Franca Levin decidió que el próximo gran desafío de su vida sería viajar sola por África. Tras haber pasado varios años viviendo en Australia con el objetivo de ahorrar dinero, la uruguaya comprendió que era el momento de expandir su espíritu viajero. Su plan era ambicioso y claro: atravesar una gran porción del territorio africano por tierra, iniciando su travesía en Marruecos y culminando en Sudáfrica, buscando conocer geografías diversas y sumergirse en realidades desconocidas.
Para Levin, África poseía un encanto particular, impulsado principalmente por la curiosidad de aprender sobre un continente del cual admitía saber muy poco. Aunque inicialmente el plan parecía sencillo —recoger su mochila, sus ahorros y dejarse sorprender—, la realidad de ejecutar el viaje resultó ser muy distinta. Viajar en solitario implicó un proceso constante de aprendizaje sobre la marcha, la necesidad de adaptarse a costumbres ajenas y la responsabilidad de resolver imprevistos sin contar con el apoyo inmediato de un acompañante.
El camino hacia esta travesía comenzó mucho antes de pisar suelo africano. Durante años, la vida de Franca estuvo ligada estrictamente a las matemáticas; se desempeñaba como profesora de la materia en Montevideo y cursaba un posgrado en Argentina. Su rutina consistía en trabajar de lunes a jueves y viajar los fines de semana a Buenos Aires. Sin embargo, un canje de millas por un pasaje a Chile, donde pasó 40 días sola, cambió su perspectiva. Al conocer a personas que vivían viajando, comenzó a cuestionarse si deseaba dedicar los próximos 40 años de su vida a la misma actividad profesional.
Tras tomar la decisión de partir, exploró Australia, Samoa, Fiyi y diversos países del sudeste asiático. En este proceso nació "DeMente con Mochila", un blog que luego evolucionó hacia un canal de YouTube donde combina relatos, fotografías y reflexiones sobre los lugares visitados. A pesar de las advertencias de quienes consideraban riesgoso viajar de forma autónoma, sin guías ni agencias, Franca mantuvo su determinación. Según explica, el miedo hacia África suele basarse en la narrativa de los medios, que se centran casi exclusivamente en la guerra, la pobreza y los refugiados.
A sus 35 años, Levin sostiene que su capacidad para interpretar contextos y establecer límites ha evolucionado. Por esta razón, ha optado por no llevar elementos de defensa personal, argumentando que depender de ellos podría transformar cualquier interacción con un desconocido en una situación amenazante. Respecto a la seguridad, considera que el factor del riesgo en África está sobredimensionado y reflexiona que la violencia hacia las mujeres es un problema global. Incluso compara su experiencia, señalando que en Uruguay y Argentina el comportamiento callejero hacia las mujeres suele ser más invasivo o "baboso", algo que se ha normalizado en su región.
Durante casi dos años de viaje, Franca ha experimentado muy pocas situaciones negativas, las cuales atribuye mayormente a malentendidos. No obstante, es consciente de que su condición de turista blanca le otorga un cierto privilegio. Ha notado que los locales suelen mostrarse más simpáticos y serviciales con ella que con las mujeres locales, como aquellas que tienen puestos callejeros, reconociendo que su apariencia y excentricidad abren puertas que no están disponibles para todas. Asimismo, observó una marcada asignación de roles de género y una veneración hacia la figura de la madre, aunque aclara que es difícil juzgar la realidad doméstica basándose solo en lo que se observa en el espacio público.
Uno de los aspectos más transformadores del viaje ha sido el desmantelamiento de sus propios prejuicios, especialmente aquellos vinculados a la inteligencia y el conocimiento, que a menudo se asocian únicamente con Occidente. Franca relata cómo quedó impactada en Mauritania al descubrir juegos de lógica complejos practicados por nómades en el desierto, o en Senegal, donde conoció a un guía fluido en nueve idiomas. En Burkina Faso, se sorprendió al escuchar análisis políticos profundos y desarrollados, lo que la llevó a cuestionar por qué se asombraba de tales capacidades fuera de Europa o América.
Su proyecto actual no pretende ser una guía definitiva, sino una ventana a la vida cotidiana local que suele quedar fuera de los estereotipos. Ha destacado la hospitalidad de África occidental y la afinidad que siente con las personas, facilitada por su personalidad extrovertida y "terremoto". A pesar del agotamiento físico que implica combinar motos y autos compartidos en trayectos extenuantes, Levin no contempla regresar a su antigua vida. Para mantener su equilibrio emocional, realiza un ritual semanal: prepara unos mates y reflexiona sobre su elección de vida. Para Franca, la posibilidad de volver a un salón de clases es algo que espera evitar, prefiriendo la incertidumbre y el descubrimiento constante de la ruta.





