Alberto Núñez Feijóo ha decidido suspender su actividad de campaña electoral hasta que finalice el periodo de luto oficial decretado a raíz del accidente ocurrido en Urda. El líder del Partido Popular retomará su agenda el próximo lunes, fecha en la que convocará al Comité Ejecutivo Nacional. Este encuentro se produce apenas unos días después de una reunión previa centrada en el adelanto electoral del 29-N, en la cual el objetivo principal era instar a los cuadros del partido a mantener la estructura activa. Sin embargo, la convocatoria del lunes tendrá un propósito distinto: analizar los acontecimientos recientes y evaluar el "giro de 180 grados" que ha dado la campaña, una transformación que ya es reconocida abiertamente por diversos cargos dentro del propio PP.
En los últimos días, Feijóo ha modificado sustancialmente sus mensajes, centrando su comunicación en tres ejes fundamentales: "rigor, experiencia y gestión". Esta nueva línea discursiva se ha implementado con especial cautela, evitando elevar el tono político por respeto a las víctimas de la tragedia de Urda. Este cambio supone un alejamiento deliberado de su papel previo como líder de la oposición centrado en la confrontación directa. El líder popular ha pasado de bajar a la arena para denunciar conceptos como el "feminismo de orgías" o las "prostitutas pagadas con dinero público" a potenciar un perfil mucho más institucional y con una clara vocación presidenciable.
Este marco institucional es, en esencia, el terreno donde Feijóo se siente más cómodo y el que mejor domina. Para reforzar esta imagen, el líder del PP ha puesto en valor su trayectoria profesional previa, haciendo hincapié en su paso por entidades como Correos, el Insalud y su gestión en la Xunta. Esta apuesta por la competencia técnica quedó plasmada este jueves, cuando lanzó una advertencia tanto a sus correligionarios como al entorno externo, asegurando que no nombrará a nadie para cargos públicos que no cumpla estrictamente con los requisitos de experiencia, rigor y gestión, subrayando además la necesidad de que los seleccionados conozcan profundamente la materia del cargo que vayan a ocupar.
La transformación no solo ha sido discursiva, sino también visual y simbólica. En sus comparecencias más recientes ante los medios de comunicación, Feijóo ha mantenido una estética de máxima sobriedad: traje, corbata negra en señal de luto y un fondo oscuro. El escenario ha estado complementado con las banderas de España y de la Unión Europea, ambas adornadas con un crespón negro. Para reforzar la percepción de seriedad y templanza en momentos de crisis, este viernes el líder popular se hizo rodear de expertos ferroviarios, consejeros de transportes y miembros de la cúpula de su formación, proyectando una imagen de gestión técnica frente a la zozobra.
A pesar del impacto emocional que ha supuesto para el PP la pérdida de la exministra Fátima Báñez, Feijóo ha intentado asumir la dirección de la crisis con la actitud que tendría si ya fuera el presidente del Gobierno. La principal limitación actual es que, al no ostentar el cargo, solo puede prometer actuaciones futuras en lugar de ejecutarlas, apostando a que los ciudadanos decidan "dimitir a Puente en las urnas". Desde el seno del partido se defiende que la elección actual consiste, fundamentalmente, en decidir quién debe ser la persona encargada de nombrar al próximo ministro de Transportes.
La permanencia de José Luis Ábalos Puente en su cargo permite al PP mantener un enfrentamiento directo con un ministro habituado al conflicto y que suele actuar como parapeto del presidente Pedro Sánchez. No obstante, esta situación también puede afectar la imagen del PP. Por su parte, Sánchez ha intentado también proyectar un perfil gestor, apoyándose en el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, a pesar de la conocida mala relación entre ambos.
Sin embargo, la falta de interlocución entre Sánchez y Feijóo persiste. El presidente del Gobierno no ha contactado con el líder del PP, ni siquiera para expresar sus condolencias por el fallecimiento de Fátima Báñez, hecho que tampoco ha sido subsanado por ningún miembro del PSOE, según confirma la dirección nacional del PP. Esta ausencia de comunicación es un síntoma de una relación fracturada que se remonta al inicio de la presidencia de Feijóo en el PP.
Desde aquel momento, el Gobierno ha evitado informar a la oposición sobre asuntos críticos, tanto en el ámbito interno como internacional. Temas de gran calado como la cuestión del Sáhara, las relaciones con Marruecos, el apagón, la Dana, los sucesos en Adamuz o la crisis de Ceuta no han servido para que el presidente Sánchez aparque sus diferencias personales con Feijóo en favor de la institucionalidad y la colaboración necesaria para solventar los problemas del país.






