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El oro alcanza máximos históricos en 2026 impulsado por la crisis geopolítica y la desconfianza en el dólar

La incertidumbre geopolítica ha provocado que los bancos centrales europeos saquen sus reservas de oro de EE.UU. El metal alcanzó máximos a principio de año

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El oro alcanza máximos históricos en 2026 impulsado por la crisis geopolítica y la desconfianza en el dólar

En un contexto global marcado por la hiperconectividad y el auge de la inteligencia artificial, el activo de inversión más antiguo de la humanidad ha vuelto a tomar el protagonismo financiero. El pasado 2 de febrero de 2026, el precio del oro alcanzó los 5.278 dólares por onza, superando sus máximos históricos. Lejos de tratarse de una moda pasajera, los analistas señalan que se trata de una tendencia consolidada, impulsada no solo por el temor, sino por una profunda desconfianza hacia el resto de los activos financieros en un momento de grave tensión geopolítica.

El incremento en la cotización del metal precioso es el resultado de una convergencia de factores críticos. Entre ellos destaca la incertidumbre internacional generada por el conflicto entre Irán y Estados Unidos, así como una inflación desbocada provocada por la crisis energética que afecta a Occidente. Ante este escenario, los bancos centrales han iniciado compras masivas de oro, alejándose de activos tradicionales como los bonos.

Arun Sai, estratega multiactivos en Pictet AM, ha explicado a RTVE Noticias que el oro resulta más adecuado en periodos de inflación y shocks de políticas, aunque advierte que su cobertura es imperfecta. Según Sai, el metal no reemplaza a los bonos en las carteras, sino que actúa como un complemento y una cobertura útil en entornos de incertidumbre.

Esta tendencia ha llevado a que el oro desplace a los bonos del Tesoro de Estados Unidos como el principal activo refugio para los reguladores financieros. Este movimiento responde a una pérdida de confianza en el sistema financiero basado en el dólar, donde las compras de oro se realizan por razones estratégicas y de soberanía geopolítica, más que por especulación a corto plazo.

Los datos respaldan este desplazamiento. Según el informe más reciente del World Gold Council (Consejo Mundial del Oro), los bancos centrales adquirieron un récord sectorial de 289 toneladas netas solo en el segundo trimestre de 2026, lo que supone un incremento interanual de entre el 62% y el 74%. Además, el 89% de los 76 bancos encuestados prevé que las reservas de oro seguirán aumentando en los próximos 12 meses, mientras que el 74% anticipa un menor peso de los activos en dólares en un plazo de cinco años.

Actualmente, los lingotes representan el 27% del total de las reservas globales, evidenciando el debilitamiento de los bonos y de divisas como el euro. Las economías emergentes han liderado esta reconfiguración de sus balances; Polonia y China encabezan la carrera, habiendo sumado 51 y 33 toneladas respectivamente en el segundo trimestre, con el objetivo de diversificar sus activos y respaldar sus monedas frente al dólar.

Miguel Uceda, gestor de fondos de Inversión en Abante Asesores, atribuye gran parte de estos movimientos a factores centrados en Estados Unidos. Uceda señala que la guerra de Rusia demostró la posibilidad de congelar activos en dólares para imponer sanciones o presionar a gobiernos, lo que ha llevado a países menos alineados con Washington a diversificar sus reservas. A esto se suma la indisciplina fiscal estadounidense, con un déficit cercano al 6% y una deuda sobre el PIB en aumento, lo que ha generado que los bonos (treasuries) empiecen a presentar una "prima de riesgo".

La inestabilidad política también ha jugado un rol determinante. Los bandazos en las políticas de Donald Trump han provocado que Francia y Holanda trasladaran sus reservas de oro desde Estados Unidos al Reino Unido, por temor a tensiones arancelarias e inestabilidad global. Al respecto, Sebastien Tillett, analista de Oxford Economics, indica que aunque una confiscación directa es un riesgo "extremadamente remoto" para los europeos, existe un temor real sobre la dificultad de acceder a activos mantenidos en otras jurisdicciones durante disputas legales o sanciones.

César Pérez, director global de inversiones en Pictet WM, añade que el oro, al ser un activo real y tangible, es uno de los principales beneficiados de las preocupaciones sobre las políticas estadounidenses. Para el inversor institucional y minorista, el metal se ha consolidado como la máxima póliza de seguro financiero. A diferencia de las acciones o los bonos, el oro físico no es el pasivo de nadie más; no depende de la gestión de una empresa ni de la solvencia de un Gobierno, lo que lo convierte en la única moneda verdaderamente universal que no puede quebrar.

Francisco Javier López Milán, CEO de SilverGold Patrimonio, destaca que el inversor particular busca diversificación patrimonial y recurre al oro como un mecanismo de conservación y transmisión de riqueza, una percepción cultural que cobra fuerza ante la incertidumbre económica.

Finalmente, los expertos advierten sobre las modalidades de inversión. Para evitar los problemas logísticos del formato físico, muchos recurren a ETFs de oro, acciones de mineras como Barrick Gold o Kinross, o plataformas fintech de oro digital. Sin embargo, López Milán matiza que existe una diferencia fundamental entre tener exposición al precio y ser propietario del oro físico, recomendando asesoramiento profesional ya que, a pesar de la percepción de seguridad, el riesgo cero no existe.

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