La capacidad de vigilancia sanitaria en el continente americano ha experimentado una transformación significativa en los últimos años. Según declaraciones brindadas por Jarbas Barbosa, director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la región ha pasado de un escenario de vulnerabilidad técnica a uno de mayor coordinación. Antes del inicio de la pandemia en el año 2020, la capacidad de realizar una vigilancia masiva en las Américas estaba restringida únicamente a Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, en la actualidad, la red de monitoreo coordinada por la OPS ya cuenta con la participación de 30 países.
Este incremento en la membresía de la red permite que Latinoamérica se encuentre en una posición de estar mejor preparada ante la posibilidad de enfrentar una amenaza sanitaria futura. No obstante, el director de la OPS ha sido cauteloso respecto al estado de preparación absoluta. En el marco de la reunión de alto nivel sobre pandemias celebrada este viernes en la Asamblea General de la ONU, Barbosa advirtió que ningún país puede considerarse completamente preparado. Esta postura se fundamenta en el alto nivel de incertidumbre que rodea a las emergencias sanitarias, señalando que regiones como la latinoamericana todavía requieren reforzar sus capacidades actuales.
La agenda de la OPS durante la semana de sesiones de la Asamblea General no se limitó al ámbito americano. La organización mantuvo encuentros con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC) para analizar los desafíos relacionados con el financiamiento de la prevención, la preparación y la respuesta ante pandemias. El objetivo central de estas deliberaciones es la construcción de una seguridad sanitaria mundial más robusta, reconociendo que la prevención requiere de recursos financieros sostenibles.
Sobre este punto, Jarbas Barbosa enfatizó que la seguridad sanitaria es un esfuerzo colectivo que no puede recaer sobre los hombros de una sola nación. El director explicó que ningún país, actuando de forma aislada, tiene la capacidad de abordar estas amenazas. Por esta razón, resulta imperativo fortalecer tanto las capacidades nacionales como las regionales. La estrategia fundamental para una respuesta coordinada y efectiva radica en dos pilares: la detección temprana de los agentes patógenos y el intercambio transparente y rápido de toda la información disponible entre los Estados.
En el caso específico de América Latina, los avances han sido notables. Durante los últimos años, la OPS ha logrado establecer un flujo constante de información actualizada proveniente del monitoreo de virus. Esta capacidad técnica es crucial, ya que permite a los expertos y autoridades sanitarias identificar rápidamente la aparición de nuevas cepas, lo que facilita una toma de decisiones más informada y oportuna para mitigar la propagación de enfermedades.
Paralelamente a los esfuerzos regionales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado el tono de urgencia a nivel global. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, instó este viernes a los Estados miembros a cerrar un tratado global pandémico. Adhanom fue tajante al afirmar que la desatación de una nueva pandemia es una certeza, señalando que la cuestión no es si ocurrirá, sino cuándo sucederá.
Para hacer frente a esta inevitabilidad, el director de la OMS urgió a los países a concluir lo antes posible el Sistema de Acceso a Patógenos y Participación en los Beneficios, conocido por sus siglas en inglés como PABS. Este sistema se plantea como un acuerdo recíproco en el que los países comparten información crítica sobre patógenos. La finalidad de este acuerdo es posibilitar una respuesta global que sea más rápida y efectiva, asegurando que los beneficios derivados de dicha información sean compartidos y utilizados para la protección de la salud pública mundial.





