La gobernadora demócrata de Nuevo México, Michelle Lujan Grisham, ha manifestado un rotundo rechazo ante la propuesta del presidente Donald Trump de cambiar el nombre de su estado a ‘Nueva América’. A través de un mensaje publicado en su cuenta de X, la mandataria estatal fue enfática al señalar que la identidad del territorio no es un asunto sujeto a negociación. “El nombre de Nuevo México no está a debate: Nos pertenece desde antes de que existieran los Estados Unidos”, declaró Lujan Grisham.
Más allá de la disputa nominal, la gobernadora lanzó una dura crítica política contra el presidente, acusándolo de utilizar este tema como una “cortina de humo”. Según la funcionaria, el objetivo de Trump sería desviar la atención de la ciudadanía y de los votantes sobre el incremento en el precio de la gasolina, así como las repercusiones financieras que el conflicto bélico en Irán ha generado en las familias estadounidenses tras más de seis meses de duración. Lujan Grisham puntualizó que, mientras la Casa Blanca “pierde el tiempo coloreando mapas”, el estado de Nuevo México se mantiene enfocado en realizar el trabajo administrativo y gubernamental necesario.
Estas declaraciones surgen luego de que el presidente Donald Trump publicara, el pasado lunes 7 de septiembre, una imagen en su red social Truth Social. En dicho mapa, el mandatario incluyó a México, Canadá, Groenlandia, Cuba, Centroamérica y diversas islas del Caribe como si formaran parte del territorio de los Estados Unidos, reforzando la percepción de la gobernadora sobre la obsesión del presidente por redibujar la geografía regional.
La intención de rebautizar Nuevo México no representa un hecho aislado en la gestión de Trump. Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente ha implementado una estrategia de sustituir nombres de territorios o accidentes geográficos por denominaciones vinculadas a los Estados Unidos, aunque estas modificaciones tengan validez únicamente dentro de la administración estadounidense.
Uno de los ejemplos más notables ocurrió el 20 de enero de 2025, fecha en la que Trump regresó a la Casa Blanca. En ese momento, firmó una orden ejecutiva para que el Gobierno de los Estados Unidos comenzara a utilizar el término ‘Golfo de América’ en lugar de Golfo de México. A pesar de que este cambio fue incorporado en los documentos oficiales y registros geográficos de EE. UU., el Gobierno de México mantuvo la denominación original. La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado en diversas ocasiones que el nombre Golfo de México continúa siendo el reconocido a nivel internacional.
Esta tendencia continuó en agosto de 2026, cuando el presidente dirigió su atención hacia el lago Ontario, uno de los cinco Grandes Lagos compartido entre Estados Unidos y Canadá. Trump firmó una orden ejecutiva para que la porción estadounidense del lago fuera reconocida como ‘Lago América’, una medida que se dio en un contexto de crecientes tensiones comerciales con el gobierno canadiense. Al respecto, el primer ministro Mark Carney respondió que, para Canadá, el cuerpo de agua seguirá siendo “ahora y siempre” el lago Ontario.
Además de estas medidas oficiales, el presidente ha realizado sugerencias y bromas sobre otros cambios geográficos. En 2026, propuso que el Estrecho de Ormuz fuera renombrado como el ‘Estrecho de Trump’. Asimismo, mencionó anteriormente que había considerado llamar ‘Golfo de Trump’ al Golfo de México.
Desde una perspectiva histórica, el nombre de Nuevo México posee raíces profundas que preceden a la independencia de México y de los Estados Unidos. De acuerdo con National Geographic, los exploradores españoles bautizaron la región como Nuevo México bajo la premisa de que allí podrían hallar yacimientos de oro y plata similares a los encontrados en el ‘viejo’ México.
Tras la guerra de 1848, mediante la cual Estados Unidos arrebató el territorio a México, existieron diversos intentos por cambiar el nombre de la región. Según datos de la Universidad de Nuevo México, el Congreso consideró propuestas basadas en palabras indígenas, específicamente Montezuma y Acoma. También se evaluaron los términos españoles ‘salado’ y ‘sierra’, aunque ninguna de estas opciones logró un respaldo significativo. Incluso se planteó la posibilidad de fusionar el territorio con el estado de Arizona, pero los habitantes de aquel estado rechazaron la propuesta. Finalmente, Nuevo México fue admitido como el estado número 47 de la unión en 1912, conservando el nombre que hoy defiende la gobernadora Lujan Grisham.




