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La lucha por la autonomía de Santiago del Estero: el camino sangriento hacia la libertad provincial

En esta quinta entrega, analizaremos cómo la formación del país estuvo atravesada por disputas entre poderes centrales, provincias y proyectos políticos enfrentados. Las rebeliones de Juan Francisco Borges y su fusilamiento en 1817 reflejan el clima sangriento que marcó el camino hacia la autonomía de Santiago del Estero.

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La lucha por la autonomía de Santiago del Estero: el camino sangriento hacia la libertad provincial

La comprensión de la historia argentina ha transitado por diversas interpretaciones. Durante mucho tiempo, la historiografía liberal, desde finales del siglo XIX, planteó que el año 1820 dio inicio a un período de anarquía que se extendería hasta la sanción de la Constitución Nacional el 1 de mayo de 1853, aunque la organización definitiva del país se consolidó recién en la batalla de Pavón, el 17 de septiembre de 1861. Este relato fue cuestionado a partir de la década de 1920 por el revisionismo, que integró a los caudillos federales y unitarios, así como las experiencias provinciales, como pilares fundamentales en la formación de la nación.

El concepto de anarquía se sustentaba en la ausencia de un gobierno nacional con poder sobre todo el territorio durante más de cuarenta años, comenzando desde la primera batalla de Cepeda. La única excepción fue el año y medio de la presidencia de Bernardino Rivadavia, marcada por el conflicto exterior contra el Imperio del Brasil entre 1825 y 1828. Ante esto, un análisis más sólido permite dividir el devenir político en etapas: los gobiernos revolucionarios (1810-1820), la formación de las provincias (1814-1834), la presidencia de Rivadavia (1826-1827), la federación imperfecta y guerras civiles (1828-1852), el acuerdo constitucional de 1853 y la secesión de Buenos Aires (1852-1861).

En este contexto de formación provincial, destaca el proceso de Santiago del Estero. El 8 de octubre de 1814, el director supremo Gervasio de Posadas dividió la Intendencia de Salta del Tucumán en dos provincias: Salta, consolidada bajo el general Martín Miguel de Güemes, y Tucumán, marcada por un período tumultuoso donde resaltó la figura del gobernador Bernabé Aráoz. Tucumán había sido escenario de hechos clave, como la victoria de Manuel Belgrano contra el ejército del Perú en 1812 y la realización del Congreso General Constituyente en 1816, aunque esto no detuvo las tensiones internas ni los impulsos autonomistas.

Santiago del Estero, conocida como la “madre de ciudades”, había sufrido un declive económico y político desde finales del siglo XVII. Este proceso acentuó el deseo de autonomía, especialmente tras la creación de la provincia de Tucumán en 1814. La tensión escaló en enero de 1815 cuando Pedro Domingo Isnardi asumió como teniente de gobernador, pero fue destituido por Aráoz, quien nombró en su lugar a Antonio Taboada como delegado personal. La reacción santiagueña fue inmediata; el cabildo abierto rechazó a Taboada y solicitó al director supremo Ignacio Álvarez Thomas la autonomía de la ciudad y la reposición de Isnardi, denunciando vejaciones y despotismos.

Ante la falta de apoyo del Directorio, Aráoz consolidó el poder de la familia Taboada. Sin embargo, el 4 de septiembre de 1815, el coronel Juan Francisco Borges lideró una rebelión militar, exigiendo la renuncia de Taboada y proclamando a Santiago del Estero como “Pueblo Libre”. Aunque Borges fue capturado poco después y enviado herido a Tucumán, logró escapar y regresar a su tierra a mediados de 1816.

El conflicto se intensificó cuando el general Belgrano, simpatizante de Aráoz, propuso al Congreso el nombramiento del sargento Gabino Ibáñez para gobernar Santiago. Ibáñez impuso su autoridad ignorando a los locales, lo que provocó una nueva rebelión encabezada por Borges el 10 de diciembre de 1816. Para reprimir el levantamiento, Belgrano envió a Gregorio Aráoz de Lamadrid con órdenes estrictas de pasar por las armas a los sublevados.

El desenlace ocurrió el 26 de diciembre en el paraje de Pitambalá, donde Borges fue derrotado por los húsares de Lamadrid a pesar de su superioridad numérica. Tras un intento de huida hacia Salta, Borges fue capturado en Guaypé y recluido en un convento dominico. Fue fusilado a las nueve de la mañana del 1 de enero de 1817. Curiosamente, mientras se ejecutaba a Borges, el Congreso General sesionaba en la casa histórica de Tucumán, recibiendo los informes de Belgrano sobre el triunfo de la “legión restablecedora del orden”.

La brutalidad de estos hechos se explica por el clima de guerra contra el Imperio español y la Liga de los Pueblos Libres de José G. de Artigas. El temor de Tucumán y Buenos Aires a que Santiago del Estero se uniera a Artigas marcó la severidad del castigo. La gesta de Borges, descrita por Ricardo Levene como una lucha por un federalismo comunal, terminó reflejando el doloroso proceso de construcción de la Argentina, donde la fraternidad fundacional fue frecuentemente reemplazada por la discordia y la violencia.

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