El Ministerio de Ciencia ha generado una fuerte controversia en el ámbito académico y científico tras anunciar la suspensión de las convocatorias 2026 de Becas Chile para magíster y posdoctorado en el extranjero. A esta medida se suma la publicación de las bases para el Fondecyt 2027, las cuales restringen la investigación libre para priorizar diez áreas consideradas "estratégicas" por el Gobierno. En la práctica, esta decisión excluye a las ciencias sociales, las humanidades y cualquier línea de investigación que no prometa la creación de una patente o una startup en el corto plazo.
El presidente Kast justificó estas medidas cuestionando el financiamiento de proyectos que no generen empleos inmediatos. El mandatario fue elocuente al señalar: «A veces 100 millones, 500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca. ¿Cuántos trabajos generó? Ninguno». Esta visión de la ciencia como un producto de retorno inmediato ha sido calificada como "miopía" en materia de política pública por especialistas del área.
Gonzalo Quintana Zunino, psicólogo, doctor en Neurociencia de la Conducta Sexual y profesor de la Universidad de Chile, ha respondido a estos argumentos utilizando la historia de la farmacología para ilustrar la importancia de la ciencia básica. El autor pone como ejemplo el caso del sildenafil, conocido comercialmente como Viagra. Este fármaco no nació de una búsqueda comercial, sino de las investigaciones iniciadas en 1977 por el farmacólogo Robert Furchgott sobre cómo el endotelio vascular regula el tono muscular liso.
Durante once años, Furchgott y sus colegas trabajaron en ciencia básica pura, sin hipótesis comerciales ni startups en el horizonte. Fue gracias a la caracterización del óxido nítrico como molécula señalizadora cardiovascular —hallazgo que les valió el Nobel de Fisiología en 1998— que se pudo desarrollar el sildenafil. El fármaco funciona inhibiendo la fosfodiesterasa tipo 5 para amplificar la señal del óxido nítrico, permitiendo la erección. Según Quintana Zunino, hubo trece años de investigación básica sin retorno inmediato antes de llegar a un producto que hoy es tan estructural en Chile que el sildenafil genérico forma parte de la canasta que el INE utiliza para medir la inflación.
El especialista sostiene que el éxito de tales avances depende de la convergencia de múltiples capas de conocimiento. En el caso del sildenafil, la neurociencia explica su funcionamiento bajo estrés y la psicología clínica mide su impacto en el bienestar. Sin la ciencia básica, la neurociencia y las ciencias sociales, el resultado no sería un fármaco, sino únicamente un libro empastado en la biblioteca de una empresa farmacéutica.
Otro ejemplo citado es el de la flibanserina, una molécula desarrollada en 1995 para tratar la depresión. Aunque fracasó en su objetivo original, la ciencia básica previa sobre serotonina y dopamina permitió descubrir que aumentaba los eventos sexualmente satisfactorios en mujeres con bajo deseo sexual. Tras veinte años de investigación y dos rechazos de la FDA, fue aprobada en 2015.
La importancia de la investigación libre también se refleja en el conocimiento anatómico. Quintana Zunino recuerda que hasta 1998 se desconocía la anatomía completa del clítoris. Fue la uróloga Helen O’Connell quien describió que se trata de una estructura interna de entre nueve y once centímetros, y no solo un punto externo. El autor destaca que, mientras la farmacología masculina generó miles de millones de dólares, el conocimiento sobre el placer femenino ha tardado tres décadas en intentar entrar en los libros de medicina, una brecha que las ciencias sociales ayudan a documentar y combatir.
En términos macroeconómicos, la situación de Chile es preocupante. El país invierte menos del 0,4% de su PIB en I+D, cifra muy distante del promedio de la OCDE, que es del 2,7%, o de países como Corea del Sur (casi 5%) e Israel (más del 6%). Asimismo, solo el 0,17% de la población chilena posee un doctorado, frente al 1,16% del promedio OCDE. El autor advierte que el capital humano avanzado tiende a emigrar cuando se recortan los fondos, citando el caso de Argentina y los recortes al CONICET bajo la gestión de Milei.
Para revertir esta situación, se proponen cuatro medidas concretas: mantener el Fondecyt como un instrumento de investigación libre y crear fondos adicionales para áreas estratégicas; implementar un seguimiento longitudinal de las becas actuales antes de suspender nuevas adjudicaciones; establecer metas de inversión en I+D en la Ley de Presupuesto con compromisos plurianuales; e incorporar las ciencias sociales en la estrategia de innovación, argumentando que la seguridad, la sostenibilidad y la productividad son fenómenos humanos antes que tecnológicos.





