El mes de octubre se ha consolidado globalmente como un periodo fundamental para recordar la importancia de conversar sobre el cáncer de mama. El enfoque principal suele centrarse en la detección oportuna y en destacar los avances médicos que han permitido que un número creciente de mujeres logren superar esta enfermedad. Sin embargo, surge la necesidad de ampliar la mirada sobre la recuperación, entendiendo que finalizar un tratamiento contra el cáncer no implica necesariamente que todos sus efectos secundarios hayan desaparecido.
En este contexto, cobra especial relevancia la salud cardiovascular. La evidencia actual indica que algunos de los tratamientos utilizados para combatir el cáncer de mama pueden generar efectos adversos sobre el corazón y los vasos sanguíneos. Específicamente, se ha identificado que ciertos tipos de quimioterapia, las terapias dirigidas y la radioterapia pueden elevar el riesgo de desarrollar alteraciones cardiovasculares. Estas complicaciones no siempre son inmediatas; en algunos casos, se manifiestan durante el proceso del tratamiento, mientras que en otros pueden aparecer años después de que la paciente haya concluido su terapia.
Ante esta realidad, la cardio-oncología emerge como un área fundamental de la medicina. El objetivo principal de esta especialidad es garantizar que los tratamientos oncológicos se lleven a cabo de la manera más segura posible. Para lograrlo, la cardio-oncología se enfoca en la identificación previa de los factores de riesgo cardiovascular de cada paciente, la vigilancia constante de la función cardíaca durante las diversas etapas de la terapia y el mantenimiento de un seguimiento riguroso cuando sea necesario.
De hecho, las guías internacionales de cardio-oncología son claras al respecto y recomiendan una evaluación cardiovascular integral que acompañe al paciente en tres etapas críticas: antes, durante y después del tratamiento. Este enfoque preventivo y de monitoreo busca mitigar los daños potenciales y asegurar que el éxito en la lucha contra el cáncer no se vea comprometido por complicaciones cardíacas evitables.
Además del seguimiento clínico, existe una oportunidad crucial en la prevención primaria. Es fundamental reconocer que los factores de riesgo cardiovascular, tales como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo y el sedentarismo, no desaparecen cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer. Por el contrario, la identificación y el tratamiento oportuno de estas condiciones se vuelven especialmente relevantes en el contexto de un paciente oncológico.
La buena noticia es que la medicina actual dispone de herramientas avanzadas para anticiparse a estas complicaciones. Una evaluación cardiovascular inicial, sumada a controles periódicos durante el tratamiento y un seguimiento posterior, permite detectar cambios en el organismo de manera precoz. Esto facilita la toma de decisiones informadas y coordinadas junto al equipo médico tratante. En este sentido, la colaboración interdisciplinaria entre oncólogos, cardiólogos y otros profesionales de la salud se ha vuelto cada vez más importante para el bienestar integral de la paciente.
Paralelamente a estos avances en salud, en la zona de Concón se ha desarrollado un programa de reciclaje orgánico que cuenta con el financiamiento de Enap y la participación activa de establecimientos hoteleros y gastronómicos, buscando fomentar la sostenibilidad local. Estas acciones ambientales se complementan con jornadas territoriales en la bahía de Quintero y Puchuncaví, donde equipos especializados intervinieron los sectores adyacentes a la planta y al emisario, logrando retirar más de una tonelada de residuos.
Estas iniciativas de salud y medio ambiente se enmarcan en una reflexión más amplia sobre la gestión y la sostenibilidad. Contribuciones de académicos como Patricio Torres Luque, investigador del Departamento de Gestión Organizacional de la UTEM, Matías del Sol Stuven, cofundador de TOL y POCK, y Cristián Astete, gerente de Marketing y Sostenibilidad de Reale Seguros, subrayan la importancia de pensar mejor antes de desechar residuos y de abordar la responsabilidad colectiva de envejecer con dignidad.





