Christian Hess Araya, abogado e informático con trayectoria como letrado de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y Juez del Tribunal Contencioso Administrativo, ha emitido una contundente advertencia sobre la postura de neutralidad frente a lo que define como una crisis moral actual: el ascenso del autoritarismo. A través de un análisis reflexivo, Hess Araya sostiene que mantenerse al margen en momentos donde es moralmente imperativo tomar partido no constituye una postura neutral, sino que representa una manifestación de pusilanimidad o cobardía.
Para fundamentar su tesis, el autor retoma una reflexión publicada anteriormente basada en las sentencias atribuidas a Dante Alighieri. Según Hess Araya, los confines más oscuros del infierno estarían reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral. Esta crítica se dirige específicamente a las personas que, en lugar de proceder de acuerdo con sus convicciones y con lo que la situación exige, optan por la vía fácil de la inacción, abjurando del deber de elegir bando por temor o conveniencia personal.
El análisis se profundiza al definir el autoritarismo, describiéndolo como una modalidad del ejercicio de la autoridad que impone la voluntad de quien ostenta el poder en ausencia de un consenso construido de forma participativa. Este fenómeno, según el texto, origina un orden social opresivo, carente de autonomía y libertad. El autor destaca que este sistema se caracteriza por la concentración del poder en una sola persona o en un grupo reducido, limitando la participación ciudadana y debilitando los controles institucionales, o bien, buscando desacreditar y eliminar organismos fundamentales como la Contraloría, la Sala Constitucional y la prensa independiente.
Uno de los puntos más críticos del planteamiento de Hess Araya es la naturaleza insidiosa del autoritarismo. El autor argumenta que este fenómeno no llega de forma súbita, sino que crece lenta y sigilosamente, sin advertir que viene a destruir la democracia. Para ilustrar este peligro, el abogado recuerda una exposición que visitó en Madrid sobre el ascenso del nazismo en Alemania. Al reflexionar sobre cómo un pueblo con una vasta cultura e historia pudo caer bajo el mando de Hitler y sus secuaces, concluyó que esto ocurrió gradualmente, impulsado por el desinterés o la incapacidad de los sectores democráticos para reaccionar a tiempo ante las políticas que se adoptaban.
En este sentido, la inacción se presenta como el factor que permitió a los regímenes totalitarios pasar de las bravuconadas a los hechos, culminando en crímenes contra la humanidad. Hess Araya cita las palabras del teólogo luterano Martin Niemöller para ejemplificar cómo la indiferencia frente a la persecución ajena termina por debilitar a toda la sociedad. El relato de Niemöller describe la secuencia de persecuciones contra comunistas, socialistas, sindicalistas y judíos, advirtiendo que, cuando finalmente el silencio es impuesto sobre el individuo, ya no queda nadie capaz de hablar por quien es perseguido.
El autor vincula estas lecciones históricas con la realidad contemporánea de Costa Rica. Señala que no es casualidad que quienes hoy acogen y proclaman tendencias autoritarias utilicen la etiqueta de "comunista" para descalificar a quienes se oponen a sus visiones. Esta estrategia, según Hess Araya, es idéntica a la empleada en el pasado por los nazis, quienes seleccionaban chivos expiatorios para manipular a masas indiferentes y acríticas.
Ante este escenario, el abogado hace un llamado urgente a la ciudadanía costarricense para alzar la voz y rechazar la neutralidad. Advierte que el desinterés podría llevar a la pérdida de un legado histórico que costó mucho construir y comprometer el futuro de las próximas generaciones.
Finalmente, Hess Araya identifica un elemento positivo en las manifestaciones ciudadanas ocurridas el pasado jueves 6 de agosto. Define estas protestas pacíficas como el ejercicio opuesto al autoritarismo, ya que representan a personas que expresan sus convicciones dentro de las reglas democráticas. Para el autor, este movimiento demuestra que son muchos los que han decidido dejar de callar, situándose así del lado de la historia.





