Miles de profesores han vuelto a salir a las calles de Madrid para mantener la presión social y laboral durante el tercer día de una huelga indefinida que busca mejoras en la educación pública. Siguiendo la dinámica del pasado miércoles, los manifestantes fueron citados en la estación de Atocha a las seis de la tarde para iniciar una marcha conjunta con destino a la Puerta del Sol. Según las cifras proporcionadas por la Delegación del Gobierno en Madrid, la convocatoria reunió a 35.000 personas.
La jornada ha estado marcada por la discrepancia en las cifras de participación. Mientras que los sindicatos convocantes han cifrado el seguimiento de la huelga educativa en un 60%, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid ha rebajado significativamente ese porcentaje, situándolo en un 23%. A pesar de estas diferencias estadísticas, la movilización, bautizada como la "marea verde", contó con la adhesión de diversos colectivos de estudiantes y de educadoras infantiles, quienes se hicieron reconocibles al vestir de amarillo. La marcha, que incluyó una presencia notable de familias con hijos, mantuvo como objetivo central de sus reivindicaciones la figura de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso.
Los ánimos entre el colectivo docente se mantienen elevados al cierre de esta primera semana de huelga indefinida. Desde el miércoles por la mañana, los profesores de la educación pública madrileña han organizado una agenda constante de actos y reuniones para afianzar el frente común. Además de las concentraciones diarias que se llevan a cabo frente a la Consejería de Educación por las mañanas, se han implementado asambleas, como la celebrada este viernes en el Retiro, donde los participantes pudieron compartir sus impresiones sobre el inicio de esta lucha.
Uno de los puntos críticos de la protesta es la atención a la diversidad. Rocío González, profesora de Pedagogía Terapéutica en el CEIP Virgen del Cerro en Vallecas, señaló la importancia de la visibilidad en esta etapa inicial. González denunció que el sistema actual deja atrás a muchos alumnos, exponiendo su caso personal: actualmente atiende a 17 alumnos con discapacidad, cuando la ratio establecida debería ser de un máximo de 12. Esta situación obliga a concentrar los esfuerzos en esos estudiantes, dificultando la atención a otros niños con dificultades de aprendizaje en áreas como la lectura o la escritura. La docente advirtió que ningún padre debería sentirse exento de que su hijo pueda verse afectado por la situación actual de la educación pública en Madrid.
El conflicto no solo es administrativo, sino también social. Víctor Povedano, profesor de música de 41 años, expresó el sentimiento de ataque que percibe el colectivo docente por parte de sectores de la sociedad que minimizan sus peticiones o los acusan de tener excesivas vacaciones. Povedano señaló que el desprestigio comienza con la propia presidenta de la Comunidad y subrayó que las demandas no son por beneficio propio, sino por el bienestar de los alumnos. Durante la marcha, el docente utilizó un cencerro para generar ruido, apoyándose en pancartas que resumían el sentir del grupo: "¡Orgullo de profesión, mierda de Administración!".
El ambiente de la marcha estuvo definido por una sinfonía de silbatos y tambores, provocando que muchos niños que acompañaban a sus padres tuvieran que taparse los oídos ante la intensidad del sonido. Bajo el lema "Defendemos la pública, defendemos el futuro", los manifestantes corearon consignas pidiendo una educación pública y de calidad.
Desde la perspectiva sindical, Chema Pinto, portavoz de UGT, afirmó que las concentraciones del miércoles y el viernes han desbordado las expectativas iniciales. Pinto detalló que la escuela pública madrileña enfrenta graves problemas de infraestructuras, hacinamiento en las aulas y salarios que no se corresponden con los estándares del Estado español. Asimismo, criticó que las ratios no se ajusten a la normalidad europea y denunció que los docentes madrileños son quienes más horas lectivas trabajan en todo el país, describiendo la situación actual como una "degradación".
Al llegar a Cibeles, la protesta cambió su foco hacia Mercedes Zarzalejo, Consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, con gritos que pedían su dimisión y pancartas que advertían que la educación no es un negocio.
En el marco de estas movilizaciones, destaca la presencia de Amelia Benítez, una profesora de Primaria jubilada de 72 años que ha asistido a todas las concentraciones desde el inicio. Benítez reflexionó sobre la enseñanza como una vocación intrínseca y defendió la educación pública como una "primera semilla para todos por igual", definiéndola como una oportunidad que dignifica a la sociedad y permitiendo que las personas tengan la posibilidad de desarrollarse y ser lo que deseen.





