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Cambio climático amenaza agricultura costarricense: plagas, sequías y costos al alza

El aumento de temperatura alterará los patrones de lluvia, desplazará cultivos a mayores altitudes e incrementará el uso de plaguicidas The post Sequías, plagas y cultivos en riesgo: lo que un calentamiento de 1,5°C significa para la agricultura costarricense appeared first on El Observador CR .

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Cambio climático amenaza agricultura costarricense: plagas, sequías y costos al alza

El calentamiento global está transformando profundamente las condiciones en las que se desarrolla la actividad agrícola en Costa Rica. El incremento de las temperaturas globales no solo está alterando los ciclos naturales, sino que está forzando un cambio en la ubicación de los cultivos y provocando una mayor vulnerabilidad ante plagas y fenómenos climáticos extremos. De acuerdo con especialistas, el aumento térmico favorece la expansión de insectos y enfermedades, mientras que la imprevisibilidad de las lluvias complica la planificación básica de la siembra y la cosecha.

El escenario actual adquiere una relevancia crítica ante la posibilidad de que el calentamiento global supere el umbral de 1,5 °C, una referencia establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para plantear medidas de contención térmica en el planeta. Pascal Girot, director de la Escuela de Geografía de la Universidad de Costa Rica (UCR), explica que, aunque 1,5 °C pueda parecer una cifra pequeña, en realidad implica cambios de magnitud considerables en las variaciones de temperatura en diversas regiones del mundo. A este factor se suma la influencia del fenómeno de El Niño, que acentúa la variabilidad climática y fortalece los patrones disruptivos de lluvia.

Para el sector agrícola, la oportunidad de las lluvias es fundamental. Cualquier retraso en estas se traduce inmediatamente en pérdidas económicas y rendimientos deficientes tanto en la agricultura como en la ganadería. En este contexto, Pavel Rivera, economista agrícola y ambiental, señala que el país ha tenido que cambiar su enfoque estratégico, transitando de una mentalidad de mitigación hacia una de adaptación al cambio climático.

La vulnerabilidad es heterogénea según la región. Mientras que Guanacaste y la zona norte enfrentan riesgos severos asociados al déficit de lluvia, otras regiones del país deben lidiar con precipitaciones mucho más intensas y concentradas en periodos de tiempo más cortos. Esta incertidumbre hidrológica ha roto la precisión con la que los agricultores predecían el inicio de las lluvias, obligándolos a cambiar su mentalidad y su planificación operativa.

Johaner Rosales, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional (UNA), aclara que el problema no es necesariamente una disminución en la cantidad total de lluvia anual, sino una alteración en su distribución. Según Rosales, se registran menos días de lluvia, pero con una intensidad mucho mayor. Este fenómeno provoca que el suelo no pueda absorber el agua eficientemente, perdiéndola por escorrentía y generando cabezas de agua en los ríos que afectan a los pueblos. Esto deriva en lo que se conoce como "sequía agronómica": a pesar de que llueve, el agua no se incorpora al suelo y la planta no puede aprovecharla.

Otro efecto crítico es el desplazamiento de plagas y enfermedades. El aumento de la temperatura acelera los ciclos biológicos de ciertos insectos. Un ejemplo es la mosca blanca, que ahora completa sus ciclos en menos tiempo, produciendo más generaciones por año. Asimismo, la roya, plaga recurrente en el café, encuentra condiciones óptimas para reproducirse cuando sube la temperatura.

A medida que las temperaturas aumentan, insectos, hongos y virus que antes estaban limitados a zonas cálidas comienzan a escalar hacia regiones que anteriormente eran frías. Este movimiento ocurre en paralelo al desplazamiento de los cultivos; por ejemplo, el café, que requiere condiciones más frescas para mantener su calidad, debe trasladarse a mayores altitudes. Los insectos simplemente siguen la trayectoria de la planta, evolucionando y expandiéndose hacia arriba.

Esta presión biológica conlleva un impacto económico directo: el incremento en el uso de plaguicidas y productos químicos. Los productores, al no contar con otras estrategias inmediatas, recurren a más aplicaciones de insumos para combatir los patógenos, lo que eleva significativamente los costos de producción.

El café, uno de los cultivos comercialmente más importantes, es un ejemplo claro de este impacto. En las zonas bajas, el grano se desarrolla más rápido debido al calor, lo que resulta en una pérdida de calidad. Por otro lado, en fincas situadas por encima de los 1.900 metros sobre el nivel del mar, la imprevisibilidad de las lluvias provoca floraciones inestables y múltiples. Esto crea un dilema para el productor: si cosecha mientras ocurren aguaceros que estimulan nuevas flores, se pierde la productividad del año siguiente.

Finalmente, Pavel Rivera advierte que la reducción de rendimientos afectará la disponibilidad de productos, lo que lógicamente derivará en escasez y un aumento de precios para el consumidor final. Los costos de producción seguirán subiendo debido a la necesidad de más fertilizantes y medidas de adaptación. En este esquema, los pequeños y medianos productores son los más vulnerables y los primeros en sufrir los efectos, a menos que se implementen cambios profundos en las políticas actuales.

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