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La revolución tecnológica y el veneno de la desconfianza: el desafío de la contrademocracia

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La revolución tecnológica y el veneno de la desconfianza: el desafío de la contrademocracia

La revolución tecnológica se presenta actualmente como una hidra de Lerna, un monstruo de múltiples cabezas donde, al intentar solucionar un problema, emerge inevitablemente uno nuevo. Esta transformación digital ha generado una serie de impactos críticos que afectan diversas dimensiones de la sociedad contemporánea. Entre los efectos más destacados se encuentran el menoscabo en el aprendizaje infantil, la reducción de empleos juveniles debido al reemplazo por plataformas digitales, la obsolescencia de diversas carreras profesionales y la presión ambiental derivada de la construcción de centros de datos que consumen energía y agua.

Asimismo, el avance tecnológico ha potenciado las capacidades de control y vigilancia de los aparatos de seguridad sobre las personas y sus pensamientos. En el ámbito gubernamental, se observa un desplazamiento de la toma de decisiones políticas hacia procesos tecnocráticos que operan al margen de la deliberación ciudadana, lo que a su vez obstruye la formación de los consensos necesarios para sostener un tejido democrático saludable.

Si bien el poder de las entidades públicas y privadas que manejan la información es vasto, reducir este fenómeno únicamente a una herramienta de administración estatal sería incompleto. Slavoj Žižek denomina a esta fase "pospolítica". De hecho, las herramientas digitales actuales permitirían a los Estados rastrear, vigilar y engañar con una efectividad superior a la de los regímenes totalitarios del siglo XX, superando incluso las distopías imaginadas por autores como Zamyatin, Huxley y Orwell en sus obras "Nosotros", "Mundo feliz" y "1984".

Para comprender este escenario, resulta fundamental el análisis de Pierre Rosanvallon, catedrático del Collége de France. Rosanvallon propone leer la historia de la democracia como un proceso vivo de experimentación inacabada, un laboratorio permanente sin verdades finales pero con errores constantes que deben corregirse. En su obra "El siglo del populismo", el autor describe el populismo como una estrategia de simplificación y una deriva patológica de la democracia que se alimenta del desencanto ciudadano hacia las instituciones liberales tradicionales.

Sin embargo, es en su obra "La contrademocracia: La política en la era de la desconfianza" donde Rosanvallon profundiza en un concepto central: el papel de la desconfianza hacia las instituciones. El autor sostiene que el problema actual no es un ciudadano pasivo, sino una actitud de la sociedad civil que, por principio, desconfía de cualquier iniciativa gubernamental, independientemente de la ideología. Esta desconfianza generalizada actúa como el "veneno de la democracia", ya que impide la organización duradera basada en objetivos estratégicos para la sociedad.

Rosanvallon diferencia la vigilancia ciudadana, inherente a los regímenes constitucionales desde el siglo XVIII, de esta desconfianza sistemática. Mientras que la vigilancia busca el control y la observancia de las reglas del juego democrático —como ocurrió en los movimientos contestarios de los años setenta—, la contrademocracia actual se inclina hacia una predisposición negativa hacia cualquier acción del gobierno.

En cuanto al impacto de la tecnología, Rosanvallon argumenta que internet no es simplemente un medio, sino una forma social y política que contribuye a crear lazos comunitarios. Define internet como la verdadera esfera pública, un espacio que amplifica tanto las promesas como las patologías del mundo moderno. No obstante, advierte que internet no es un espacio para legitimar el poder, sino un instrumento ideal para la denuncia y el control ciudadano.

El riesgo reside en que las redes sociales no fueron diseñadas para formar consensos sociales, elemento indispensable para la democracia. La inmediatez de estas plataformas elimina la complejidad del discurso político y el sentido del tiempo necesario para construir un mundo común. En este entorno, la frivolidad de los "vendedores de humo" se naturaliza y cualquier estrategia de gobierno es vulnerable ante la observación de problemas no resueltos, como la desigualdad social.

Este fenómeno ha dado lugar a lo que se puede denominar "contrapolítica": una actividad que ya no busca conquistar el poder para transformarlo, sino que se enfoca exclusivamente en dejar el poder disminuido y menoscabar las acciones de gobierno. Ante la realidad de la pospolítica y la contrapolítica, el desafío actual consiste en recuperar la confianza en las instituciones a través de la transparencia, la integridad discursiva y la evidencia, reconociendo la responsabilidad en la toma de decisiones en los mismos espacios donde el tejido social se ha deteriorado.

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