En el marco de unas elecciones calificadas como una de las más críticas en la historia de Israel, la figura de Gadi Eisenkot ha emergido como la principal alternativa política para desbancar a Benjamin Netanyahu. La propuesta electoral de Eisenkot se sostiene sobre un hecho simple pero contundente para muchos votantes: el deseo de un cambio de liderazgo frente a la gestión del actual primer ministro.
Sin embargo, la campaña no ha estado exenta de tensiones profundas. Recientemente, la trayectoria y los orígenes de Eisenkot se convirtieron en el centro de una tormenta política tras los ataques de Yinon Magal, presentador de televisión y portavoz cercano a Netanyahu. Magal utilizó comentarios de carácter racista, refiriéndose a Eisenkot como un “mono” de origen “mizrahi-marroquí” que sería manipulado por “élites asquenazíes”. Aunque Magal intentó retractarse posteriormente alegando que usaba un término de argot para referirse a un testaferro, el episodio reabrió la herida de las desigualdades históricas entre los judíos de origen europeo y aquellos procedentes de Medio Oriente. Incluso el propio Netanyahu condenó estas declaraciones.
Este incidente puso el foco sobre la historia personal de Eisenkot, un factor que los analistas consideran clave en su atractivo electoral. A diferencia de Netanyahu, criado en los círculos de poder de Jerusalén, Eisenkot es hijo de inmigrantes marroquíes y creció en Tiberíades y Eilat, lejos de los centros de influencia política. Con 66 años, el exgeneral representa una posibilidad inédita: si resulta vencedor en los comicios del 27 de octubre, se convertiría en el primer primer ministro de origen mizrahi en la historia de Israel.
La trayectoria de Eisenkot ha estado marcada por el servicio militar. Tras alistarse en la Brigada Golani en 1978, ascendió hasta ocupar el cargo de Jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019. Durante su mando, destacó su firmeza en la ética militar, especialmente en 2016, cuando respaldó la investigación y el juicio contra el sargento Elor Azaria por disparar a un atacante palestino herido en Hebrón, resistiendo las presiones de sectores de derecha y del propio Netanyahu.
Su entrada en la política ocurrió en 2022 junto a Benny Gantz. Tras los ataques del 7 de octubre de 2023, Eisenkot se integró en el gabinete de guerra de emergencia, aunque abandonó el cargo en junio de 2024 debido a la falta de una estrategia clara para la posguerra. Para Eisenkot, el conflicto ha tenido un coste personal devastador: su hijo menor, Gal, de 25 años, murió combatiendo en Gaza en diciembre de 2023, al igual que dos de sus sobrinos. Esta tragedia se ha convertido en el motor de su misión política, asegurando que el sacrificio de su hijo y sus compañeros no sea en vano.
Actualmente, Eisenkot lidera el partido Yashar —que significa “recto” o “directo”—. Las encuestas proyectan que su formación podría obtener entre 20 y 23 de los 120 escaños de la Knéset, superando al Likud de Netanyahu. No obstante, la victoria no está garantizada debido a la compleja aritmética de las coaliciones israelíes. Ningún bloque parece alcanzar la mayoría de 61 escaños, lo que plantea la posibilidad de un bloqueo político o de un gobierno en minoría apoyado externamente por partidos árabes, una opción que podría ser rechazada por los socios de derecha de Eisenkot.
En su plataforma, Eisenkot propone la creación de una comisión estatal de investigación sobre los fallos del 7 de octubre y el establecimiento del servicio militar o nacional obligatorio para todos los ciudadanos, eliminando las exenciones de los judíos ultraortodoxos. En seguridad, mantiene una línea dura similar a la de Netanyahu, apoyando las operaciones en Gaza, Líbano e Irán, y defendiendo la “doctrina Dahiyeh” de fuerza abrumadora. Aunque comparte el objetivo de impedir que Irán obtenga armas nucleares, sostiene que los logros militares deben ir acompañados de diplomacia.
Respecto a la cuestión palestina, Eisenkot ha evolucionado. Si bien anteriormente advirtió que el control sobre la Ribera Occidental podría llevar a un Estado binacional, recientemente ha rechazado la solución de dos Estados, calificándola de “delirio”. Aun así, se opone a la anexión formal, a los asentamientos ilegales y ha denunciado el “terrorismo judío” y la violencia de los colonos.
El escenario internacional añade una capa de complejidad. Donald Trump ha expresado su respaldo absoluto a Netanyahu, sugiriendo que cualquier otro líder sería el equivocado. A pesar de esto, analistas sugieren que un gobierno encabezado por Eisenkot, al no depender de extremistas como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, podría ser más moderado y facilitar la normalización regional con Arabia Saudita, una ambición compartida por la administración estadounidense.





