La gestión del peso corporal en pacientes pediátricos que enfrentan un diagnóstico de cáncer se ha convertido en un punto focal para los especialistas en oncología. De acuerdo con la Sociedad Brasileña de Oncología Pediátrica (SOBOPE), aunque el exceso de peso no se considera, por lo general, una causa directa de la aparición de tumores en niños y adolescentes, su control es un componente esencial y crítico dentro del cuidado integral que deben recibir estos pacientes.
La obesidad en la población infantojuvenil con cáncer no es solo una cuestión estética o de salud general, sino que representa un desafío clínico adicional que puede impactar directamente en la eficacia del tratamiento oncológico. Los expertos señalan que el exceso de peso puede influir negativamente en la respuesta terapéutica, aumentar el riesgo de que la enfermedad recidive y alterar el pronóstico general de la patología.
La doctora Laurice Siqueira, oncóloga pediátrica de la SOBOPE, ha detallado que el sobrepeso puede introducir complicaciones significativas durante el proceso de tratamiento. Una de las dificultades más prominentes radica en el cálculo preciso de las dosis de los medicamentos, un proceso complejo donde la composición corporal juega un rol determinante. Asimismo, el manejo de los posibles efectos tóxicos de la quimioterapia y otros fármacos puede verse dificultado por la condición de obesidad del paciente. La especialista subraya que esta condición también está vinculada a una mayor preocupación por la mortalidad en contextos específicos y al riesgo de recaídas, lo que hace imperativo un seguimiento continuo y un enfoque totalmente individualizado.
Ante este panorama, la SOBOPE enfatiza que el control del peso debe integrarse en la atención global del paciente. Sin embargo, este proceso debe realizarse con extrema cautela, respetando siempre las necesidades nutricionales del menor, su estado clínico actual y las particularidades propias de cada fase del tratamiento oncológico. El objetivo primordial, según la doctora Siqueira, no es la imposición de restricciones alimentarias severas, sino la promoción de hábitos saludables que permitan minimizar los efectos negativos de la obesidad tanto en la calidad de vida del paciente como en la evolución de su cuidado médico.
Para lograr este equilibrio, se sugieren medidas concretas que pueden ayudar al control del peso sin comprometer la salud del niño. Entre estas recomendaciones se encuentra el fraccionamiento de las comidas a lo largo del día, la reducción del consumo excesivo de sal y azúcar, y el fomento de una dieta basada en alimentos naturales o mínimamente procesados. De igual manera, se insta a disminuir la ingesta de frituras y productos ultraprocesados, manteniendo siempre una hidratación adecuada y ajustada a las necesidades específicas de cada paciente.
Un punto crítico advertido por los especialistas es el peligro de las dietas restrictivas. Estas deben evitarse estrictamente si no cuentan con el acompañamiento profesional de médicos y nutricionistas, especialmente durante el tratamiento del cáncer. En este periodo, las necesidades de energía y nutrientes del organismo varían considerablemente, y preservar un estado nutricional óptimo es fundamental para que el cuerpo pueda soportar la agresividad de las terapias oncológicas.
Por otro lado, la actividad física surge como un aliado en la recuperación y el bienestar, siempre y cuando sea autorizada por el equipo médico y adaptada a las condiciones clínicas del niño o adolescente. En este sentido, la doctora Mariana Bohns Michalowski, presidenta de la SOBOPE y oncóloga pediátrica, destaca el rol fundamental de la familia. El involucramiento del núcleo familiar en la construcción de hábitos más saludables es clave, ya que facilita cambios en la rutina diaria que no solo benefician al paciente, sino a todos los integrantes del hogar.
Para que estas estrategias de control de peso sean seguras, sostenibles e individualizadas, la doctora Michalowski defiende la necesidad de un acompañamiento multidisciplinar. Este equipo debe estar compuesto por profesionales de oncología pediátrica, nutricionistas, educadores físicos, fisioterapeutas y apoyo psicológico, asegurando que el paciente sea abordado desde todas las dimensiones de su salud.
Finalmente, la conciencia sobre la obesidad infantojuvenil en el contexto del cáncer debe equilibrar la prevención con las necesidades específicas de quienes ya están luchando contra la enfermedad. La doctora Siqueira y la doctora Michalowski coinciden en que el cuidado del peso no puede tratarse de forma aislada ni debe sobreponerse a las prioridades del tratamiento oncológico. El enfoque debe ser integral, humanizado y libre de culpabilización hacia el paciente y su familia, priorizando siempre la calidad de vida y las mejores condiciones posibles para el tratamiento.




