Un equipo de investigadores ha señalado haber encontrado la prueba más contundente hasta la fecha sobre la existencia de glóbulos rojos en un fósil de dinosaurio. El hallazgo se basa en el análisis de un hueso con una antigüedad de 115 millones de años, cuyos rastros de sangre prehistórica podrían revelar pistas sin precedentes sobre la biología de estos animales, aunque su confirmación definitiva ha sido un proceso sumamente complejo.
El estudio, publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, se centra en un hueso perteneciente a la extremidad posterior del Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio terópodo del Cretácico inferior. El espécimen fue desenterrado en 2008 en el yacimiento geológico Mina Pedra Branca, ubicado en el noreste de Brasil, dentro de la Formación Romualdo. Esta zona es reconocida por los paleontólogos debido a que sus fósiles se encuentran excepcionalmente bien conservados, posiblemente gracias a que las aguas estancadas del entorno limitaron la presencia de oxígeno y ralentizaron la descomposición de los restos orgánicos.
La preservación de tejidos, células y muestras biológicas blandas es un fenómeno extremadamente raro durante el proceso de fosilización, lo que ha generado controversias en la comunidad científica. Si bien desde finales de la década de 1990 se han descrito estructuras similares a glóbulos rojos en reptiles y dinosaurios, su autenticidad ha sido objeto de intensos debates. Para abordar esta problemática, los investigadores emplearon una combinación de técnicas avanzadas de microscopía y análisis químicos.
Los resultados revelaron la presencia de microestructuras de forma ovalada dentro de los canales vasculares del hueso, que son tubos microscópicos destinados a contener fibras nerviosas y vasos sanguíneos. No obstante, la evidencia más significativa fue la detección química de hemo, una molécula integrante de la hemoglobina, la proteína responsable del transporte de oxígeno en la sangre. Según los autores del estudio, es la primera vez que se detecta hemo in situ, es decir, directamente dentro de las estructuras preservadas en un fósil de dinosaurio.
Kliti Grice, geoquímica orgánica y profesora distinguida en la Universidad Curtin en Perth, Australia, y autora principal de la investigación, destacó que el buen estado de conservación del hueso y el nuevo enfoque metodológico refuerzan la idea de que las moléculas biológicas pueden perdurar en fósiles prehistóricos. Grice señaló que lo más fascinante no es solo el descubrimiento en este ejemplar, sino la disponibilidad de métodos que ahora pueden aplicarse a otros fósiles para descubrir cuánta información biológica original permanece oculta en las colecciones de los museos.
A pesar de los avances, el hallazgo no cuenta con el consenso total de los expertos. Mary Schweitzer, profesora emérita de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, cuestionó si los hallazgos cumplen con los estándares establecidos para la identificación de células sanguíneas fosilizadas. Schweitzer puso en duda la relación entre el tamaño y forma de las estructuras halladas con los glóbulos rojos de los parientes vivos de los dinosaurios, además de cuestionar la relevancia de la hausmannita, un óxido de manganeso predominante en la muestra que no se encuentra en glóbulos rojos de organismos vivos.
Ante estas observaciones, Grice aclaró que el equipo no considera a la hausmannita como un componente original de las células, sino como un mineral que se formó durante la fosilización y que pudo haber contribuido a estabilizar y preservar tanto las estructuras como la evidencia molecular. Por su parte, Timothy Cleland, científico físico del Instituto de Conservación de Museos de la Institución Smithsonian, añadió que las diferencias de forma y tamaño respecto a aves y cocodrilianos actuales podrían deberse a que las células no conservan la forma original tras la muerte y la fosilización.
Respecto a la posibilidad de recrear ADN, similar a lo visto en la ficción de "Jurassic Park", Cleland advirtió que esto no es necesariamente posible. Explicó que el grupo hemo y el ADN son moléculas distintas que se fosilizan de maneras diferentes, por lo que encontrar hemo no garantiza que el material genético haya sobrevivido.
El equipo de Grice planea ahora extender su investigación a otras especies y periodos geológicos para determinar si este tipo de conservación es común o un evento extraordinario. De lograrse, este avance permitiría estudiar la fisiología de animales extintos, el transporte de oxígeno en sus organismos y la evolución molecular a lo largo del tiempo.




