blanco de críticas previas por sus métodos frente a bloqueos estudiantiles.
La violencia se extendió a diversos centros urbanos. Se reportaron saqueos en París, Marsella, Estrasburgo, Ruán, Nantes, Rennes, Toulouse y Valence. En la capital, los ataques se desplazaron hacia barrios fuera del recorrido autorizado, con grupos que intentaron aproximarse al Palacio del Elíseo. Para contener la situación, se desplegó la unidad CRS 8, especializada en violencia urbana. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, describió un escenario desolador, afirmando que hay "calles enteras metódicamente arrasadas", con monumentos deteriorados y comercios saqueados.
El impacto emocional de la jornada quedó reflejado en Limoges, donde cientos de ciudadanos observaron el incendio del ayuntamiento, mientras un empleado municipal era consolado por un concejal local tras romper en llanto. Finalmente, Núñez anunció que, basándose en las imágenes recogidas durante la jornada, se llevarán a cabo nuevas detenciones en los próximos días bajo la supervisión de los fiscales.






