Los Reyes Felipe VI y Letizia han llevado a cabo un viaje oficial a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, completando una visita de especial relevancia institucional. Este desplazamiento representa la primera vez que los monarcas visitan ambos territorios desde su llegada al trono en 2014, recuperando el recuerdo de la última visita real en noviembre de 2007, realizada por Juan Carlos I y la reina Sofía, la cual en su momento provocó una protesta diplomática por parte de Marruecos.
La agenda en Melilla comenzó con la llegada de los monarcas a la Plaza de España, donde fueron recibidos por una multitud de ciudadanos con banderas españolas. En el Palacio de la Asamblea, el presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda, entregó el bastón de mando y posteriormente la Llave de Oro de la Ciudad en el Salón Dorado. Durante el acto, Imbroda reivindicó la españolidad de la ciudad afirmando que "Melilla no es de España, es España", y reclamó al Gobierno central una mayor presencia del Estado, así como una mayor seguridad e independencia frente a la presión de Marruecos.
Siguiendo una línea similar a la jornada previa en Ceuta, Felipe VI y Letizia visitaron el colegio público Pintor Eduardo Morillas. El centro, que cuenta con más de 900 alumnos y es bilingüe desde hace 25 años, destaca por reflejar la multiculturalidad de la sociedad melillense. Durante el recorrido, los Reyes visitaron aulas de educación infantil y primaria, prestando especial atención a un proyecto innovador destinado a la atención de alumnos con trastorno del espectro autista (TEA). La jornada concluyó con un encuentro en el Hotel Melilla Puerto con cerca de 400 representantes de la sociedad civil, instituciones y fuerzas de seguridad.
En Ceuta, la primera jornada estuvo marcada por la crisis migratoria del pasado verano. Los monarcas visitaron el colegio Vicente Aleixandre y asistieron a un servicio conmemorativo en el cementerio musulmán de Sidi Embarek en honor a las personas fallecidas en el mar los días 30 y 31 de julio, incluyendo víctimas de la tragedia del Tarajal. Esta visita ha sido interpretada por algunos sectores como un gesto humanitario, mientras que otras voces han cuestionado la dimensión política de la actividad en el enclave.
El contexto de la visita coincide con la precampaña de las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. El clima político se ha visto tensionado por las denuncias del Partido Popular. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha exigido que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparezca por su responsabilidad respecto a la incursión de buques militares marroquíes en aguas territoriales españolas durante la crisis migratoria. Según ha señalado el periodista Vicente Vallés, el Ejecutivo habría ocultado este incidente durante 75 días. Por su parte, el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes ha negado que hubiera coordinación entre la entrada de los buques marroquíes y el asalto a la frontera, calificándolo como una "coincidencia temporal".
Desde el ámbito internacional, la Comisión Europea ha mantenido una postura cautelosa. La portavoz del Ejecutivo comunitario, Paula Pinho, señaló que corresponde a las autoridades españolas y marroquíes esclarecer los hechos y añadió que Bruselas estudiará el asunto, sin confirmar si el Gobierno español informó oportunamente sobre lo ocurrido.
Mientras tanto, en Marruecos, no se han producido reacciones oficiales desde Rabat, aunque se han registrado protestas en Castillejos (Fnideq), donde activistas convocaron concentraciones para rechazar la presencia de los Reyes y reivindicar la soberanía marroquí sobre los enclaves.
En el plano local, el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, señaló que se "violentó la soberanía nacional" durante la crisis migratoria y pidió el apoyo de Europa. Asimismo, se ha denunciado la asfixia económica de las ciudades autónomas debido a los problemas en la aduana marroquí. El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, calificó el discurso del Rey en Ceuta como "muy correcto" y apeló a la lealtad institucional frente a lo que denominó "demagogia y populismo".






