¿Por qué los precios siguen subiendo en Estados Unidos a pesar de que los políticos prometen lo contrario? La respuesta es una paradoja económica: mientras los votantes castigan la inflación en las urnas, Washington sigue alimentándola.
Tanto la izquierda como la derecha han adoptado una economía populista. El gasto masivo y los aranceles impulsan la inflación, pero las soluciones reales, como recortar el gasto o subir impuestos, son políticamente impopulares y podrían perjudicar la economía a corto plazo.
Esto ya tiene consecuencias reales. El mercado de bonos está convulsionado; los inversionistas exigen rendimientos más altos ante el riesgo de que sus inversiones pierdan valor. El resultado directo para el ciudadano común: tasas de interés y créditos hipotecarios más caros.
Actualmente, la política fiscal está acelerando la economía. Si bien esto ha mantenido el desempleo bajo y el mercado bursátil en máximos, la inflación persiste por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal, señal de que la economía podría estar sobrecalentándose.
El Partido Republicano, a pesar de sus promesas de control de déficit, ha visto cómo la deuda nacional superó los 40 billones de dólares. Nuevas leyes de impuestos e inmigración podrían añadir otros 4.7 billones a la deuda en una década, sumado a una propuesta de elevar el gasto en defensa hasta los 1.5 billones de dólares.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, ha declarado la guerra a la inflación, pero la Reserva Federal no puede actuar sola. Si la política fiscal expansiva continúa sin alinearse con la monetaria, economistas advierten que el camino podría conducir a una crisis bancaria y monetaria. Al final, alguien tendrá que tomar la decisión impopular de subir los impuestos para frenar este ciclo.
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