Francia se encuentra en una encrucijada fiscal peligrosa. El país ha gastado más de lo que puede devolver y ahora enfrenta el momento de pagar la factura. Con una deuda pública que ronda el 119% de su PIB y un déficit del 5,4%, el gobierno francés se debate entre subir impuestos o recortar el gasto, medidas que podrían enfurecer a una ciudadanía ya indignada.
Este escenario no es un caso aislado. Según el Fondo Monetario Internacional, para finales de la década, la carga de la deuda de las economías del G7 podría superar su producción económica. Países como el Reino Unido atraviesan dificultades similares, marcadas por costes de financiación elevados y falta de voluntad política.
Pero, ¿por qué Estados Unidos, con una deuda de 32 billones de dólares y un déficit que representa más del 6% de su PIB, no enfrenta la misma urgencia? De hecho, uno de cada siete dólares recaudados en impuestos se destina exclusivamente a pagar intereses de deuda.
La diferencia radica en que Estados Unidos emite la moneda de reserva mundial. El dólar y los bonos del Tesoro siguen siendo el activo refugio por excelencia para los inversores globales. Además, cuenta con una economía diversificada y un auge en la inversión en inteligencia artificial que impulsa el crecimiento, permitiéndole gestionar su deuda con mayor soltura que Francia.
Sin embargo, los economistas advierten que esto no debe confundirse con responsabilidad fiscal. El próximo año, Estados Unidos alcanzará nuevamente su techo de deuda, lo que obligará a negociaciones políticas complejas entre el Congreso y la presidencia. De no lograrse un acuerdo para elevar dicho límite, el país podría enfrentar un impago, a pesar de tener la capacidad teórica de realizar los pagos.
Siguenos en Noticias lat para más noticias.





