El sector comercial del municipio Mario Briceño Iragorry se encuentra atravesando una situación crítica debido a las constantes interrupciones en el suministro de energía eléctrica. Entre los negocios más golpeados se encuentran las barberías, servicios populares que han visto cómo su flujo de clientela se reduce drásticamente cada vez que el esquema de restricción del servicio eléctrico entra en vigor, afectando directamente la sostenibilidad económica de los trabajadores del área.
La crisis energética ha obligado a los barberos a buscar alternativas para mantener sus actividades productivas. Muchos de ellos han recurrido a la adquisición de máquinas recargables, herramientas que permiten seguir cortando el cabello durante los cortes de luz. Sin embargo, esta solución es parcial y limitada, ya que la autonomía de las baterías es reducida, lo que restringe significativamente el número de personas que pueden ser atendidas en una sola jornada laboral.
Un ejemplo claro de esta realidad es el de Jeans Herrera, barbero dedicado a su oficio en el sector 2 de Caña de Azúcar. Herrera ha relatado que en su zona la energía eléctrica se interrumpe en bloques diarios que oscilan entre las 6 y 7 horas. Según el trabajador, la ausencia de luz genera un efecto inmediato en el comportamiento del consumidor: la clientela prefiere permanecer en sus hogares y evita salir a arreglarse el cabello, lo que provoca una caída abrupta en los ingresos del establecimiento.
Para contrarrestar este problema, Herrera utiliza máquinas de cortar pelo con batería recargable. Si bien reconoce que esta herramienta es un apoyo fundamental para no detener la actividad por completo, aclara que la capacidad de carga no es suficiente para cubrir toda la jornada de trabajo. El barbero señaló que existe un factor psicológico y ambiental que influye en la asistencia de los clientes, quienes a menudo manifiestan "flojera" de salir de sus casas cuando no hay energía eléctrica.
La inestabilidad del servicio provoca que la cantidad de clientes varíe considerablemente de un día para otro. Herrera explicó que su capacidad de atención fluctúa entre 5, 8 o hasta 10 personas, dependiendo estrictamente de dos factores: el porcentaje de carga restante en la batería de sus máquinas y la disposición de los clientes para soportar las altas temperaturas en un local sin aire acondicionado. A pesar de este escenario adverso, el comerciante intenta mantener una actitud positiva frente a las dificultades.
Por otro lado, la situación en el sector 8 es aún más compleja. José Vizcaya, otro barbero de la zona, denunció que el servicio eléctrico en su comunidad es sumamente irregular. Vizcaya afirmó que no existen horarios fijos de suministro y que los cronogramas de racionamiento establecidos no se cumplen, lo que obliga a los comerciantes a trabajar de manera imprevista, atendiendo únicamente cuando la luz aparece sin previo aviso.
El comerciante detalló que la frecuencia y duración de los cortes han empeorado con el paso del tiempo, evolucionando de interrupciones de 4 horas a cortes prolongados de hasta 7 horas seguidas. Para Vizcaya, el momento más crítico ocurre durante las mañanas, justo cuando inicia la jornada laboral. Esta coincidencia temporal ha tenido un impacto devastador en sus finanzas, reduciendo su promedio de atención de entre 10 y 15 clientes diarios a tan solo 1, 3 o 4 personas en los días más difíciles.
Ante la desesperación por el calor intenso, los clientes han sugerido a Vizcaya la compra de un generador eléctrico. No obstante, el barbero explicó que dicha inversión es inalcanzable para su presupuesto actual. El costo de una planta eléctrica capaz de soportar un aire acondicionado de 12.000 BTU es excesivamente elevado. Además, Vizcaya subrayó que, incluso si pudiera adquirir el equipo, no contaría con los recursos económicos para costear el combustible y el mantenimiento preventivo del generador.
La realidad descrita por estos trabajadores refleja un ciclo de precariedad: la falta de luz reduce la clientela, lo que disminuye los ingresos y, en consecuencia, imposibilita la inversión en equipos de respaldo que podrían mitigar el problema. Esta situación no es un caso aislado, sino una realidad que golpea la economía de todos los barberos del municipio Mario Briceño Iragorry.





