El Banco Central de Bolivia (BCB) ha presentado los resultados del primer semestre de 2026 a través de su Informe de Estabilidad Financiera, publicado en septiembre. El documento, que se sustenta en datos proporcionados por la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), revela un panorama complejo donde una cifra de morosidad aparentemente controlada convive con vulnerabilidades estructurales que persisten desde la crisis sanitaria global.
De acuerdo con el ente emisor, el sistema financiero cerró el primer semestre de 2026 con un índice de morosidad del 2,9%. Si bien el BCB califica este porcentaje como una señal de "calidad de cartera contenida", el mismo informe advierte que este dato oculta una fragilidad latente: el 12,2% de la cartera total del sistema se encuentra actualmente reprogramada. Esta cifra es especialmente preocupante para las autoridades financieras, ya que se sitúa por encima de los niveles registrados antes de la pandemia.
La reprogramación de créditos es un mecanismo mediante el cual las entidades bancarias modifican los plazos o las condiciones originales de un préstamo para aquellos clientes que han perdido la capacidad de cumplir con los pagos en los términos acordados. Aunque técnicamente no se contabiliza como mora inmediata, el BCB subraya que representa el reflejo de riesgos que aún no se han materializado como impagos, pero que tampoco han sido resueltos definitivamente. Debido a esto, la reprogramación es considerada uno de los "principales factores a monitorear" para garantizar la estabilidad financiera en los próximos meses.
El informe detalla que el impacto de la morosidad no ha sido uniforme, evidenciando una brecha significativa según el tamaño de la empresa. Mientras que la cartera destinada a grandes empresas empresariales mostró una solidez notable con un índice de mora de solo 1,4%, la situación es muy distinta para las pequeñas y medianas empresas (PYME). En este segmento, el índice de morosidad alcanzó el 4,9%, una cifra que es más de tres veces superior a la de las grandes corporaciones. El BCB atribuye esta disparidad a la menor capacidad de las empresas de menor escala para absorber el incremento de los costos operativos y la reducción de sus ingresos en un contexto de debilitamiento de la actividad económica.
Este patrón de desigualdad también se manifiesta al analizar la mora por actividad económica. Los sectores más castigados al cierre de junio fueron los de restaurantes y hoteles, con una morosidad del 4,6%, seguidos por el sector comercio con un 3,7% y el transporte con un 3,4%. El informe vincula directamente este deterioro en la capacidad de pago con las dificultades derivadas de los conflictos sociales y las restricciones en el abastecimiento de combustibles ocurridas durante los meses de mayo y junio.
En contraste, las actividades extractivas, que comprenden la minería y los hidrocarburos, presentaron la mejor calidad de cartera de todo el sistema, registrando un índice de morosidad de apenas 0,9%. Este dato confirma que los rubros menos expuestos a las disrupciones logísticas y los bloqueos sociales han logrado mantener su estabilidad financiera, mientras que el comercio minorista, la hotelería y el transporte han sido los más vulnerables.
Ante este escenario de crisis social, el Gobierno implementó el Decreto Supremo 5630 el 8 de junio de 2026. Esta normativa habilitó el refinanciamiento o la reprogramación de créditos para aquellos prestatarios cuya capacidad de pago se haya visto afectada por eventos adversos ajenos a su actividad económica, tales como bloqueos o conflictos sociales.
Finalmente, el BCB señaló que, aunque la trayectoria de la cartera reprogramada ha sido descendente desde el pico alcanzado en 2022, su comportamiento futuro seguirá dependiendo estrechamente de la evolución de la actividad económica y la capacidad real de pago de los prestatarios. Además de la reprogramación, el ente emisor mantiene bajo vigilancia otros factores críticos para la estabilidad del sistema, específicamente el costo del fondeo y los efectos derivados de la transición cambiaria.






