El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a centrar la atención pública en sus esfuerzos por modificar la nomenclatura geográfica del país con fines políticos. En una publicación reciente realizada a través de su plataforma Truth Social, el mandatario solicitó formalmente que el estado de Nuevo México cambie su denominación oficial para pasar a llamarse “Nueva América”.
Esta petición se produjo el pasado lunes, justo antes de que el presidente abandonara la Casa Blanca con destino a Kansas, donde tenía programado asistir a un acto electoral. En su mensaje, Trump expresó con contundencia su postura al escribir: “Nuevo México debería cambiar inmediatamente su nombre a Nueva América. ¡No somos México, somos Estados Unidos de América!”.
El contexto político que rodea estas declaraciones es complejo. Nuevo México es actualmente un estado controlado por el partido demócrata, donde Trump perdió por un margen de 6 puntos porcentuales durante los comicios de 2024. Esta solicitud ocurre en un momento de tensión para el partido republicano, que manifiesta preocupación por la capacidad de conservar sus mayorías en el Congreso en las próximas elecciones de noviembre. Esta inquietud se ve acentuada por encuestas recientes en las que los votantes manifiestan que el presidente no está dedicando la atención suficiente a los problemas más urgentes que afectan al país.
Durante su intervención en redes sociales, Donald Trump sostuvo que un cambio de nombre traería beneficios económicos directos para la región. Afirmó que, debido a esta modificación, tanto los ingresos de los ciudadanos como el valor de las viviendas aumentarían, aunque es importante señalar que el presidente no citó prueba alguna que sustente estas aseveraciones. Asimismo, Trump aprovechó la publicación para reiterar sus afirmaciones, carentes de fundamento, sobre la existencia de procesos electorales amañados, sugiriendo que “¡Quizás incluso las Elecciones Corruptas, por las que Nuevo México es conocido, volverían a ser honestas!”.
Esta no es la primera vez que el mandatario pone su mirada sobre la identidad nominal de Nuevo México. Ya en septiembre, Trump había sugerido la idea de manera menos directa pero igualmente visible. En aquella ocasión, publicó en sus redes sociales una imagen de un mapa del estado en la cual la palabra “México” aparecía tachada y, justo debajo, se encontraba escrita la palabra “América”. Dicha imagen fue posteriormente republicada por la cuenta oficial de la Casa Blanca en la plataforma X.
La solicitud sobre Nuevo México se suma a una serie de iniciativas similares emprendidas por Trump para adaptar nombres geográficos a su agenda política. En agosto, el presidente firmó un decreto ejecutivo para cambiar la denominación del lago Ontario, renombrándolo como “lago América” (Lake America), una acción que se enmarca dentro de su actual conflicto comercial con Canadá. Un año antes, el mandatario implementó una medida similar al cambiar el nombre del golfo de México por el de “golfo de América”. Además, se ha reportado que el presidente ha planteado en repetidas ocasiones la posibilidad de cambiar el nombre del estrecho de Ormuz para llamarlo “estrecho de Trump”.
Sin embargo, existe una distinción legal fundamental entre los diferentes tipos de cambios nominales que Trump ha intentado realizar. Si bien el presidente posee la facultad administrativa para modificar la denominación de accidentes geográficos, como es el caso de las masas de agua, a través del Sistema de Información de Nombres Geográficos, no cuenta con la potestad constitucional para alterar legalmente el nombre de un estado. Para que Nuevo México cambie su nombre, dicho proceso tendría que iniciarse y llevarse a cabo internamente dentro de la propia administración y legislación del estado.
Desde el punto de vista histórico, la denominación de Nuevo México posee un arraigo profundo que precede a la propia creación de los Estados Unidos. Según una hoja informativa sobre el origen de los nombres de los estados emitida por la Oficina de Asuntos Indígenas, el nombre del estado se remonta al siglo XVI.
Esta información ha sido reportada originalmente por Piper Hudspeth Blackburn, periodista de CNN.





