Venezuela ha retomado su participación en la plenaria anual del Fondo Monetario Internacional (FMI), celebrada en la ciudad de Bangkok, Tailandia. Esta presencia se materializó a través de una delegación oficial encabezada por Calixto Ortega, quien se desempeña como gobernador del país ante dicho organismo financiero. Este retorno es interpretado como un paso significativo en el proceso de consolidación y normalización de las relaciones financieras de la nación en el ámbito internacional.
La representación venezolana en este encuentro no se limitó únicamente a la gobernación ante el FMI. El equipo estuvo integrado por figuras clave de la administración económica del país, entre ellas Luis Pérez González, presidente del Banco Central de Venezuela (BCV), y Christiam Hernández, viceministro de Hacienda y presupuesto público del Ministerio de Economía y Finanzas. Asimismo, la comitiva contó con el apoyo de un equipo técnico especializado para abordar los temas tratados durante las sesiones.
El escenario de estas reuniones fue el Queen Sirikit National Convention Center, un recinto que posee una carga simbólica importante para el organismo, ya que fue el mismo espacio que acogió las Reuniones Anuales en el año 1991. De este modo, la plenaria de este año sirvió para conmemorar el 35º aniversario de aquella cita, mientras que Venezuela busca recuperar su lugar dentro de la esfera económica mundial.
La apertura del evento estuvo a cargo del primer ministro de Tailandia, quien inició las jornadas destacando la capacidad de resiliencia de su propio país. Durante su intervención, el mandatario subrayó que existen desafíos globales que no pueden ser resueltos de manera aislada, mencionando específicamente la fragmentación geopolítica, el cambio climático y el avance de la inteligencia artificial como factores que requieren respuestas colectivas y coordinadas entre las naciones.
Por su parte, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, presentó un análisis detallado sobre el estado de la economía mundial. En su discurso central, describió un panorama marcado por fuerzas contradictorias. Georgieva señaló que el crecimiento global se mantiene proyectado en un 3,1% para el año 2026, aunque advirtió que este avance se ve frenado por un shock energético, al tiempo que es impulsado por el auge tecnológico derivado de la inteligencia artificial.
En el marco de las advertencias financieras, la directora gerente del organismo alertó sobre la elevada deuda pública y el incremento de los rendimientos de los bonos soberanos, factores que pueden comprometer la estabilidad de diversas economías. Asimismo, hizo hincapié en las amenazas cibernéticas actuales y llamó a los Estados miembros a mantener una disciplina fiscal rigurosa, subrayando la importancia de proteger a los sectores más vulnerables de la población frente a las fluctuaciones económicas.
El debate sobre la inteligencia artificial ocupó un lugar central en la agenda. Fue abordada tanto como una oportunidad de desarrollo como una amenaza potencial. El FMI resaltó que la IA posee un potencial democratizador siempre y cuando el acceso a ella sea amplio y equitativo. No obstante, se advirtieron riesgos críticos, tales como la posibilidad de un aumento en el desempleo juvenil, la generación de inestabilidad financiera y, especialmente, una mayor vulnerabilidad cibernética. Ante esto, el organismo subrayó que fortalecer la resiliencia cibernética debe considerarse como un bien colectivo.
Complementando la visión financiera, el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, expuso los avances logrados en la movilización de capital privado y la preparación de proyectos de desarrollo. Banga fue enfático al declarar que el desarrollo no debe ser visto como un acto de caridad, sino como una inversión necesaria en un futuro compartido por todas las naciones.
Finalmente, se ha señalado que la participación de Venezuela en este foro constituye una acción deliberada de política monetaria. El objetivo principal es proyectar la estabilidad macroeconómica que el país afirma haber alcanzado, buscando fortalecer la confianza internacional en el bolívar. Además, esta presencia abre espacios para la cooperación técnica, herramienta que se considera fundamental para consolidar la recuperación económica de la nación.






