Enrique Atiénzar Rivero, un periodista camagüeyano de 80 años que permanece en pleno ejercicio profesional, ha compartido sus memorias sobre el tiempo que pasó acompañando al Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz. Con más de sesenta años de trayectoria ininterrumpida en el periódico Adelante, el primero fundado por la Revolución, Atiénzar tuvo la responsabilidad de reportar en diez recorridos gubernamentales por la provincia de Camagüey.
El vínculo emocional del reportero con el Comandante en Jefe comenzó mucho antes de su carrera profesional. Atiénzar recuerda que, a los 12 años, quedó deslumbrado al ver a Fidel en su vehículo militar mientras transitaba por la doble vía camino al Aeropuerto Ignacio Agramonte. Aquel instante, marcado por el uniforme verde olivo y la barba característica, despertó en él una emoción que marcaría el inicio de una trayectoria profesional donde volvería a estar muy cerca del líder.
Desde la perspectiva periodística, Atiénzar describe a Fidel Castro como un hombre "todoterreno" e incansable. El reportero relata que, durante las visitas a la llanura agramontina, los periodistas, a pesar de ser más jóvenes, debían realizar un esfuerzo constante para seguir el ritmo del caminar ágil del líder, quien no dejaba pasar ningún detalle y lo preguntaba todo.
El trabajo de cobertura fue, según Atiénzar, uno de los periodos de mayor exigencia en su vida. Las jornadas eran agotadoras, iniciando muy temprano y extendiéndose hasta bien entrada la noche. Esta intensidad obligaba al equipo de prensa a redactar las noticias y revelar las fotografías durante la madrugada, trabajando "en caliente" para cumplir con las estrictas horas de cierre del periódico impreso y garantizar la publicación oportuna de los materiales.
Un aspecto destacado en el relato de Atiénzar fue la relación de Fidel con la prensa. El periodista recuerda que el líder se preocupaba personalmente por el bienestar de los reporteros. Como ejemplo, cita lo ocurrido el 25 de julio de 1989, en el trayecto entre la comunidad de Cuatro Caminos, en Najasa, y Patricio Lumumba, en Sibanicú. Tras notar que los periodistas habían merendado detrás de un edificio, Fidel se aseguró de que recibieran una "merienda reforzada" más tarde, verificando personalmente que la atención brindada al equipo de prensa fuera la adecuada.
A lo largo de su memoria, Atiénzar resalta tres momentos específicos que definen la estatura humana y profesional de Fidel. El primero ocurrió el 13 de enero de 1976 en el central azucarero Panamá, en Vertientes. Por encargo del director de Adelante, Armando Boudet Gómez, el reportero logró cubrir la visita sin tener una acreditación oficial previa, habiendo amanecido en el central para asegurar su presencia. Allí pudo constatar la profunda capacidad de estudio de Fidel, quien manejaba la información sobre la caña de azúcar como un "libro científico", corroborando sus conocimientos con los propios azucareros.
El segundo momento clave fue la visita al Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piña el 10 de diciembre de 1981. En aquel entonces, el enfoque principal era la ejecución de la sala de Terapia Intensiva para enfrentar la epidemia de dengue hemorrágico, introducida en Cuba por un agente contrarrevolucionario al servicio del Gobierno de EE. UU. Atiénzar destaca que la prioridad absoluta de Fidel era salvar la vida de los niños y niñas cubanos, lo que impulsó la edificación de salas similares en todo el país en poco tiempo.
Finalmente, el periodista recuerda la visita a la cantera de Palo Seco, en Guáimaro, el 15 de julio de 1971. En esa ocasión, Fidel se detuvo repentinamente para indagar sobre la ubicación y los materiales de las viviendas de los trabajadores, orientando cambios para mejorar la calidad de las mismas. Atiénzar también recuerda la "mirada penetrante" del líder, que lo dejó inmóvil durante un breve encuentro en el jeep, describiéndola como una vista tan poderosa que resultaba difícil sostenerla por mucho tiempo.
Para el profesor Atiénzar, compartir con Fidel fue un "regalo para la vida" y una clase a cielo abierto. Valora su inteligencia natural, su rechazo a la improvisación y su capacidad de escuchar tanto a los expertos como a las personas más humildes. A pesar de haber recibido de manos de Fidel el libro "La educación en la Revolución" en 1974, lamenta que la fotografía de ese saludo, tomada por Enrique Valiente del periódico Granma, nunca haya sido localizada.
Como legado profesional, Atiénzar conserva la constancia y la ética para encauzar debates y entregarse al trabajo. En el plano personal, define la huella dejada por Fidel como la de un hombre que nunca se rindió.






