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Euskadi a 15 años del fin de ETA: el auge de EH Bildu y el retroceso de los partidos estatales

Euskadi tras ETA, más nacionalista que nunca, pero con el debate soberanista desinflado

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Euskadi a 15 años del fin de ETA: el auge de EH Bildu y el retroceso de los partidos estatales

A quince años del anuncio del cese de la actividad armada de ETA, el mapa político del País Vasco presenta una configuración donde el nacionalismo mantiene una hegemonía clara, ocupando 54 de los 75 escaños del Parlamento vasco. En este escenario, EH Bildu se ha consolidado como el principal contendiente al PNV, disputándole la primera posición en votos, mientras que las formaciones de ámbito estatal registran un retroceso significativo en su representación. No obstante, este incremento en la fuerza electoral nacionalista contrasta con un debate ciudadano sobre el soberanismo y la independencia que se ha desinflado con el tiempo.

La transformación del panorama político ha estado marcada principalmente por el crecimiento de EH Bildu. La coalición se ha posicionado como un referente para el electorado de izquierdas, abarcando tanto a sectores independentistas como a ciudadanos que no lo son. Aunque su apuesta por la soberanía permanece, esta se manifiesta con menor intensidad que en la etapa en la que ETA aún cometía asesinatos. Esta evolución ha permitido atraer a un votante progresista y ha normalizado la imagen de la formación a nivel nacional, donde se ha proyectado como un socio fiable mediante su apoyo exterior a las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez.

A pesar de este crecimiento electoral, EH Bildu no ha logrado trasladar ese éxito al poder institucional en la misma medida que el PNV. Los jeltzales, apoyados por el PSE, continúan liderando las principales instituciones vascas. Mientras que el PNV ha mantenido prácticamente estable su base electoral, los partidos estatales han quedado reducidos a un total de 21 escaños en la Cámara vasca.

El camino hacia la situación actual comenzó el 20 de octubre de 2011, cuando ETA anunció el fin de su actividad armada. Previamente, en mayo de ese año, el Tribunal Constitucional había permitido que Bildu —coalición integrada por Eusko Alkartasuna, Alternativa e independientes de la izquierda abertzale— concurriera a las elecciones municipales. Este hecho marcó el regreso de la izquierda abertzale a la escena política tras la ilegalización de sus marcas en 2009 mediante la Ley de Partidos. Aquella prohibición había provocado que el PNV, aun siendo la fuerza más votada en los comicios autonómicos de 2009, tuviera que ceder Ajuria Enea al socialista Patxi López, quien contó con el apoyo del PP, partido que también alcanzó la Presidencia del Parlamento Vasco.

La irrupción de Bildu en las elecciones locales de 2011 fue contundente, obteniendo 954 concejalías, cifra superior a las 872 del PNV, aunque este último mantuvo la primacía en votos. Estos resultados permitieron a la izquierda abertzale liderar, por primera vez, el Ayuntamiento de San Sebastián y la Diputación de Gipuzkoa. Posteriormente, en 2012, se creó la marca Euskal Herria Bildu para las elecciones autonómicas, donde se consolidó como la segunda fuerza. Su crecimiento ha sido sostenido, con una breve interrupción en 2016 por el efecto de Podemos, hasta llegar a las elecciones al Parlamento Vasco de 2024, donde empató con el PNV con 27 escaños cada uno. Asimismo, en los comicios europeos de ese mismo año, EH Bildu fue la fuerza más votada, superando al PNV por más de 33.000 votos.

En términos de gobernabilidad, el PNV ha sabido articular alianzas que EH Bildu no ha logrado conseguir. Los nacionalistas han liderado el Ejecutivo vasco durante las últimas tres legislaturas en gobiernos de coalición con el PSE, fórmula que también se ha replicado en los ayuntamientos de las capitales y en las diputaciones forales, con la única excepción de Vitoria, donde presiden los socialistas.

Con la desaparición del terrorismo, las prioridades de la ciudadanía vasca han mutado hacia preocupaciones comunes al resto de España, tales como la sanidad, la educación, la vivienda, la inmigración y la inseguridad ciudadana. El debate identitario ha pasado a un segundo plano y no ha seguido la trayectoria de Cataluña, evitando el camino que llevó al referéndum del 1 de octubre de 2017. De igual modo, el debate sobre la superación del Estatuto de Gernika de 1979 se mantiene en conversaciones discretas; tanto el PNV como EH Bildu buscan que el PSE forme parte de cualquier acuerdo, lo que obligaría a que cualquier encaje sea estrictamente constitucional. El Plan Ibarretxe de 2004, que proponía una comunidad libremente asociada al Estado español, ha quedado relegado al pasado.

Finalmente, la renovación de liderazgos es evidente. La mayoría de los dirigentes de la era del terrorismo han dejado sus cargos. Patxi López, lehendakari durante el cese de ETA, se ha desplazado a la política nacional como portavoz del PSOE en el Congreso. En la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi sigue en un puesto relevante, aunque ha ido cediendo el poder a perfiles más jóvenes. Respecto a los partidos estatales, el PSE ha pasado de 16 escaños en 2012 a 12 en 2024, aunque mantiene una influencia clave en el gobierno. El PP ha sufrido un retroceso drástico, siendo actualmente la lista más votada solo en tres municipios pequeños. Podemos, que llegó a tener 11 representantes en 2016 y fue la fuerza más votada en las generales de ese año, ha desaparecido del Parlamento. En la actualidad, la izquierda estatal solo cuenta con un escaño a través de Sumar, mientras que Vox mantiene el único escaño que obtuvo en la legislatura anterior, enfrentando un cordón sanitario de la mayoría de las formaciones, excepto del PP.

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