Lo que comenzó hace una década como un proyecto paralelo, pequeño y aparentemente rápido, terminó convirtiéndose en un análisis exhaustivo sobre la naturaleza de la verdad en la política contemporánea. Un periodista, quien se desempeñó como corresponsal en Washington para el Toronto Star y posteriormente se incorporó a CNN como verificador de datos en 2019, ha compartido sus reflexiones tras pasar diez años siguiendo la pista de las declaraciones de Donald Trump.
El proyecto inició bajo la premisa de que el entonces candidato presidencial, quien contaba con pocas posibilidades en aquel momento, emitía una cantidad extraordinaria de mentiras que rara vez eran corregidas. Sin embargo, la realidad superó las expectativas del periodista, quien admitió haberse equivocado al pensar que Trump perdería las elecciones de 2016. Desde entonces, el exmandatario ha mantenido una falta de honestidad que se ha vuelto una característica central de la política en Estados Unidos y a nivel global, obligando a votantes, legisladores, aliados y adversarios a intentar descifrar la veracidad de sus palabras.
La escala de la deshonestidad alcanzó un punto crítico hacia finales de 2020. Dos meses antes de las elecciones de ese año, el periodista tuvo que abandonar su proyecto de verificación total debido a que el volumen de mentiras emitidas durante la campaña hacía físicamente imposible investigarlas todas sin sacrificar su salud. Para esa fecha, el registro contabilizaba más de 8.500 afirmaciones falsas desde septiembre de 2016. Aunque hubo una pausa durante la presidencia de Joe Biden —quien, según el autor, ha tenido sus propios problemas de precisión, aunque lejos del volumen de Trump—, el regreso de Trump a la escena electoral en 2022 marcó el retorno de las falsedades, registrándose más de 20 afirmaciones engañosas solo en su discurso de lanzamiento de campaña.
El análisis revela que no hay ningún funcionario público en Washington que mienta con la frecuencia, evidencia y variedad de Trump. Mientras que otros políticos pueden mentir ocasionalmente, el periodista describe a Trump como un mentiroso político excepcional. Se ha observado que las rachas más intensas de mentiras surgen como respuesta a dificultades políticas, citando como ejemplos las elecciones intermedias de 2018, el escándalo de Ucrania en 2019, la pandemia de covid-19 en 2020 y la derrota electoral de ese mismo año.
Un rasgo particular es la invención de historias triviales que no tienen importancia política real, como una supuesta llamada de los Boy Scouts, un premio inexistente de “Hombre del Año” en Michigan o la negación de asientos vacíos en eventos públicos. El periodista señala que el patrón de Trump es la repetición: dice las mismas cosas falsas tantas veces que el proceso de desmentido se vuelve mecánico.
Además, el autor identifica señales específicas que suelen preceder a una mentira. Cuando Trump narra historias donde personas anónimas lo llaman “señor”, donde hombres corpulentos de clase trabajadora lloran en su presencia, o donde sus críticos acuden a suplicarle, generalmente se trata de ficción diseñada para presentarlo como una figura dominante. Asimismo, el uso de cualquier tipo de cifra —ya sea de inflación, encuestas o precios de gasolina— es un indicador de alerta, pues un porcentaje asombroso de sus números es incorrecto, incluso cuando una estadística precisa podría favorecerlo.
El periodista también advierte que Trump no solo inventa mentiras para beneficio propio, sino que adopta teorías de conspiración de terceros que parece creer genuinamente. A pesar de las constantes correcciones, el exmandatario suele ignorarlas o repetir la mentira inmediatamente después de ser corregido, insistiendo en que tiene razón.
Finalmente, el análisis destaca un cambio en el entorno del político. Mientras que en su primer mandato sus asesores evitaban responder sobre las mentiras, ahora se rodea de personas dispuestas a afirmar que “tiene razón” incluso ante pruebas contrarias. A esto se suma la crítica hacia los medios de comunicación, tanto los favorables como los neutrales, que a menudo han fallado al no señalar la falta de honestidad de manera directa o al citar mentiras sin explicar que eran falsas.




