El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha salido al paso de las especulaciones recientes sobre la dirección de su política económica, descartando categóricamente cualquier intención de implementar controles administrativos sobre las tasas de interés o de utilizar las reservas cambiarias del país para mitigar una posible fuga de capitales. Estas precisiones llegan en un momento de intenso debate sobre la conducción monetaria y fiscal del cuarto mandato del mandatario brasileño.
El ministro de Hacienda, Dario Durigan, fue quien inició las aclaraciones al afirmar que la administración actual no considera la posibilidad de tabelar las tasas de interés. Asimismo, Durigan negó que el gobierno tenga previsto emplear las reservas internacionales para compensar salidas de capital, una medida que había generado inquietud en diversos sectores económicos. Estas declaraciones surgen como respuesta a la repercusión de las propuestas presentadas por el economista André Lara Resende, una de las figuras clave en la formulación del Plan Real.
En sintonía con el ministro, el presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), Aloizio Mercadante, reforzó la postura oficial. Mercadante fue enfático al señalar que no existe ninguna iniciativa gubernamental para establecer controles administrativos sobre los juros. "No hay ninguna propuesta de tabelar intereses en discusión; no estuvo en la campaña y no está en el gobierno", sentenció el dirigente del BNDES, buscando calmar la volatilidad del mercado financiero.
Mercadante también subrayó que la distribución de responsabilidades en la conducción de la política económica recae exclusivamente en el presidente Lula. Según el presidente del BNDES, el nuevo equipo económico deberá establecer los diálogos necesarios para formular las prioridades del mandato, asegurando que la coordinación sea el eje central de la gestión.
El núcleo de la controversia se originó a finales de septiembre, cuando André Lara Resende propuso una reorganización profunda de las políticas fiscal y monetaria de Brasil. El economista sugiere la creación de un Consejo Fiscal y Monetario Nacional, el cual tendría la responsabilidad de fijar metas de mediano plazo para ambas políticas en un horizonte temporal de cuatro a cinco años.
Bajo el modelo propuesto por Lara Resende, el Banco Central operaría con una tasa básica de intereses situada en un intervalo definido. Este rango se calcularía partiendo de la meta de inflación y del crecimiento nominal potencial de la economía. Para ilustrar su propuesta, Resende considera una meta de inflación del 3% y un crecimiento real potencial del 2,5% anual, lo que resultaría en un crecimiento nominal potencial de aproximadamente el 5,5%.
En términos prácticos, la propuesta de Lara Resende prevé una reducción gradual de la tasa Selic, que actualmente se sitúa en el 13,75% anual, hasta alcanzar aproximadamente un 7,5% en un periodo de 12 meses. Este nivel del 7,5% incluiría un margen de seguridad temporal de dos puntos porcentuales, que se eliminarían progresivamente según lo permitan las condiciones económicas. El objetivo final de esta estrategia sería reducir el costo de financiamiento de la deuda pública y mejorar las condiciones para el crecimiento económico, aunque su ejecución requeriría cambios institucionales y una evaluación rigurosa de los riesgos cambiarios e inflacionarios.
Desde el ámbito político, la propuesta de Lara Resende ha encontrado respaldo en la deputada federal Gleisi Hoffmann, exministra de Relaciones Institucionales. Hoffmann manifestó que la contribución del economista es fundamental para enfrentar lo que ella califica como una "ofensiva" contra la política fiscal brasileña. La parlamentar criticó duramente la reacción negativa del mercado financiero ante la posibilidad de un encuentro entre el presidente Lula y Lara Resende, afirmando que "el mercado financiero tiene el ADN del autoritarismo". Hoffmann defendió que el presidente mantenga la interlocución con economistas que presenten perspectivas distintas a las predominantes en la Faria Lima.
Mientras tanto, el presidente Lula ha mantenido una agenda reservada tras su victoria electoral, permaneciendo los últimos días en el Palacio de Alvorada y en la Residencia Oficial de la Granja do Torto para descansar y recuperar la voz. La definición de su nueva estructura económica sigue siendo una de las decisiones políticas más relevantes para el inicio de su gestión.
A pesar de las negaciones de Durigan y Mercadante sobre el tabelamiento de tasas y el uso de reservas, el debate sobre la necesidad de reducir el costo del crédito y de la deuda pública permanece vigente. Este diálogo se enmarca en una tensión persistente sobre la autonomía del Banco Central, especialmente tras la Ley Complementar 179 de febrero de 2021, que otorgó independencia operacional a la institución, cambiando la dinámica de mando que existía en administraciones anteriores.





