La reciente autorización para que los propietarios de ganado bovino puedan realizar el sacrificio y el consumo de la carne de sus propios animales ha sido calificada como un paso de avance extraordinario. Según se analiza, esta medida es fundamental ya que fomenta el sentido de pertenencia, lo cual actúa como un incentivo directo para potenciar la crianza de los rebaños en el país. Sin embargo, se advierte que esta acción, aunque positiva, no es suficiente por sí sola para lograr una transformación integral de esta rama productiva ni para detener el decrecimiento de la masa ganadera.
Para que la ganadería bovina experimente una recuperación real, es imperativo enfrentar un enemigo crítico: el delito. Si bien un productor motivado tiene un mayor interés en proteger sus rebaños, se señala que los demás órganos del Estado deben incrementar su eficiencia en el combate contra la delincuencia. El objetivo es evitar que agentes externos se apropien de los resultados derivados del esfuerzo y el trabajo diario que se despliega en los campos.
En el contexto actual, se reconoce que existen muchos poseedores de reses, pero se hace un llamado a la necesidad de contar con ganaderos de verdad. Se destaca la figura de aquellos líderes que no se han dejado amedrentar por los años difíciles y que dedican su pensamiento constante a robustecer sus rebaños. Para estos productores, que ya han demostrado sus habilidades y capacidad de gestión, se propone la entrega de la tierra que necesiten bajo la modalidad de usufructo.
El análisis distingue claramente entre el poseedor de una o dos vacas destinado al autoconsumo de leche, lo cual es válido, y la necesidad nacional de contar con grandes ganaderos. Para que el país logre asegurar la disponibilidad de carne y leche, es indispensable la presencia de productores capaces de manejar rebaños a gran escala, aplicando conocimientos de ciencia y técnica. Esto incluye la implementación de la inseminación artificial y el uso de sementales de alto valor genético para mejorar la calidad de la masa animal.
Un punto crítico para el desarrollo ganadero es la alimentación adecuada. Se enfatiza que el aseguramiento de forrajes, incluyendo el ensilaje durante la primavera y su posterior almacenamiento para la etapa de sequía, junto con el acceso a agua permanente, son requisitos indispensables. Se advierte que una vaca mal alimentada presenta dificultades para entrar en celo, y sin una tasa de natalidad adecuada, no puede existir un desarrollo real de la ganadería.
En cuanto a la gestión de la tierra, se indica que no basta con disponer de estaciones de pastos con variedades de alto valor proteico. Lo fundamental es que dicha siembra se realice directamente en las fincas, donde actualmente predominan los pastos naturales y la presencia del marabú. No obstante, la capacidad de realizar estas mejoras depende de la solvencia económica del productor.
Esta solvencia financiera solo podrá alcanzarse mediante un incremento en los precios de la carne y la leche. Solo con mayores ingresos el productor estará en condiciones de adquirir los insumos necesarios para su actividad, destacando entre ellos el rollo de alambre, cuyo precio actual es extremadamente elevado.
Sobre el modelo de gestión, se plantea que la ganadería bovina, que se encuentra mayoritariamente en manos privadas, no requiere de un control excesivo. Se menciona que se reclama un control similar al que se aplica en la cría de cerdos y otros animales, especialmente por parte de los servicios veterinarios, subrayando que la experiencia ha demostrado que el control no es el factor que estimula el crecimiento de la masa ganadera.
Finalmente, se recuerda que la ganadería es una actividad de ciclo largo; mientras que un cultivo como el boniato ofrece resultados en cuatro meses, la formación de un toro demanda entre cuatro y cinco años, partiendo desde el nacimiento. A pesar de estos desafíos temporales, se considera que los pasos recientes son certeros y generan esperanza sobre un despegue definitivo de esta rama económica.






