El panorama operativo del sector privado en Argentina atraviesa un periodo de creciente exigencia y fragilidad en el frente crediticio. De acuerdo con los datos más recientes proporcionados por el Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (Índice SERF), elaborado por la consultora Fidelitas, el indicador general ha sufrido un retroceso significativo, descendiendo de la categoría de “Señales Mixtas” para situarse ahora en la zona de “Riesgo Elevado”. Esta caída se materializó tras un retroceso de 6,9 puntos durante el mes de agosto, ubicando el índice en un valor de 38,3 puntos.
La situación actual revela un deterioro alarmante en la capacidad de pago de las compañías. Según el informe, la cantidad de empresas que se encuentran en estado de mora registró un incremento del 18,7% en el periodo comprendido entre enero y julio de 2026. En términos concretos, existen actualmente 57.045 empresas operando en situación irregular, una cifra que representa casi el 12% del universo de las aproximadamente 480.000 firmas que permanecen activas en el país. Al analizar la evolución temporal, se observa que la morosidad empresarial ha experimentado un aumento interanual del 56,5%, evidenciando una tendencia sostenida al alza en el incumplimiento de las obligaciones financieras.
Félix El Idd, CEO de Fidelitas, ha señalado que, si bien se han observado procesos de estabilización en ciertas variables macroeconómicas, estos avances aún no han logrado traducirse en una mejora generalizada para el tejido empresarial. La principal vulnerabilidad se localiza en el acceso y la calidad del crédito. El Índice de Riesgo Crediticio descendió hasta los 17,8 puntos, una situación que impacta directamente en la capacidad de las empresas para obtener el financiamiento necesario destinado tanto a sostener las ventas como a ejecutar planes de inversión.
Este escenario adverso tiene un impacto directo y tangible sobre la producción nacional. El relevamiento detalla que el malestar se extiende de manera amplia sobre el sector manufacturero, donde 12 de las 16 divisiones analizadas sufrieron caídas en su desempeño interanual. Los retrocesos más pronunciados se han registrado en los rubros de bienes de capital y bienes durables, sectores que suelen ser indicadores sensibles del estado de la inversión y el consumo interno.
No obstante, el informe identifica algunas excepciones dentro de la crisis. Solo cuatro sectores lograron mantener un crecimiento en la comparación interanual. Destaca la refinación de petróleo con un incremento del 8,1%, seguida por la industria de la madera y el papel con un 7,1%. Por su parte, las metálicas básicas crecieron un 1,6%, mientras que el rubro de otro equipo de transporte registró una suba del 2,6%, impulsado principalmente por el desempeño del mercado de motocicletas.
La acumulación de morosidad, sumada a la proliferación de cheques rechazados, está generando un efecto dominó que golpea severamente la cadena de pagos. El mecanismo es directo: las demoras en el cumplimiento de las obligaciones de una compañía trasladan una liquidez negativa hacia sus proveedores. De este modo, empresas que operaban con normalidad comienzan a experimentar dificultades financieras debido a la falta de cobro, multiplicando el riesgo operativo dentro de un mismo sector industrial.
A estas complicaciones operativas se suma la presión del costo financiero. Durante agosto, se registró una brecha considerable entre la tasa efectiva anual de los préstamos personales, situada en el 88,86%, y la tasa de los depósitos, que se ubicó en el 23,40%. Esta disparidad representa una diferencia de 65,46 puntos porcentuales, lo que encarece drásticamente el financiamiento del capital de trabajo.
Este costo financiero se vuelve crítico cuando una firma enfrenta retrasos en sus cobros, ya que se ve obligada a financiar durante más tiempo el pago de insumos, salarios e impuestos. El informe advierte que, si los márgenes comerciales de la empresa no son suficientes para compensar este costo financiero adicional, incluso un incremento en el volumen de ventas podría terminar deteriorando la caja y la salud financiera de la organización.
Finalmente, el análisis concluye que, a pesar de existir señales positivas como la desaceleración de la inflación —que se ubicó en un 1,7% durante agosto— y el dinamismo observado en el comercio exterior, estos factores resultan insuficientes para contrarrestar la debilidad del mercado interno. Mientras el Índice SERF permanezca en la zona de "Riesgo Elevado", no se anticipan recuperaciones significativas en el corto plazo para el sector empresarial.




