En el Delta del Paraná, específicamente en el municipio de El Escobar, a unos 70 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, existe un fenómeno geográfico que desafía las percepciones habituales sobre la naturaleza. Se trata de una formación conocida como "El Ojo", una isla que destaca no solo por su ubicación, sino por una serie de características físicas que la hacen parecer, a primera vista, una obra artificial o incluso de origen extraterrestre.
La isla El Ojo no es una masa de tierra estática y convencional. Su rasgo más distintivo es su capacidad de flotar y su sorprendente forma circular, que presenta una perfección geométrica tan notable que se extiende también al lago que la rodea. Actualmente, el terreno posee un diámetro aproximado de 118 metros, aunque se prevé que esta medida disminuya progresivamente debido a los efectos constantes de la erosión. Además de su forma, la isla posee una particularidad dinámica: parece rotar y cambiar de posición sobre el agua, lo que ha alimentado diversas teorías y leyendas a lo largo del tiempo.
A pesar de su proximidad a la capital argentina, El Ojo no alcanzó una notoriedad pública generalizada hasta el año 2016, cuando el cineasta Sergio Neuspiller dio a conocer su existencia. Sin embargo, la evidencia histórica sugiere que la isla ha estado allí mucho antes. Imágenes satelitales obtenidas a través de Google Earth confirman su presencia ya en el año 2003, y existen testimonios así como fotografías aéreas que indican que la formación ya era visible desde la década de los 80.
El fascinante aspecto de la isla atrajo el interés de Neuspiller, quien describió que, aunque el agua alrededor parecía negra, en realidad era totalmente transparente, una característica sumamente inusual en el delta, aunque con un fondo de tierra negra. Esta curiosidad impulsó al director y al ingeniero hidráulico Ricardo Petroni a organizar una expedición científica. El objetivo era realizar un estudio exhaustivo que incluyera buceo en sus aguas, análisis de la flora y del suelo, y el uso de drones para el mapeo aéreo.
La expedición buscaba además arrojar luz sobre las leyendas locales que rodean la zona, que incluyen desde avistamientos de ovnis hasta la presencia de barcos abandonados en canales cuyo tamaño haría imposible el acceso de tales embarcaciones. Para financiar este proyecto, montaron una campaña de crowdfunding con una meta de 50.000 dólares. Lamentablemente, la iniciativa no alcanzó el objetivo financiero, recaudando apenas una quinta parte de la suma requerida.
Desde una perspectiva científica, el movimiento de la isla, aunque pueda parecer paranormal, tiene una explicación basada en la física y la dinámica fluvial. La isla gira constantemente sobre su propio eje impulsada por el flujo del río que corre debajo de ella. Este movimiento genera un efecto de cizalla en los bordes exteriores, donde la tierra roza constantemente contra el canal. Este proceso de roce actúa como un pulido natural que erosiona la isla y mantiene su forma casi circular, aunque esto mismo sea lo que cause su eventual reducción de tamaño.
Este fenómeno es comparable a lo que ocurre con los discos de hielo giratorios que se forman en ríos de climas fríos alrededor del mundo. La física implicada combina la rotación con el desgaste periférico. Un estudio realizado en 1997 planteó que la corriente del río crea un remolino bajo el disco, lo que provoca el giro y el posterior pulido de los bordes al chocar contra el hielo cercano o la orilla. Un dato que desconcertó a los investigadores durante años fue que la velocidad de rotación es independiente del tamaño del disco; formaciones de 2 metros giran a un ritmo muy similar a las de 80 metros.
Años más tarde, investigaciones adicionales profundizaron en la causa real. Un equipo de científicos belgas identificó un mecanismo térmico relacionado con la anomalía de la densidad del agua, la cual alcanza su punto máximo a los 4 °C. Cuando el agua se enfría cerca del hielo, se vuelve más densa y se hunde, generando el remolino que impulsa la rotación. Posteriormente, en 2025, un equipo de investigación de Singapur confirmó mediante simulaciones que este hundimiento de agua fría rompe el equilibrio del sistema, permitiendo que el disco gire por sí solo.
En conclusión, El Ojo es un testimonio de la capacidad de la naturaleza para crear geometrías perfectas sin intervención externa. El estudio de estos mecanismos de rotación y erosión sostenida no es solo una curiosidad geográfica, sino que posee una relevancia científica mayor, ya que ayuda a explicar procesos geofísicos a gran escala, tales como el volcamiento de icebergs o la deriva continental.






