El Coloquio de IDEA, celebrado en Mar del Plata, se convirtió en el escenario de un marcado contraste político y filosófico. Mientras Javier Milei aterrizaba en París, un auditorio colmado en el subsuelo del hotel Sheraton escuchaba al presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou. El mandatario uruguayo expuso una visión de Estado basada en la continuidad y el equilibrio, conceptos que resonaron profundamente entre los empresarios argentinos, quienes manifestaron su anhelo de que tales dinámicas lleguen algún día a su propio país.
Lacalle Pou explicó que, a pesar de los cambios de presidentes, partidos u orientaciones políticas en Uruguay, existe una estructura permanente. Definio esta continuidad a través de la metáfora de "la bandera y el abanderado", señalando que los principios y valores de los partidos actúan como un "mecanismo de contención" del líder, impidiéndole actuar de manera arbitraria. Para el mandatario, el deber primario de un presidente es ser un factor de unión y no de separación, gobernando tanto para sus seguidores más fanáticos como para aquellos que se oponen frontalmente a su gestión.
Frente a la descalificación del adversario, Lacalle Pou propuso el "temple" y una fórmula basada en la "paciencia, prudencia y equilibrio". Enfatizó que cada palabra de un presidente tiene un efecto en la población y que es fundamental sentir la "humildad de la historia" y la "responsabilidad del momento". Al ser consultado sobre qué atrae a los inversores hacia Uruguay, el presidente evitó hablar solo de estabilidad macroeconómica o jurídica, definiendo su propuesta como la "estabilidad cotidiana".
Por su parte, Javier Milei, aunque utilizó también la palabra "paciencia" al referirse a los tiempos del crecimiento económico, mantuvo un tono y una forma marcadamente distintos. El presidente argentino se mostró en modo campaña, señalando que los comicios del próximo año serán una instancia bisagra donde los ciudadanos deberán elegir entre la "prosperidad o el pasado decadente". Su narrativa se centró en la elección de antagonistas y la idea de que solo existen dos opciones posibles, manteniendo la conexión agresiva y disruptiva que ha caracterizado su comunicación.
En los pasillos del evento, el clima entre inversores, economistas y directivos de multinacionales reflejó una mezcla de resignación y temor. Si bien muchos admitieron estar cansados de las formas y cuestionaron el estilo de Milei, coincidieron en que priorizarían la continuidad antes que "volver atrás". Sin embargo, la duda persistente es si el modelo de Milei puede perdurar en el tiempo. Diversos actores mencionaron la existencia de un "riesgo Kicillof" y, simultáneamente, un "riesgo Milei", basado en el temor de que en un eventual segundo mandato el dogmatismo prevalezca sobre el pragmatismo, postergando la recuperación económica.
La incertidumbre se ve respaldada por indicadores financieros y económicos. Mientras el riesgo país de Brasil bajó un 11% en lo que va de 2026, el argentino subió un 13%, alcanzando los 655 puntos básicos según JP Morgan. Además, datos recientes muestran una caída del 2,9% en la actividad económica en julio respecto a junio y un aumento de la pobreza, que pasó del 28,2% a fines de 2025 al 32,3% en el primer semestre de este año. A esto se suma que el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella cayó en septiembre a 1,94 puntos sobre 5, el nivel más bajo desde el inicio de la gestión de Milei.
Otro punto crítico discutido fue el "riesgo juez". Jimena de la Torre, consejera de la Magistratura, lamentó la baja confianza en la justicia argentina, ejemplificando que los pleitos por el RIGI se definan en tribunales internacionales debido a que la falta de transparencia y seguridad jurídica se traduce en un aumento de las tasas de interés.
En contraposición a estas preocupaciones locales, el ministro de Economía, Luis Caputo, envió señales optimistas desde el Argentina Week en París. Caputo divulgó que se confirmaron inversiones por US$ 27.000 millones y afirmó que, aunque los inversores financieros aún temen el regreso del kirchnerismo, la Argentina ahora transmite confianza en los mercados internacionales.





