ÚLTIMA HORA

Cobertura 24 h · Redacción propia · lunes, 5 de octubre de 2026 · App oficial en Google Play

Menú

Transformar el dolor en esperanza: la historia de Ana Murga y su misión con los niños de Ambi

El asesinato de Jorge Murga en el 2005 llevó a su hija a preguntarse por el origen de la violencia. De esa búsqueda nació Ambi, una organización que trabaja con niños y familias en Guatemala y que comenzó con una entrega de juguetes en Navidad.

Transformar el dolor en esperanza: la historia de Ana Murga y su misión con los niños de Ambi

En octubre de 2005, la vida de Ana Murga cambió drásticamente. A sus 23 años, se enfrentó a una pérdida devastadora: el asesinato de su padre, Jorge Murga, en Guatemala. Aquella tragedia dejó en ella una pregunta recurrente que marcaría el rumbo de su existencia: “¿Qué tiene que pasar en el corazón de una persona para arrebatarle la vida a otra y romper una familia para siempre?”. Aunque el tiempo no brindó una respuesta que pudiera revertir el suceso, el dolor se convirtió en el motor de una búsqueda profunda sobre el origen de la violencia.

Durante ese proceso, Ana comenzó a observar una realidad dolorosa pero invisible para muchos: la de niños y niñas que crecían en entornos marcados por la carencia, la falta de oportunidades y una violencia normalizada en su vida cotidiana. Ante este panorama, tomó una decisión determinante: convertirse en la alternativa que esos niños no tenían.

Así nació "Ambi", nombre inspirado en el apodo de su padre. Las primeras acciones comenzaron apenas dos meses después de la muerte de Jorge Murga, en diciembre de 2005, iniciando con la entrega de juguetes durante la época navideña. Sin embargo, Ana pronto comprendió que los regalos materiales eran insuficientes para generar un cambio real. En su camino conoció a una joven que trabajaba con niños en La Verbena, zona 7 de la capital, transmitiéndoles esperanza. Fue allí donde Ana hizo una promesa: a esos niños no les faltaría apoyo.

Lo que comenzó como un esfuerzo impulsado por familiares y amigos, sin presupuesto, instalaciones ni estructura formal, fue creciendo orgánicamente. El primer grupo, Ambi Verbena, sentó las bases de lo que más tarde, en agosto de 2011, se constituiría legalmente como Ambi, Amor y Bienestar.

Hoy en día, la organización ha expandido su alcance significativamente. Ambi tiene presencia en La Verbena, Villa Nueva y Mixco, además de operar en el casco urbano de Tecpán Guatemala y en el caserío Panimacoc, en Chimaltenango. El impacto de su labor ha trascendido las fronteras nacionales, desarrollando trabajo social en Zimbabue, África. Actualmente, la organización atiende aproximadamente a 500 niños cada semana.

El modelo de Ambi no se limita a la asistencia ocasional. La organización implementa un enfoque que combina educación, acompañamiento familiar y desarrollo integral. Ana Murga promueve una "cultura de retribución", buscando que quienes reciben apoyo se transformen, con el tiempo, en referentes y ayudantes dentro de sus propias comunidades.

Un ejemplo emblemático de este modelo es la historia de un adolescente que llegó a la organización cuando comenzaba a sentirse atraído por el entorno de las pandillas. En Ambi encontró un espacio donde se sintió escuchado y valorado, descubriendo además una pasión por la cocina. El joven comenzó a colaborar cada sábado en la preparación de alimentos. A pesar de que años después consiguió empleo y construyó su propia vida, regresó a la organización para madrugar los fines de semana y preparar el desayuno de los niños más pequeños antes de irse a trabajar.

Sin embargo, el camino de Ana no ha estado exento de nuevas tragedias. En octubre de 2018, sufrió la pérdida de su esposo, quien había sido su compañero de vida y uno de los pilares fundamentales para el crecimiento de Ambi. Murga describe este periodo como el momento más difícil desde el inicio del proyecto, pues tuvo que reconstruirse personalmente mientras aseguraba la operatividad de la organización.

La gestión de Ambi requiere un sacrificio personal considerable. De lunes a viernes, Ana cumple una jornada laboral de 8:00 a 17:00 horas en una fundación de mayor tamaño. Al terminar su jornada profesional, inicia su labor como directora ejecutiva de Ambi, donde se encarga de recaudar fondos, gestionar alianzas con padrinos, administrar recursos, coordinar al equipo y diseñar metodologías junto a profesionales. Esta doble responsabilidad ha implicado renunciar a horas de sueño, estabilidad económica, tiempo libre y momentos con su hijo.

A pesar de la carga administrativa, Ana valora más el contacto directo: abrazar a los niños, jugar con ellos y recordarles que son vistos y valorados. Tras más de dos décadas de labor, ha observado que las necesidades han evolucionado; ya no solo se trata de dificultades económicas, sino de rezagos educativos y una urgente necesidad de acompañamiento emocional y nivelación académica.

Ana Murga sostiene que las circunstancias de nacimiento no deben determinar el futuro de un niño. A través de Ambi, busca que las comunidades consoliden espacios seguros y permanentes, rompiendo los patrones del pasado. Si bien no pudo cambiar lo que la violencia le arrebató en 2005, ha dedicado su vida a intentar que, para cientos de niños, la historia tenga un final distinto.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

Cobertura en Video