Un equipo de investigadores en Estados Unidos ha identificado diversas proteínas presentes en la sangre que experimentan cambios significativos durante la administración de lecanemab, un fármaco diseñado para combatir la enfermedad de Alzheimer y comercializado bajo el nombre de Leqembi. Este hallazgo es especialmente relevante ya que los científicos consideran que algunos de estos biomarcadores podrían utilizarse en el futuro para verificar de manera precisa cómo responde cada paciente individual a esta terapia específica.
Los resultados de esta investigación han sido publicados en la prestigiosa revista The Lancet Neurology. El estudio se basó en el seguimiento detallado de 197 personas que presentaban síntomas iniciales de Alzheimer y una acumulación confirmada de placas de proteína amiloide en el cerebro.
Para comprender la importancia de este avance, es necesario analizar la naturaleza de las terapias antiamiloides. Estos tratamientos están indicados para pacientes que se encuentran en las primeras etapas de la patología y su función principal es eliminar los depósitos de proteína amiloide que se acumulan en el tejido cerebral. Aunque los ensayos clínicos han demostrado que estas terapias pueden ralentizar la progresión de la enfermedad, es fundamental precisar que no curan el Alzheimer ni tienen la capacidad de recuperar las funciones cognitivas que ya se han perdido.
Hasta el momento, el seguimiento de estos pacientes ha representado un reto para la comunidad médica debido a la escasez de herramientas sencillas para comprobar el efecto real del tratamiento en cada individuo. Actualmente, la única forma de confirmar que las placas amiloides están siendo eliminadas es mediante pruebas de neuroimagen. Sin embargo, estos procedimientos suelen ser costosos y no están disponibles con facilidad en todos los centros sanitarios, lo que limita el monitoreo constante.
Suzanne Schindler, profesora de Neurología en WashU Medicine y coautora principal del estudio, ha destacado la dificultad de brindar respuestas claras a los pacientes sobre el funcionamiento de estas terapias. Según explica, aunque los ensayos clínicos indican que los tratamientos antiamiloide probablemente ayuden al paciente promedio con síntomas iniciales, las herramientas para monitorizar los efectos individuales son limitadas. En este sentido, la disponibilidad de un análisis de sangre que indique si el amiloide del cerebro se está eliminando y cómo está cambiando sería de gran utilidad clínica.
El proceso de investigación, liderado por Rui Mu, estudiante de posgrado en el laboratorio del investigador Carlos Cruchaga, consistió en seguir a los 197 pacientes durante un periodo máximo de dos años. Durante este tiempo, los participantes recibieron una infusión de lecanemab cada dos semanas. El equipo médico realizó análisis de sangre y pruebas cognitivas aproximadamente cada seis meses, mientras que un subgrupo de pacientes se sometió a pruebas de neuroimagen para contrastar la evolución de las placas amiloides.
El análisis se centró en 130 proteínas presentes en el plasma sanguíneo, comparando sus niveles con los cambios en las capacidades cognitivas y la eliminación de amiloide observada en el cerebro. Los resultados revelaron que 34 de estas proteínas sufrieron cambios significativos tras el tratamiento. Carlos Cruchaga, profesor del Departamento de Psiquiatría y director fundador del Centro de Neurogenómica e Informática de WashU Medicine, señaló que varios marcadores de la patología volvieron a niveles similares a los de personas cognitivamente sanas, lo que sugiere una eliminación efectiva de las placas amiloides.
Entre las proteínas identificadas destaca la tau fosforilada, uno de los marcadores principales de la enfermedad de Alzheimer, la cual se acumula anormalmente en el cerebro de quienes padecen la patología. Asimismo, el estudio detectó un incremento en proteínas relacionadas con la inflamación. Los investigadores explican que esto es coherente con el mecanismo de acción del fármaco, ya que las terapias antiamiloides estimulan a la microglía —células inmunitarias del cerebro— para que eliminen las placas. Cruchaga aclaró que este aumento de proteínas relacionadas con la activación microglial sugiere que el sistema inmunitario está reaccionando según lo previsto, subrayando que estos cambios inflamatorios no se asociaron con un deterioro cognitivo más rápido en los pacientes.
Finalmente, el trabajo ha permitido clasificar los biomarcadores en dos grupos con aplicaciones distintas. El primer grupo está relacionado directamente con la eliminación del amiloide, lo que, de confirmarse en futuros estudios, permitiría determinar la duración óptima del tratamiento sin depender exclusivamente de costosas imágenes cerebrales. El segundo grupo de biomarcadores se vinculó con cambios en el pensamiento y la memoria, lo que abre la posibilidad de desarrollar pruebas pronósticas para orientar a los pacientes y a sus cuidadores sobre la evolución probable de la enfermedad.





