El olvido de conversaciones recientes, la repetición constante de una misma pregunta o la dificultad para ejecutar tareas que anteriormente resultaban habituales son, generalmente, las señales que impulsan a una persona o a su núcleo familiar a buscar ayuda profesional. Sin embargo, la medicina actual revela una realidad distinta: cuando se manifiestan los primeros síntomas clínicos de la enfermedad de Alzheimer, es muy probable que el proceso biológico se haya iniciado muchos años atrás.
En el marco de la previa del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora cada 21 de septiembre, se pone de relieve un cambio fundamental en la manera en que la ciencia estudia esta patología. El Alzheimer no comienza con el primer olvido, sino en una etapa invisible donde el individuo continúa trabajando, manteniendo sus vínculos afectivos y desarrollando su vida cotidiana sin dificultades evidentes.
Esta enfermedad es la causa más frecuente de demencia, representando entre el 60% y el 80% de los casos. A nivel global, las demencias afectan actualmente a más de 60 millones de personas, lo que las convierte en una prioridad crítica para la salud pública. Según explica el doctor Guido Dorman, Jefe del Departamento de Neurología Cognitiva de INECO, los cambios biológicos pueden preceder por años a las manifestaciones clínicas, permitiendo que la persona lleve adelante su vida con normalidad durante ese período.
Desde el punto de vista biológico, el Alzheimer es un proceso neurodegenerativo progresivo asociado a alteraciones en las proteínas beta amiloide y tau. Lo sorprendente es que el cerebro posee una capacidad de sostener su funcionamiento a pesar de estos cambios iniciales. Este fenómeno se vincula con la denominada reserva cognitiva, que son los recursos desarrollados a lo largo de la vida mediante la educación, el aprendizaje constante, la actividad laboral, la estimulación cognitiva y la solidez de los vínculos sociales.
En la actualidad, el avance tecnológico ha permitido la implementación de biomarcadores para detectar estos procesos en etapas tempranas. A través de técnicas de imágenes, análisis del líquido cefalorraquídeo y, más recientemente, mediante determinados análisis de sangre, es posible identificar cambios biológicos antes de que aparezcan los síntomas cognitivos. Esta capacidad ha abierto nuevas líneas de investigación y ensayos clínicos que estudian intervenciones en personas que, aunque presentan cambios asociados al Alzheimer, aún no han desarrollado síntomas. No obstante, los especialistas aclaran que esto no implica que toda persona sin síntomas deba realizarse estos estudios, ya que los biomarcadores deben interpretarse siempre dentro de una evaluación clínica integral.
El doctor Dorman señala que, durante mucho tiempo, los tratamientos se estudiaron principalmente cuando la enfermedad ya era clínicamente manifiesta. Hoy, la gran interrogante de la investigación es determinar qué sucede si se interviene antes, cuando los cambios biológicos han comenzado pero la persona sigue siendo funcional.
Es fundamental distinguir los síntomas reales de la enfermedad. Si bien la alteración de la memoria reciente es la manifestación más característica, no es la única. También pueden surgir dificultades para encontrar palabras, problemas de orientación, complicaciones para resolver situaciones cotidianas o cambios notables en el ánimo, la conducta y el carácter. Al respecto, el doctor Ignacio Flores, neurólogo del Centro de la Memoria del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, indica que, aunque la patología no tiene cura y es progresiva, sí tiene tratamiento. Un diagnóstico temprano realizado por profesionales especializados puede ayudar a enlentecer la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida tanto del paciente como de su familia.
Por otro lado, los expertos advierten que un olvido ocasional no es sinónimo de Alzheimer. Factores como el estrés, la falta de sueño, el uso de ciertos medicamentos o problemas emocionales pueden afectar la atención y la memoria. La señal de alerta debe encenderse ante un cambio persistente en el funcionamiento habitual de la persona, especialmente cuando este comienza a interferir con su autonomía.
La edad sigue siendo el principal factor de riesgo. El doctor Santiago O’Neill, Jefe de la Clínica de la Memoria del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, advierte que el aumento de la expectativa de vida plantea un desafío creciente. Se estima que cada tres segundos una persona desarrolla demencia en el mundo, y las proyecciones indican que esta cifra seguirá aumentando, haciendo imperativo fortalecer las estrategias de detección temprana.
Para concienciar sobre esta realidad, INECO y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro realizarán actividades gratuitas el 21 de septiembre. La Fundación Favaloro, junto con Sinapsis Salas de Escape, ofrecerá una experiencia en CABA (Alsina 831) diseñada para recrear los desafíos cotidianos de una persona con Alzheimer en cuanto a memoria, orientación y resolución de problemas. Por su parte, INECO llevará a cabo un encuentro en vivo vía Instagram el 21 de septiembre a las 19 h, donde profesionales responderán preguntas enviadas previamente por familiares, cuidadores y pacientes.






