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Imanol Pradales reivindica el diálogo y la justicia social en el homenaje a José Antonio Agirre

Pradales asegura en Gernika que quienes justificaron la violencia terrorista tienen una deuda moral pendiente y apela al humanismo de Agirre

Imanol Pradales reivindica el diálogo y la justicia social en el homenaje a José Antonio Agirre

La Casa de Juntas de Gernika ha sido el escenario de un acto solemne destinado a rendir homenaje al primer Gobierno Vasco y a la figura de José Antonio Agirre. El evento ha evocado las palabras del juramento pronunciado por Agirre hace 90 años, el 7 de octubre de 1936, momento en el que tomó posesión de su cargo como lehendakari. Aquel compromiso, sellado bajo el árbol de Gernika con la memoria de los antepasados y la fidelidad al mandato, ha resonado nuevamente en la actualidad para reflexionar sobre el legado político de aquel Ejecutivo.

En el acto han participado diversas figuras institucionales y políticas de relieve, destacando la presencia de los lehendakaris Imanol Pradales, Iñigo Urkullu, Patxi López y Juan José Ibarretxe. Asimismo, el homenaje ha contado con la asistencia de descendientes de José Antonio Agirre, además de otros representantes políticos e institucionales que se han reunido para analizar la acción gubernamental de aquel periodo.

Durante su intervención, el actual lehendakari, Imanol Pradales, ha subrayado que la trayectoria política de Agirre ofrece dos enseñanzas fundamentales para la sociedad contemporánea. La primera de ellas se centra en la naturaleza de la construcción democrática. Pradales ha afirmado que una sociedad democrática no puede erigirse sobre la base de la imposición ni sobre la negación del otro. En este sentido, el lehendakari ha sido tajante al señalar que aquellos que alentaron, ampararon o justificaron la violencia terrorista mantienen todavía hoy una deuda moral pendiente con el pueblo vasco. Según Pradales, la construcción de una democracia es incompatible con el olvido, la falta de reconocimiento y la ausencia de reparación del daño causado injustamente.

La segunda enseñanza destacada por el lehendakari se refiere a la justicia social, a la cual ha definido como una prioridad absoluta en cualquier sociedad avanzada. Pradales ha argumentado que no puede existir una dignidad real de las personas si no hay una cohesión social efectiva. Para alcanzar este objetivo, ha señalado la necesidad de luchar contra las injusticias y las desigualdades, reducir las brechas sociales y fortalecer tanto los vínculos comunitarios como la solidaridad.

Desde una perspectiva analítica, el catedrático de Historia de la Euskal Herriko Unibertsitatea, Mikel Aizpuru, ha aportado detalles sobre la constitución del Gobierno presidido por José Antonio Agirre. Este Ejecutivo se formó poco después del inicio de la guerra civil y se caracterizó por la juventud de sus integrantes; Agirre tenía 32 años, una edad similar a la de sus once consejeros. A pesar de sus ideas nacionalistas y su profundo catolicismo, Agirre demostró una capacidad notable para conformar un Gobierno de concentración.

Aizpuru ha resaltado que Agirre logró alcanzar acuerdos con figuras como el socialista Indalecio Prieto, a pesar de que, en aquel momento, los sectores nacionalistas y socialistas mantenían relaciones muy conflictivas en los planos social, ideológico y religioso. Esta voluntad de diálogo se extendió también hacia comunistas y republicanos, quienes, a pesar de las tensiones y diferencias internas, trabajaron conjuntamente en la gestión del Gobierno.

En cuanto al programa de gobierno, el historiador ha destacado que el punto prioritario era el respeto a los derechos individuales y sociales de las personas. Este enfoque evidenciaba una clara voluntad de integración. El programa combinaba elementos propios del nacionalismo vasco, como la defensa de las características nacionales y del euskera, con medidas de corte social avanzadas para la época. Entre ellas, se incluía la posibilidad de que los caseros se convirtieran en propietarios de sus tierras, que los trabajadores pudieran acceder a los beneficios de las empresas y participaran en su dirección, así como el desarrollo de políticas de vivienda y obras públicas.

La trayectoria de Agirre dio un giro drástico en julio de 1937, cuando se vio obligado al exilio tras la caída de Bilbao. A partir de ese momento, su actividad política se centró en dos objetivos principales: mantener el Gobierno como la representación legítima del pueblo y colaborar con la oposición democrática para lograr la expulsión de Franco. Aizpuru explica que Agirre buscó constantemente nuevas estrategias para preservar la existencia del Gobierno y facilitar su regreso a Euskadi una vez finalizado el conflicto bélico.

Es relevante señalar que, desde el punto de vista estrictamente legal, el estatuto de autonomía vigente en aquel entonces no contemplaba la existencia de un Gobierno en el exilio. No obstante, Agirre mantuvo su compromiso con estos objetivos hasta el final de sus días. José Antonio Agirre falleció en París a los 59 años, sin haber logrado cumplir el anhelo de regresar a su tierra.

Para concluir el acto, el lehendakari Imanol Pradales ha apelado nuevamente al espíritu de diálogo y al humanismo de José Antonio Agirre, proponiendo estos valores como los pilares necesarios para seguir construyendo la Euskadi del futuro.

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