El estudio de un meteorito hallado en Malí, denominado Teghaza 001, ha proporcionado nuevas evidencias sobre las condiciones geológicas del Marte primitivo. La roca, cuya antigüedad se estima en al menos 4.100 millones de años, conserva señales de que el agua circulaba por la corteza del planeta rojo mientras se formaba, además de aportar datos sobre la composición de su manto profundo.
La investigación, liderada por la científica planetaria Yang Liu, del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, y publicada en la revista Science, destaca la excepcional edad de esta muestra. Teghaza 001 se convierte en el tercer meteorito marciano conocido con una antigüedad genuinamente excepcional, uniéndose a un grupo reducido compuesto por Allan Hills 84001, recuperado en la Antártida, y Black Beauty, procedente del noroeste de África.
La mayoría de los meteoritos marcianos que han llegado a la Tierra, clasificados en las familias de shergottitas, nakhlitas y chassignitas, tienen edades de 2.400 millones de años o menos. Esta disparidad deja a los científicos con muy pocas muestras de la corteza más antigua, a pesar de que los recuentos de cráteres sugieren que gran parte de la superficie de Marte supera los 3.000 millones de años. Según Liu, la escasez de muestras antiguas puede deberse al proceso de expulsión del planeta: solo los fragmentos que sobreviven a un impacto intenso sin destruirse y logran escapar de la gravedad marciana llegan a la Tierra.
El camino de Teghaza 001 hacia el análisis científico comenzó en el comercio de meteoritos del Sáhara. Buscadores en Malí localizaron ocho piedras, con un peso total inferior a 800 gramos, que fueron adquiridas por un coleccionista privado. Posteriormente, un fragmento fue enviado a la Universidad de Nuevo México, donde los científicos Carl Agee y Karen Ziegler realizaron los primeros análisis de isótopos de oxígeno para confirmar su origen marciano. Aunque inicialmente se clasificó como una shergottita, el equipo de Liu detectó anomalías mineralógicas, como material rico en manganeso (que resultó ser terrestre) y una estructura de granos de hasta un milímetro compuesta por feldespato pálido y cristales oscuros de piroxeno.
La estructura de la roca sugiere que se enfrió lentamente, con una tasa estimada de 0,01 °C por año, lo que indica que el magma se solidificó dentro de la corteza en lugar de ser expulsado en una erupción. Para determinar la edad, se utilizaron varios métodos independientes: los granos de circón indicaron unos 4.110 millones de años, resultado que fue respaldado por la datación de rubidio-estroncio y el análisis de minerales de fosfato.
Uno de los hallazgos más relevantes es la presencia de sodio en los bordes de los feldespatos y atrapado en los circones, lo que respalda la hipótesis de que agua caliente atravesó la roca poco después de su formación. Asimismo, la proporción de oxígeno-18 en Teghaza 001 es aproximadamente dos partes por mil superior a la de otros meteoritos marcianos. Este enriquecimiento sugiere que la roca interactuó con agua superficial o que el magma reaccionó con fluidos antes de enfriarse completamente, lo que es compatible con la existencia de una hidrosfera en el Marte primitivo y entornos potencialmente habitables.
En cuanto a su origen interno, la química de la roca apunta a una fuente de magma profunda. La relación entre el zirconio y el titanio sugiere que el material del manto contenía granate, mineral que se encuentra a profundidades superiores a los 160 kilómetros. Este dato indica que el manto marciano evolucionó de manera más compleja durante sus primeros cientos de millones de años de lo que proponían los modelos previos, que sugerían la existencia de entre tres y cinco reservorios tras la solidificación del océano de magma hace 4.500 millones de años.
Finalmente, el equipo plantea que Teghaza 001 pudo originarse en las tierras altas del sur, al noroeste de la cuenca de impacto de Hellas. Aunque el análisis inicial ha sido fundamental, Yang Liu señala que las muestras recogidas con contexto geológico, como las que el rover Perseverance está reuniendo en el cráter Jezero, serán aún más reveladoras para comprender la historia local y la evolución del sistema solar primitivo.






