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Abelardo de la Espriella asume la presidencia de Colombia con un fuerte énfasis en seguridad, fe y ruptura institucional

Abelardo de la Espriella se posesionó este viernes como presidente de Colombia en un acto de casi tres horas que se realizó por primera vez en la historia moderna fuera de Bogotá.

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Abelardo de la Espriella asume la presidencia de Colombia con un fuerte énfasis en seguridad, fe y ruptura institucional

Abelardo de la Espriella se posesionó este viernes como presidente de Colombia en una ceremonia que se extendió por casi tres horas y que marcó un precedente en la historia moderna del país al realizarse, por primera vez, fuera de la capital, Bogotá. El evento estuvo cargado de simbolismos que delinean la hoja de ruta del nuevo gobierno, centrando sus prioridades en la seguridad nacional, la influencia religiosa y el apoyo a los emprendedores.

La jornada comenzó en el auditorio de una universidad privada, espacio que acogió a delegaciones internacionales, congresistas y altos funcionarios del gobierno entrante. En este recinto se llevaron a cabo los actos protocolarios fundamentales: la toma de juramento y la imposición de la banda presidencial tanto para De la Espriella como para su vicepresidente, José Manuel Restrepo.

Uno de los momentos más disruptivos de la ceremonia ocurrió inmediatamente después del juramento. El auditorio se sumergió en la oscuridad para dar paso a una presentación musical de la cantante Maía, quien interpretó una versión de "Aleluya" de Leonard Cohen. Este acto dio inicio a un bloque religioso que se prolongó durante 28 minutos, compuesto por oraciones de diversos líderes espirituales.

Entre las intervenciones destacó la del Gran Rabino de la Comunidad Hebrea Sefaradí, David Michaan, quien culminó su discurso con la expresión "viva Israel". Este gesto fue interpretado como una señal clara del giro radical que el nuevo gobierno imprimirá en la política exterior, especialmente en Medio Oriente. Mientras que el presidente saliente, Gustavo Petro, había roto relaciones con el gobierno israelí debido a la ofensiva en Gaza y se había posicionado como un líder pro-palestino, De la Espriella ha manifestado que Israel será un aliado estratégico en materia de seguridad y ha anunciado su intención de trasladar la embajada a Jerusalén.

El componente religioso continuó con el pastor Eduardo Cañas, fundador de la Iglesia Manantial de Vida Eterna, representante de un sector evangélico que fue fundamental durante la campaña electoral. Esta influencia se reflejará en la estructura del Ejecutivo, ya que figuras como Jaime Andrés Beltrán, ministro de Vivienda, y Viviane Morales, ministra de Educación, basaron su capital político en el discurso de fe y el apoyo de las iglesias evangélicas. La ceremonia religiosa concluyó con la intervención del capellán de la Presidencia y el presidente de la Conferencia Episcopal.

Este énfasis en la fe generó reacciones críticas. La senadora Jennifer Pedraza manifestó a través de su cuenta de X que decidió retirarse del acto, argumentando que la ceremonia amenazaba la naturaleza laica del Estado colombiano, mandato establecido en la Constitución. Para Pedraza, el evento representó el incumplimiento de la primera promesa de respetar la Carta Magna. Cabe destacar que la relación de De la Espriella con la religión ha sido un punto de debate, ya que el mandatario se había declarado ateo en el pasado, aunque sostiene haberse convertido a la fe hace seis años.

Tras los actos en la universidad, el presidente se trasladó al Batallón Pichincha, un cantón militar histórico donde hace tres meses ocurrió un atentado fallido. Desde allí, y frente a escuadrones militares, De la Espriella pronunció un discurso de más de una hora, transmitido en vivo para quienes permanecieron en el auditorio. La elección de un cuartel militar como escenario fue una decisión deliberada para simbolizar el respaldo a la fuerza pública y el inicio de una política de "mano dura".

En su discurso, el mandatario fue enfático en que la seguridad se construye con autoridad y constancia, rechazando cualquier concesión al crimen. Bajo el apodo de "El Tigre", De la Espriella afirmó que "sabrán lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano", asegurando que la opción del diálogo con las organizaciones criminales y el narcoterrorismo está "completamente agotada".

Otro elemento central de la posesión fue la presencia de Luis Felipe Yagüé, un vendedor de panela de 74 años originario de Florencia, Caquetá. Yagüé se convirtió en un símbolo del llamado "abelardismo" tras viralizarse un video donde un cliente amenazaba con dejar de comprarle panela por votar por De la Espriella, haciendo referencia a una frase del candidato donde prometía "destripar a la izquierda". El presidente abrazó efusivamente a Yagüé en la tarima, nombrándolo "invitado especial" y primer beneficiario de "La Ruta Milagro", un programa social diseñado para impulsar el crecimiento de pequeños negocios.

Finalmente, la ceremonia estuvo marcada por notables ausencias. El presidente saliente, Gustavo Petro, no asistió al evento, limitándose a realizar un breve acto de salida de la Casa de Nariño en Bogotá. Asimismo, no fueron invitados los expresidentes Ernesto Samper ni Juan Manuel Santos, de quienes De la Espriella ha sido un crítico abierto. El nuevo ciclo presidencial cerró sus discursos con la frase "Que viva cristo rey", consolidando la impronta de fe y autoridad que caracterizará su gestión.

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