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El viento a favor de Milei: términos de intercambio en máximos históricos y el desafío de las tasas internacionales

Pese al discurso kirchnerista, históricamente el “yuyo” fue peronista, como anticipó el propio Perón en 1973. Lo nuevo es el peso del petróleo y la minería. Qué dicen dos politólogos de Brasil sobre el impacto que precios y tasas tienen en las elecciones latinoamericanas

El viento a favor de Milei: términos de intercambio en máximos históricos y el desafío de las tasas internacionales

El gobierno de Javier Milei se encuentra atravesando un escenario económico externo sumamente favorable, impulsado principalmente por los términos de intercambio, que representan la relación entre el precio de los bienes que un país exporta y aquellos que importa. Según datos analizados por el consultor Miguel Angel Broda y el economista del Banco Mundial, Julián Folgar, Argentina está registrando los mejores términos de intercambio de los últimos 125 años, superando incluso periodos emblemáticos como el boom agroexportador de 1910 y el pico sojero ocurrido en 2011.

Este fenómeno se explica por una combinación de factores. Si bien los precios mundiales de la soja están lejos de los niveles alcanzados en 2022 durante el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, en el mercado local han tocado máximos de los últimos tres años. A este componente se le suma el impacto positivo de los precios del petróleo, potenciados por el fuerte incremento en la producción de Vaca Muerta, y el sector minero, donde el oro se mantiene como el principal mineral de exportación del país por valor total.

Históricamente, la soja ha mantenido un vínculo estrecho con los ciclos políticos del peronismo. Un ejemplo notable se encuentra en una entrevista realizada el 3 de septiembre de 1973 a Juan Domingo Perón, quien ya entonces identificaba a la soja como una herramienta potencial en lo que denominó la “guerra por las proteínas”. En aquella oportunidad, Perón proyectaba metas ambiciosas para el campo argentino, como alcanzar una cosecha anual de 200 millones de toneladas de trigo y un rodeo de 150 millones de vacas, cifras que permanecen inalcanzables en la actualidad.

Sin embargo, la situación actual de Milei presenta una ventaja competitiva superior a la que históricamente gozó el peronismo, ya que no depende únicamente de las commodities agropecuarias, sino que integra la fuerza de la minería y la energía. No obstante, este panorama positivo tiene una contraparte económica inevitable. El incremento en los precios del petróleo y la energía ha presionado al alza la inflación en Estados Unidos, obligando a la Reserva Federal, bajo la dirección de Kevin Warsh, a implementar aumentos en la tasa de política monetaria.

Este ajuste se ha reflejado en un alza significativa de las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense, alcanzando niveles que no se veían hace 22 años: un 5,28% para los bonos a diez años y un 5,61% para los de treinta años. Para Argentina, estas tasas base se complementan con el riesgo país, que actualmente ronda los 640 puntos básicos (6,4%). Esto implica que, para emitir un bono en dólares a diez años, el país debería pagar una tasa cercana al 11,7%, un costo financiero sumamente elevado. Esta presión es crítica considerando que el gobierno debe afrontar vencimientos por más de 21.000 millones de dólares en 2027, un desafío que la administración pretende resolver mediante su programa financiero.

Este escenario permite analizar la gestión económica bajo la lupa de los politólogos brasileños Daniela Campello y Cesar Zucco. En sus trabajos "Presidential Success & the World Economy" y "The Volatility Curse", los autores plantean que los votantes suelen ignorar la influencia de los precios y las tasas internacionales, atribuyendo el éxito o fracaso económico exclusivamente a la capacidad del gobierno de turno. Según esta teoría, la volatilidad global provoca que los mandatarios sean juzgados por variables que no controlan, haciendo que el resultado electoral dependa más de la "suerte" ante el ciclo global que de la calidad de las políticas implementadas.

Al revisar la historia reciente, se observa este patrón. El kirchnerismo se benefició hasta 2008 de un ciclo alcista de la soja, tasas internacionales bajas y la tracción de la economía brasileña, aunque la "magia" terminó a principios de 2012. Por su parte, Mauricio Macri contó con términos de intercambio favorables y tasas bajas, pero el exceso de crédito internacional, sumado a una sequía y el cambio de humor en Wall Street, lo dejaron vulnerable. El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, a pesar de contar con términos de intercambio aún mejores, enfrentó el impacto de la pandemia, errores de gestión y una sequía que neutralizaron los precios favorables generados por la guerra en Ucrania.

En conclusión, aunque el gobierno de Milei disfruta hoy de los mejores términos de intercambio en más de un siglo, comienza a enfrentar la presión de las tasas internacionales y una posible retracción de las economías desarrolladas. A pesar de ello, en el corto plazo, la soja parece haberse alineado con el proyecto del mileísmo.

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