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Alzhéimer: la ciencia permite detectar la enfermedad hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas

Con motivo de la celebración mañana del día mundial de la enfermedad de Alzheimer, el médico Emilio Ayats analiza en AS cómo detectar su aparición.

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Alzhéimer: la ciencia permite detectar la enfermedad hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas

La enfermedad de Alzhéimer continúa posicionándose como una de las patologías que despierta mayor inquietud y preocupación, tanto en los pacientes que comienzan a experimentar sus efectos como en sus núcleos familiares. Durante mucho tiempo, el imaginario colectivo ha vinculado la aparición de esta enfermedad exclusivamente con los primeros fallos de memoria, entendiendo que el deterioro comienza en el momento en que la persona olvida datos o eventos recientes. Sin embargo, la evidencia científica actual revela una realidad muy distinta: el proceso patológico se inicia mucho antes, incluso décadas antes de que se manifieste el primer síntoma visible.

En una entrevista concedida al medio AS, el médico Emilio Ayats ha profundizado en la naturaleza de esta afección, definiendo la enfermedad de Alzhéimer como un proceso neurodegenerativo progresivo. Según el especialista, este avance se caracteriza fundamentalmente por la acumulación en el cerebro de sustancias específicas, concretamente la proteína beta-amiloide y la proteína tau. A este fenómeno se suman otros factores críticos como la neuroinflamación, así como diversas alteraciones de carácter vascular, metabólico y sináptico, que en conjunto desembocan en la pérdida neuronal.

Lo más alarmante de este mecanismo es su carácter silencioso. El Dr. Ayats explica que los cambios biológicos y estructurales en el cerebro comienzan a producirse mientras el individuo continúa desempeñando sus actividades cotidianas y llevando una vida aparentemente normal. Esta fase asintomática significa que el daño cerebral se está gestando en la sombra, mucho antes de que el razonamiento o la memoria se vean comprometidos.

En este escenario, uno de los progresos más significativos de los últimos años se ha centrado en la capacidad de detección temprana. El experto señala que la ciencia ha desarrollado herramientas que permiten identificar la enfermedad en etapas muy prematuras. Gracias al uso de biomarcadores presentes en la sangre y en el líquido cefalorraquídeo, sumado a la implementación de técnicas avanzadas de neuroimagen, hoy es posible detectar cambios biológicos hasta 15 o 20 años antes de que se manifieste el deterioro cognitivo. Esta capacidad de anticipación permite identificar a aquellas personas que presentan un riesgo elevado, incluso cuando todavía no han desarrollado problemas de memoria o dificultades en el razonamiento.

A pesar de estos avances en el diagnóstico, el Dr. Ayats es claro al recordar que, en la actualidad, no se ha encontrado una cura definitiva para el Alzhéimer. No obstante, el médico subraya que el diagnóstico precoz es fundamental y puede marcar diferencias sustanciales en la evolución del paciente. Detectar la enfermedad a tiempo permite intervenir en un momento en que el daño cerebral es aún menor. En estas fases iniciales, es posible aplicar tratamientos sintomáticos y, en casos de pacientes seleccionados, emplear terapias que son capaces de ralentizar moderadamente la progresión de la neurodegeneración.

Más allá de la intervención farmacológica o médica, el especialista hace especial hincapié en la relevancia de los hábitos de vida para la salud cerebral. Según la evidencia científica, existen medidas preventivas y de mantenimiento que contribuyen a preservar la función del cerebro durante más tiempo. Entre estas destacan el control riguroso de los factores de riesgo vascular, la práctica regular de ejercicio físico y la estimulación cognitiva constante. Asimismo, el cuidado de la alimentación, la calidad del sueño y la salud auditiva se presentan como pilares esenciales para mantener un cerebro activo y saludable.

Finalmente, el neurólogo insiste en que el abordaje del Alzhéimer no puede limitarse únicamente al paciente. Dada la naturaleza progresiva y devastadora de la enfermedad, el manejo debe ser obligatoriamente multidisciplinar. Esto implica que el sistema de cuidados debe integrar apoyo psicológico, formación especializada y una planificación asistencial detallada que incluya no solo al enfermo, sino también a su familia. Esta visión integral reconoce que el Alzhéimer afecta a todo el entorno cercano, haciendo indispensable un acompañamiento profesional y humano desde las primeras fases del diagnóstico.

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