La inestabilidad del sistema eléctrico en la ciudad de Maracay ha dejado de ser un inconveniente ocasional para convertirse en un problema estructural que afecta gravemente la economía local. De manera particular, los comerciantes dedicados a la elaboración y venta de helados están enfrentando una crisis operativa y financiera debido a los cortes eléctricos que se producen diariamente, lo que ha provocado una caída drástica en las ventas, especialmente en el segmento de distribución al mayor.
Según reportes de los vendedores del sector, la demanda de estos productos ha sufrido un desplome significativo, situándose actualmente en apenas un 30% de lo que solía ser. A pesar de este escenario adverso, los comerciantes han decidido mantenerse operativos, aunque admiten que sus ingresos se han reducido al mínimo indispensable para poder subsistir en el día a día.
Johana Landaeta, quien se desempeña como fabricante y mayorista de helados, ha sido testigo directo de cómo la frecuencia de los cortes eléctricos ha mermado su capacidad de producción. Landaeta señaló que las interrupciones del servicio no son eventos aislados, sino que ocurren de forma cotidiana, con lapsos de tiempo que oscilan entre las 6 y las 8 horas diarias. Para una emprendedora cuya materia prima depende estrictamente de la cadena de frío, la ausencia de electricidad representa la imposibilidad total de trabajar.
Este problema no solo afecta la fase de fabricación, sino que ha modificado profundamente el comportamiento de compra de los revendedores. Landaeta explicó que la falta de energía eléctrica en los hogares de sus clientes ha transformado la manera en que estos adquieren la mercancía. En periodos de estabilidad, los revendedores solían retirar entre 60 y 100 unidades por pedido, llegando incluso a solicitar hasta 200 unidades cuando se trataba de abastecimientos diseñados para cubrir toda una semana de ventas.
Sin embargo, la realidad actual es muy distinta. En la actualidad, los clientes solo adquieren cantidades reducidas, generalmente entre 15 y 20 unidades. Esta disminución responde a una estrategia de supervivencia de los revendedores, quienes ahora solo compran el volumen de producto que tienen la certeza de vender durante el mismo día, evitando así el riesgo de que la mercancía se derrita en sus congeladores domésticos durante los prolongados apagones.
El impacto técnico sobre los productos también ha sido devastador. Landaeta detalló que el producto denominado "barquillón" ha sido especialmente vulnerable, ya que el helado se derrite y se pierde sobre la galleta, haciendo que el producto sea invendible. Ante esta situación, la fabricante se vio obligada a eliminar por completo esa línea de producción de su catálogo. Por otro lado, las paletas presentan una ventana de resistencia limitada: aguantan solo 6 horas dentro de la nevera sin electricidad. Si se supera ese tiempo límite, el producto pierde su consistencia original y se daña, llegando a un punto en el que no existe forma alguna de recuperarlo.
Por su parte, Jenny Mijares, fabricante y comerciante de productos como tetas, paletas y raspados, confirmó que la caída de las ventas es severa, estimando una reducción de hasta el 60%. Mijares manifestó que, mientras anteriormente lograba vender 100 unidades, hoy en día sus ventas han bajado a un rango de entre 30 y 40 unidades. Para mitigar el impacto de los cortes, la comerciante ha recurrido al uso de congeladores con escarcha, los cuales permiten mantener la mercancía en condiciones aceptables durante las horas de interrupción del servicio.
A pesar de la precariedad económica, Mijares resaltó la capacidad de adaptación del comerciante local, afirmando que «el venezolano es vendedor» y siempre busca la manera de «rebuscarse» para salir adelante. La comerciante mantiene la esperanza de que la situación se normalice, asegurando que, una vez que se restablezca la estabilidad del servicio eléctrico, la actividad económica se recuperará y podrán volver a los niveles de venta anteriores.





