¿Puede el petróleo ser una bendición y una maldición al mismo tiempo? Para Argentina, la respuesta es sí. El barril Brent ya ronda los 110 dólares, lo que favorece los ingresos, pero dispara alarmas globales.
La suba del crudo presiona la inflación en Estados Unidos, obligando a mantener tasas de interés altas. Esto golpea directamente a los activos de riesgo: el índice Nasdaq cayó un 5% la última semana y el riesgo país argentino trepó hasta los 648 puntos básicos.
El problema se agrava por el diseño de los bonos locales. Mientras los bonos del Tesoro estadounidense rinden un 5% anual, los Bonares 2030 pagan solo el 1%. Esta falta de atractivo, sumada al clima internacional, deteriora las cotizaciones de la deuda local.
En el plano interno, el impacto es directo: la inflación mayorista subió un 3,2%, impulsada en gran medida por el aumento del 15% mensual en crudo y gas. Esto eleva los costos de producción para las empresas, lo que dificultará una baja mayor de la inflación minorista.
A esto se suma la incertidumbre política. Con la imagen de Javier Milei estable pero estancada entre el 36% y el 38,5%, el escenario electoral de 2027 muestra una paridad con sus principales oponentes. Los inversores ya miran hacia 2028, donde los bonos rinden un 10% anual, reflejando el temor a un posible retorno de recetas populistas.
A pesar de esto, el Gobierno asegura tener los recursos para afrontar los pagos de deuda de 2027, mencionando incluso el uso del swap chino si fuera necesario. Además, se apuesta a las inversiones del RIGI, que ya superan los 50.000 millones de dólares, para garantizar el ingreso de divisas.
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