Dos agentes veteranos del FBI, responsables de supervisar las operaciones antiterroristas en la capital de los Estados Unidos, han sido destituidos de sus cargos y reasignados. Esta medida surge a raíz de la gestión de una investigación relacionada con Katie Miller, quien es una podcaster conservadora y esposa de Stephen Miller, el asesor principal de la Casa Blanca. Según informaron dos personas familiarizadas con la situación, la decisión fue tomada tras el manejo de un caso específico de presunto acoso.
Los funcionarios afectados son Michael Burgwald, quien se desempeñaba como el agente especial a cargo de los asuntos antiterroristas en la oficina de campo del FBI en Washington, y su adjunto, Courtland Rae. Ambos fueron apartados de sus funciones por la dirección de la agencia después de que un equipo de investigadores determinara que las llamadas telefónicas presuntamente acosadoras recibidas por Katie Miller, provenientes de personas desconocidas, no justificaban la apertura de una investigación adicional por parte de la organización.
De acuerdo con las fuentes consultadas, el equipo de la oficina de campo encargado de examinar las denuncias sobre las llamadas acosadoras concluyó que los hechos no cumplían con el umbral requerido para que el FBI interviniera. Además, los investigadores determinaron que no se había identificado ningún vínculo con actividades terroristas que ameritara la movilización de recursos federales. Esta conclusión técnica y procedimental no fue recibida favorablemente por la alta dirección de la agencia, lo que derivó en la destitución de los dos agentes de alto rango.
Este incidente ocurre en un contexto de tensiones internas dentro de la agencia. Desde que asumió la dirección el año pasado, Kash Patel, reconocido como un leal acérrimo del presidente Donald Trump, ha implementado una serie de cambios en el personal. Se ha reportado que Patel ha despedido, degradado u obligado a jubilarse a numerosos empleados de carrera que estuvieron involucrados en investigaciones previas relacionadas con Donald Trump y sus aliados cercanos. Como consecuencia de estas acciones, muchos de los funcionarios obligados a dejar sus puestos han presentado demandas judiciales para intentar lograr su reincorporación.
Ante la controversia, el FBI utilizó una cuenta oficial de redes sociales denominada “Respuesta Rápida”, la cual fue creada con el objetivo de promover la imagen de la agencia y contestar a sus críticos. A través de este canal, Darren Cox, el alto ejecutivo que supervisa la oficina de la agencia en Washington, confirmó que Burgwald y Rae fueron destituidos, pero negó rotundamente que la orden hubiera sido emitida por el director Kash Patel.
Cox afirmó que la destitución fue una "decisión de personal tomada únicamente a nivel de la oficina de campo de Washington", argumentando que la medida se basó en una "evaluación constante de las necesidades de la misión". Asimismo, el ejecutivo calificó de falsas cualquier insinuación de que el director Patel hubiera intervenido en el proceso.
A pesar de las declaraciones oficiales, la medida ha provocado indignación entre muchos empleados de base del FBI. Diversas fuentes indican que el personal ha criticado estas decisiones de personal, considerándolas como acciones altamente politizadas. La trayectoria de los agentes destituidos ha sido resaltada por sus colegas: Michael Burgwald es graduado de la Academia Militar de Estados Unidos en West Point y ha recibido premios del FBI por su labor investigadora. Por su parte, Courtland Rae contaba con una extensa carrera en seguridad nacional y había ascendido en las filas de la organización gracias a su desempeño.
Desde la Casa Blanca, la portavoz Lauren Bis emitió una declaración a Bloomberg Law asegurando que Stephen y Katie Miller no mantuvieron ninguna interacción con Burgwald o Rae. Bis sostuvo que la alta dirección del FBI tomó la decisión unilateral de destituirlos basándose en la determinación de que los agentes "estaban obstaculizando las investigaciones sobre amenazas muy graves".
No obstante, el reporte indica que los Miller tienen antecedentes de expresar su descontento con la forma en que el FBI ha gestionado incidentes personales que ellos consideraban amenazantes. El año pasado, la pareja mostró su enfado hacia funcionarios del FBI debido a la resistencia de los agentes de carrera a utilizar los recursos de la agencia para investigar la colocación de volantes críticos contra Stephen Miller en el vecindario de su familia. Tras aquel incidente, y al igual que otros altos funcionarios de la administración Trump, la pareja se trasladó a viviendas militares.






